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brihuega

Brihuega, entre líneas y plantas

tras los cipreses negros

Análisis de una novela de Ángel Taravillo Alonso que discurre or Brihuega en la primera mitad del siglo XIX.

San Antón y su tradición eremítica

san anton en brihuega

Una charla sobre la historia [legendaria] de San Antón, en Brihuega, con motivo de la festividad del santo anacoreta, da pie para una revisión de las cuevas eremíticas en el área del Henares y Tajuña, así como de toda la provincia, a propósito de un nuevo libro que las explica.

Brihuega, roca del Tajuña

En los pasados días hemos girado, junto a la Asociación de Amigos de la Biblioteca de Guadalajara, una detallada visita a Brihuega, de la mano de ese gran guía de monumentos que es Manuel Granado. Y hemos podido admirar la secuencia patrimonial de Brihuega, en la que se han abierto, anchas y diáfanas, nuevas puertas, especialmente en el Castillo de la Roca Bermeja. Desde el parque de María Cristina, donde paran los buses, hasta el Castillo de los Obispos, Brihuega va mostrando al viajero todos sus humildes y densos rincones, en los que palpita la historia. Cuando llegamos al castillo al que llaman de la Roca Bermeja, porque asienta sobre un alto roquedal de tonos férreos, nos deslumbra la grandiosidad del entorno. Y a los que ya hemos ido muchas veces, nos vuelve a sorprender lo cuidado que está, y las mejoras en su conservación y restauración que ha recibido en los últimos tiempos. De tal modo que ahora son espacios nuevos los que se pueden admirar. Desde la capilla gótica de los obispos, a las caballerizas castilleras. A la fortaleza medieval de la villa alcarreña de Bri­huega llaman el castillo de la Roca Bermeja, porque tiene su basamenta sobre un roquedal de tono rojizo, muy erosionado y socavado de pequeñas grutas y anfractuosidades que acentúan su carácter legendario, en el que se sitúa la tradición piadosa de la aparición de la Virgen de la Peña, patrona de la villa, que toma su nombre de ese mismo roquedal, siendo una más de las advocaciones marianas españolas en las que lo castrense y lo religioso se entremezclan. Algo de historia Por centrar la historia del edificio, cabe recordar primeramente la presencia de un castro ibérico en su entorno. Ello se ha demostrado por el hallazgo de restos cerámicos de la época celtíbera, contando además con la presencia de restos romanos y monedas visigo­das encontradas en la vega del río y en las laderas del monte en que asienta la villa. Además está inequívocamente probado que los árabes tuvieron en este enclave un castillete o torreón defensivo, que en la época del reino taifa de Toledo, especialmente ya en sus últimos años, se amplió y llenó de comodidades, de tal modo que sirvió para que en él pasaran algunas temporadas el rey Almamún, y su hija la princesa Elima, más el rey de Castilla Alfonso vi cuando todavía no era sino aspirante […]

