Un libro de Naturaleza, que hace evocar árboles y momentos. Un estudio previo sobre los olmos y su biología, y sus modos y significados en Guadalajara. Sin olvidar la gran olma de la plaza de Bejanque de Guadalajara, a la que cantara su cronista Suarez de Puga, muchos enormes árboles de la especia ulmus minor recuerdan los autores en este libro. Con fotografías, con descripciones de sus vecinos, con la mención que en sus crónicas hacía José Serrano Belinchón en las páginas de la Nueva Alcarria al escribir sus fantásticos reportajes de “Plaza Mayor”. Por ejemplo, el de la plaza de España en Atienza, junto al que pasaron tantas veces los hermanos cofrades de La Caballada; el buen olmo de la plaza de Chillarón del Rey, de quien sabemos hasta cómo se llamaba el aldeano que lo plantó: era Benito Poveda, y debió hacerlo a comienzos del siglo XIX; en Taravilla hubo una enorme olma que atascaba el paso delante de la iglesia. Una foto le hice que me ha servido para crear ahora esta especie de sello virtual que acompaña estas líneas. Y quizás el más añorado, por lo que significaba, fue el “Olmo del Portalejo” en Valverde de los Arroyos, puesto delante de la puerta de la iglesia, donde se juntaba la gente a escuchar y ver las danzas y comedias de la Octava del Corpus. Cuando en los años cincuenta del pasado siglo llegaron por primera vez los coches a Valverde, hubo que cortarle para que pudiera pasar la gente, no había otra: quizás es de los pocos casos que un olmo cayó ante el avance de la “civilización” automovilística. Aunque en general ha sido la grafiosis, un simple hongo microscópico, el que ha arrasado la población de olmos en nuestra tierra, y de ellos, ahora, solo puede hablarse en pasado, con nostalgia, con resignación incluso, pero con la esperanza de que –quizás dentro de un siglo– otra vez los olmos y las olmas levanten sus copas gigantescas sobre las plazas de nuestros pueblos.
Hay que agradecer al grupo formado por Rafael Marco Lope, Osssian de Leyva Briongos, Rodrigo García Vegas, Iván Maldonado García y Javier Aragoncillo del Río, coautores del libro, más el profesor Luis Gil Sánchez, quien aporta su saber científico, y David León Carbonero, del MITECO, por su contribución esperanzadora, que juntos al apoyo económico de la Fundación Oxígeno, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, además de la Excelentísima Diputación Provincial de Guadalajara, han hecho posible este libro magnífico que da gusto tener en las manos y dejar que sobre sus páginas se pasee la mirada de los lectores interesados –de verdad– en el futuro de nuestro planeta.