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Las celosías templarias de Santa Coloma de Albendiego

En plena serranía de Pela, un poco más allá de Atienza, en esas tierras altas y dulces por donde cabalgó el Cid y los hombres se afanaron en sobrevivir a pesar d ela dureza del clima, surgen algunos edificios religiosos de solemne antigüedad. Hasta Albendiego llegamos hoy, a leer los mensajes que aquellos antiguos habitandes dejaron inscritos en sus piedras. Reposado en ancho valle, junto al río Bornova que acaba de nacer en la laguna de Somolinos, aparece el caserío de Albendiego, arropado con la exuberante vegetación de cientos de árboles que le escoltan, aislado en medio de los labrantíos y pastos del término. Destaca aislada, a unos quinientos metros al sur del pueblo, la iglesia románica de Santa Coloma, que siempre fue templo dedicado a otros menesteres distintos de los parroquiales del poblado. Ahora es ermita, y, por supuesto, meca de viajes culturales y esotéricos. Pero siempre hizo de espacio religioso en el que a lo bello de sus formas, a lo clásico de su estructura, se sumó el silencio denso de su mensaje simbólico. El nombre de Albendiego tiene muy claras resonancias árabes, lo que nos induce a creer que fuera así denominado por los numerosos mudéjares que poblaron la comarca. El hecho es que tras la Reconquista, perteneció al Común de Tierra de Atienza, pasando luego al poder de los de La Cerda, duques de Medinaceli, de quienes por casamientos vino a dar a la casa del Infantado, dentro del devenir común de una serie de lugares anejos a Miedes. En Albendiego pueden verse algunas grandes casonas de recia textura arquitectónica rural, destacando sus paramentos de sillarejo, sus dinteles de grandes piedras, muchas de ellas talladas con emblemas y frases populares, y hasta alguna ruina de casa noble, de sillar, a la que le quitaron el escudo. El monumento (declarado histórico‑artístico nacional en 1965) más interesante de Albendiego es la iglesia de Santa Coloma, aislada del pueblo en la orilla del río Bornova, rodeada de árboles y enclavada en un lugar encantador. Aquí tuvieron su sede una pequeña comunidad de monjes canónigos regulares de San Agustín, que ya existían en 1197, pues en esa fecha les dirigió una carta el obispo de Sigüenza don Rodrigo, eximiéndoles de pagar diezmos e impuestos, haciéndoles donación de tierras y viñas para su sustento. Su prior ocupaba un lugar en el coro y cabildo de la catedral seguntina. Ellos fueron, pues, […]

Nuevo viaje al románico de Sierra Pela

Para abrir boca en los viajes del otoño que ya llega, hoy sugiero una excursión por la tierra alta y fría de la Sierra de Pela. Con algún libro sobre la Arquitectura Románica de Guadalajara en la mano, será fácil y emocionante a un tiempo el patear aquellos altos páramos, en los que el valor unánime de la historia está clavada en sus cuatro puntos cardinales. Más allá de Atienza y de Albendiego, ascendiente a la meseta de Pela, especialmente por el estrecho camino (bien asfaltado hoy en día) que cruza entre los farallones marcados por un antiquísimo glaciar, se llega a los dos pueblos más remotos de la provincia, en los cuales se encuentran dos preciosas iglesias románicas que ahora recordamos. Campisábalos Participaron en la construcción de la iglesia parroquial de Campisábalos diversos artistas de filiación mudéjar, que plantearon una limpia estructura hoy conservada bastante completa desde su primitiva construcción en el siglo XIII. Tan sólo la torre es un añadido posterior, que precisó derribar la  parte oriental del atrio meridional. El resto nos muestra un edificio compacto, orientado y alargado de poniente a levante, con ábside semicircular en este extremo, ingreso al sur, incluido en el atrio, y capilla añadida (la de San Galindo) sobre el muro sur del templo. El exterior del ábside, semicircular, muestra adosadas cuatro columnas que rematan bajo el alero con capiteles de tipo clásico. Una bella serie de canecillos muestra temas curiosos, figuras, incluso escenas, como la caza del conejo con palos. En el tramo central se abre una estrecha ventana aspillerada, que se cubre con dos arquivoltas o cenefas de bella decoración foliácea, apoyando sobre corrida imposta de entrelazo que se extiende a todo el ábside. Un par de capiteles (uno de tipo corintio y otro de entrelazo) coronan las columnillas que escoltan este bellísimo ejemplo de ventana absidal románica. Bajo ella, y también extendiéndose a todo lo ancho del ábside, aparece otra imposta con decoración de «ochos» sin fin. El atrio es muy simple, y sirve para cobijar la puerta de ingreso al templo, que se incluye en el muro, escoltada por dos altas columnas con sus correspondientes capitelillos, a la altura de una cornisa moldurada sostenida por varios modillones que alternan con talladas metopas. La puerta tiene cuatro arquivoltas, con decoración muy movida, dentro del tema vegetal, estando bordeada la más externa con cenefa de entrelazo; la sigue otra arquivolta […]

