Me ha gustado mucho esta aportación que hace Miguel Sobrino al ensayo patrimonial. Hablando de arte, y con conocimiento de causa. El autor es cantero, es escultor, sabe de arquitectura, de literatura, de música… es un humanista de las que ya no quedan. Y reflexiona sobre temas y ciudades, sobre autores y edificios: con un idioma claro y contundente, dejando las cosas muy claras.
Este libro trata de la percepción, algo que no atañe solo a la vista: las obras de arte y los edificios poseen cualidades táctiles, que influyen, hasta de forma inconsciente, en las sensaciones que nos producen. También es un «elogio de la lentitud» aplicado a las artes y a la arquitectura, una defensa del ritmo pausado que se precisa tanto para crear algo como para contemplarlo y comprenderlo.
Las artes y los oficios conllevan experiencias que nos conforman como humanos. Sus frutos pinturas, esculturas, edificios, novelas, cómics, películas poseen valor por ser el resultado, necesariamente imperfecto y en gran parte imprevisible, de la lucha de determinados seres humanos en incruentos campos de batalla, sembrados de estímulos y de limitaciones.
Las artes y la arquitectura tienen un mensaje, que si no está muy claro tiene que haber alguien que lo desvele. Y ese es el cometido de Miguel Sobrino en este Leer a mano que a mí me ha entusiasmado. Feliz de contar con una “dedicatoria dibujada” hecha con paciencia por el autor. Y feliz da haber contado con él en el curso “El Autor de su Obra” del Curso 2025/26 de la Asociación de Amigos de la Biblioteca. Durante una hora nos hizo aumentar en conocimientos y entusiasmo. Y este libro es un prodigioso coda a aquella charla.