Jesús Orea Sánchez
El país de la palabra
Ediciones Valparaíso
Granada, 2026
Tenemos dos anclajes fundamentales: la tierra en la que hemos nacido y seguimos usando de la vida; y la palabra que hemos escuchado (y leído) y con la que decimos…
Orea escribe prosa poética, cuajada de contradicciones, en la búsqueda permanente de la verdad a través de la oscuridad, del engaño y las ausencias. De la nada primigenia, elabora una filosofía que tamiza con su experiencia, con su mirada sobre las cosas, con su artesanía de palabras y significados. Ha pasado por todas las creencias, y las ha sublimado; ha leído todos los libros, y los ha resumido en dos palabras; ha leído y charlado con todos los autores, y a cada uno le ha cogido la frase justa, con la que él construye un mundo propio y comprensible, convirtiendo el universo en un lugar donde se siente cómodo. Busca en la palabra su zona de confort (como se dice ahora) y de refugio del caos que le rodea.
Este país de la palabra nos habla de patrias y de escrituras. En el índice del libro (¿lo necesita un poemario?) se pone nombre a las etapas del camino. La cubierta (un hallazgo genial de Nora Marco) nos muestra el plano por donde Orea recorre su ciclo vital, desvelando el país de la palabra en la que vive y a la que se encarama: “De partida”, “De camino”, “Primera parada”, “Segunda parada”, y “De arribada”. El todo es un mensaje que habla de lugares, de planos, de rutas que empiezan y acaban, de objetivos… y como alimento del procedimiento, los poemas.
No usa Orea la rima ni el verso medido. Él deja que la palabra / las palabras formen frases que vuelen a su ritmo. Que tengan –sobre todo– un mensaje claro, un mensaje que pueda resumirse y asumirse: que Miss Serendipia pueda ser descubierta e interpretada, y que los bostezos de un paisaje le permitan homenajear en el recuerdo a Antonio Hernández y a otros cientos de referentes que para este libro son como los ladrillos que le sirven de muros alzados: los cimientos están más hondos, están en su corazón medido y en su cotidiana búsqueda de un sentido.
Pero no cabe hacer literatura a costa de la de los otros: este “El País de la Palabra” de Jesús Orea es un libro que, en todo caso, hay que leer, releer, y madurar. Y acabar por comprender (supongo que yo lo lograré más adelante, porque soy algo lento) que en esas diminutas partículas de vida que son las letras está la esencia de todo el ser individual, y colectivo. Un cañamazo simple con el que poder construir complejas estructuras. Y él lo consigue.