Brihuega: un ejemplo de recuperación del patrimonio

Desde el año 2019, se vienen sucediendo en Brihuega la presentación y apertura al público de algunos espacios patrimoniales que se habían mantenido cerrados, cuando no en estado de semirruina y abandono. Todo ello se enmarca en la acción planificada por el actual ayuntamiento para recuperar esta villa alcarreña en una vertiente de turismo activo y moderno, en el que se compagina el deseo del viaje y la gastronomía, con la admiración de las huellas del pasado. Así hemos visto cómo, en el plazo de pocos meses, se han abierto las salas principales del Castillo de la Peña Bermeja, su capilla gótica, recientemente la “Sala de Caballerizas” del castillo, ubicada en el subsuelo del gran torreón, y el Museo de Historia de la Villa. Ello sin contar las acciones continuas, jalonadas de sus respectivas presentaciones e inauguraciones, de la Fábrica de Paños, que ya propiedad del Municipio, se está recuperando paulatinamente, con vistas a integrarse en una futura red de Paradores Regionales. Todos estos monumentos, y la historia que los fue generando, reciben un tratamiento meticuloso y adecuado en el libro “Brihuega, la roca del Tajuña” escrito por Antonio Herrera Casado. Este libro, fruto de muy minuciosas investigaciones, escrito con la limpieza y objetividad del Cronista Provincial, ofrece secuencialmente informaciones sobre la geografía, la historia, el patrimonio, el costumbrismo, los personajes, y la actualidad social y cultural de la villa. Ilustrado generosamente, a color y blanco/negro, con imágenes actuales, y estampas o dibujos antiguos. Se constituye, por tanto, en la referencia obligada para saber de este lugar: que tiene una gran potencialidad en el aspecto turístico (estos días lo está demostrando con su presencia individualizada en FITUR ’20) y para recibir el aplauso de quienes creemos que la pervivencia del patrimonio bien usado, y de las costumbres bien administradas, son capaces de mantener vivas las raíces de una población, lo que sin duda redunda en la mejora de la calidad de vida de sus habitantes. Para saber algo más de Brihuega, conviene por tanto leer este libro, (y no solo leerlo, sino utilizarlo como guía de mano) además de saber de otras cuestiones de actualidad y permanente vigencia. Por ejemplo, de su “Sala de Caballerizas”, de su Conjunto Histórico, de sus Jornadas de Estudios Briocenses, de su Arco de Cozagón, y de sus fiestas, incluido el Festival de la Lavanda.

Bernardo de Brihuega, cronista real

Hace muchos siglos, en el remoto XIII de nuestra era, existió un clérigo al que llamaban (sencillo apelativo, señal de que era muy conocido) Bernardo de Brihuega. Este hombre llegó (desde no se sabe dónde, pero muy probablemente desde el burgo alcarreño del que tomó nombre) a la Corte de los monarcas castellanos, que como todo el mundo sabe era itinerante: hoy acá en Ciudad Rodrigo, mañana en Salamanca, después en Arévalo, y así. De lo que hizo, de cómo fue, de lo que escribió y de lo que pensaba este señor, ha quedado poca huella. Pero aún puede darse por contento de que ha quedado algo más de lo que dejó la media de los castellanos en aquel siglo. Que es como decir nada de nada. De Bernardo de Brihuega ha quedado memoria de que escribió una Crónica del Reino. Algo importante, sin duda. Algo que supone su relevancia, cuando vivió, y su proyección en los siglos futuros. Aunque, como ha solido ocurrir en nuestro país, de su obra solo haya quedado el recuerdo (nebuloso, encima) pero ni una letra coherente. Aparte del título. El hallazgo En 1887, un austriaco que andaba indagando bibliotecas por España (Rodolfo Beer), encontró un manuscrito firmado por nuestro paisano, Bernardo de Brihuega, al cual por no encontrar el título dijo tratarse de un compendio titulado “Los cinco libros que compiló Bernardo de Brihuega por orden del Rey don Alfonso el Sabio”, pero que en realidad contenía un acopio de revueltas memorias dedicadas a glosar vidas de santos y mártires. Resultó que ese manuscrito ya estaba recogido por un bibliófilo español, don Nicolás Antonio, quien en su “Bibliotheca vetus” nos dice que en la Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial andaba depositado el “Flores (id est Vitae) Sanctorum Christi Martyrum & Confessorum Hispanice, in Bibliotheca Escuarelensi Lit. F. Plut. I n. 1 atque ítem in Regia Matritensi”, y también en la Biblioteca Real de Madrid. Esta obra, que no era sino una aportación a la gran Crónica de España en la que estaban trabajando varios miembros del gabinete real, aportaba relación de los personajes que en el mundo de la religión, el martirio y la santidad habían existido en España en siglos pasados. Beer hace relación breve del contenido de la obra de Bernardo de Brihuega, y encuentra que la esencia de su Tratado está en la referencia de múltiples […]