Mil Yenes

Otro libro que me trago de un tirón. Este autor (Rufino Sanz Peinado) engancha como pocos. Sabe contar cosas, encadenar sucesos, hilar pensamientos y conclusiones. Sorprende en cada página y acelera las ganas de entrar en su mundo, que es nacido de la oscuridad de la “Sierra Negra” guadalajareña, y se atreve a subir a cotas muy altas, trepando con trabajo y determinación.

Después de leer su “Cuando Dios gobierna de lejos” uno piensa que es difçicil que pueda dar más. En este de “Mil Yenes” no da más, pero sí diferente. En todo caso, engancha. Me atengo a lo que él me dice, hace un rato, sobre este libro. Lo copio porque creo que nace del sentimiento personal y autentico del autor: “No creo que «Mil yenes» sea una novela; no hay trama alguna, sólo se cuenta un episodio algo llamativo pero intrascendente y no sigue, en lo sustancial, un hilo argumental reconocible. No es tampoco un ensayo, al menos no uno al uso. A no ser, claro, que lo entendamos en su significado de experimento. No es, desde luego, un libro de viajes al uso, pues el viaje a japón se convierte casi en una excusa. Cierto es, no obstante, que me viene bien hurgar un poco en esa sociedad siempre a 5 minutos de una nueva esquizofrenia colectiva. Estoy seguro, segurísimo, de que Japón dispone ya de armamento atómico o podría conseguirlo en 3 meses desde cuándo quiera”.

Sigue explicando lo que ve en Japón, que es apenas un restaurante/templo/parque de atracciones/campo de concentración, y cuenta la anécdota de la vestimenta que hubo de usar para entrar en él. Y alguna apreciación más. Y sigue: “¿Qué es este libro, que  escribí, como mucho, en unas 40 horas, casi de tirón y sin consultar fuentes ajenas a la memoria?  1º En primer lugar, es un experimento. 2º En segundo lugar, puede que sea un plagio. No técnicamente, porque no doy como mías ideas o escritos ajenos, y no he copiado más que de mi memoria, pero sé muy bien lo que me ha influido un libro magistral que escribió Erasmo Desiderio de Rotterdam en una semana y luego corrigió en Inglaterra junto a su amigo Thomás Moro. Dicen que Inglaterra curó a Erasmo de la Edad Media europea”. Creo que “Mil Yenes” es un libro de poco volumen, pero con un mensaje enorme y, sobre todo, entretenido y –al final, pero no lo último– muy bien escrito. El autor dice para terminar:  “Hay más en ese librito. No es gran cosa, pero fijo posición, la mía, sobre temas polémicos. Por eso, además de un ensayo (cómo sinónimo de experimento, entiéndase bien), tal vez sí es un libro de viajes. Pero no a Japón, que también, sino, sobre todo, al corazón de mis tinieblas. Las del niño que a veces se avergonzó por las condiciones de su casa, de su aldea; las del joven que se rebeló contra todo y contra todos; las del político que fracasó aunque hiciera más cosas demostrables que la mayoría;  las del técnico-jurídico que en absoluto, que se siente reconocido por el Destino, ese al que sigues o te arrastra (Séneca, Heráclito)”.  Un libro que hay que leer. 

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