Una novela taurina que escribió a principios de este siglo Salvador Toquero Cortés, que se lee fácil y con agrado, que gusta y hasta entusiasma. Como suele pasar con las buenas novelas, a uno le gustaría que durara más, que siguiera la aventura de ese personaje, David Granados, tan bien retratado por el escritor horchano.
Hay dos cosas en este libro, que fue editado por los hijos del autor con el patrocinio del Ayuntamiento de Guadalajara, en 2009, a resaltar. Una es la entretenida aventura taurófila que en él se narra, y que viene a ser una historia narrada en el viejo estilo de las “vidas paralelas”, aunque en este caso son las de un joven alcarreño que quiere ser torero, y un toro (“Guerrillero”) que obviamente no sabe qué quiere ser, pero tiene claro que lo que le gusta es pastar tranquilo en la dehesa y jugar con el grupo al que pertenece.
La otra cosa que sorprende en este libro es lo bien que escribía Salvador Toquero. Con estudios de profesorado, metido al mundo de la comunicación, refundó el “Flores y Abejas” de Guadalajara en 1957, y fundó “El Decano de Guadalajara” que fue luego sucedido por sus sucesores. Toquero hace gala en este libro de un lenguaje claro, rotundo, periodístico, poético y directo. Quien lea este libro va a disfrutar mucho, aunque por poco tiempo, porque se acaba pronto. Ojalá nos hubiera dejado Toquero más cosas de este estilo Se hubiera consagrado enseguida como uno de los grandes escritores de nuestra tierra alcarreña. Con las páginas de “La luz de una herida” queda patente su valí, y entra de pleno derecho en la galería de los escritores nuestros.