Una ruta por el románico rural de la Serranía de Guadalajara

Mañana sábado 13 de octubre va a celebrarse, esta vez en Jadraque, junto al Henares, el quinto Día de la Serranía de Guadalajara. Un encuentro de las gentes que pueblan, y aman, la Sierra Norte, la sierra de Ayllón, los pueblos que entornan al Ocejón, al Santo Alto Rey, a la Sierra Pela. Unas villas remotas que aún tienen vida, que singularizan a Sigüenza, y a Atienza, y a Cogolludo… y que están llenas, todavía, y con la está cayendo, de ilusión y ganas de hacer cosas nuevas. Estaré allí con ellos, porque el pregón lo va a dar García Marquina, y porque van a denotar de algún modo a García de Paz, y aún más: porque allí me encontraré con amigos, que son los que se cuentan cosas entre sí mismos, cosas de su tierra, y se animan siempre unos a otros. El románico serrano Para la ocasión de esta fiesta serrana, creo que merece la pena proponer, una vez más, hacer la Ruta del Románico Rural a través de sus caminos y pueblos. Porque si hubiera que elegir un estilo artístico, de los varios que ha tenido el occidente europeo, a lo largo de los últimos veinte siglos, como más representativo de la serranía de Guadalajara, este sería sin lugar a duda el románico rural, pues no solo por ser el más numeroso, sino por presentar unas ciertas características de peculiaridad en todo el ámbito castellano. Pueden hallarse todavía, mejor o peor conservados en su totalidad o en parte, un centenar de iglesias de estilo románico por los pueblos de la provincia de Guadalajara. Algunas muestran el influ­jo directo de la arquitectura medieval castellana de en torno al Duero, y otras presentan unos caracteres propios muy singulares. En muchas de ellas surge la gran galería porticada adosada al muro meri­dional del templo, con capiteles, canecillos y otros detalles icono­gráficos de gran relieve. En otras, sencillamente, es la simple porta­da de arcos semicirculares, o el simple ábside orientado a levante, lo que tienen de común con el estilo románico pleno. En todos los edifi­cios de esta tierra, sin embargo, luce con fuerza el carácter puro, la seña cierta del Medievo. La época de construcción de estas iglesias es general­mente el siglo XII, pues en esa centuria tiene lugar la repoblación del territorio, poco antes conquistado a los árabes, por parte del reino de Castilla. Los yermos campos se pueblan […]

La guía templaria de Guadalajara

En estos días se celebra en Guadalajara, en su Parque de la Concordia, y organizada por el Patronato Municipal de Cultura, la Feria del Libro que viene a sacar a la calle toda la producción reciente de editores y libreros, de autores y pensadores que durante un año se han esmerado y concentrado para dar lo mejor de sí mismos, y darlo en cuerpo de libro, siempre con páginas, y ahora con los bits invisibles de la edición digital. Porque de todo hay en esta Feria, entre otras cosas, la exposición y reflexión acerca del encuentro de formas editoriales (tradicional vs. electrónica) y sus ventajas e inconvenientes. Una historia de batallas y ejecuciones Hace solamente unos días, entre el 22 de marzo y el 3 de abril, se han cumplido exactamente los siete siglos de la disolución de la Orden de los Caballeros del Temple. Un instituto nacido de una época singular, pretérita y extraña a nuestros ojos. Pero real. El inicio del segundo milenio registró un ímpetu en la intención europea de conquistar y dominar el Próximo Oriente, en sus lugares de memoria bíblica. Como siempre, en toda historia, había intereses económicos de por medio (abrir y dejar cómodos los caminos hacia la India y su comercio) pintados de sublimidades espirituales. Los templarios, los caballeros mitad monje-mitad soldado que constituyeron la Orden de Caballería del Templo de Salomón, ejercieron de todo ello: de protectores del comercio, de guardianes estratégicos, de pensadores y elucubradores. Su poder molestó en más altas esferas y fueron suprimidos. En Francia, incluso, eliminados físicamente. Los templarios por Guadalajara El sábado 12 de mayo va a presentarse en la Feria del Libro del parque de la Concordia el libro que ha escrito Angel Almazán de Gracia sobre estos caballeros: sus fundamentos y esencias, las fechas y los hechos, las suposiciones, los símbolos y su uso… y todo ello localizado en las tierras de Guadalajara. En el montículo donde asienta el que fuera monasterio de San Francisco, en la villa castillera de Torija, en el Alto Tajo por el Hundido de Armallones, en la ermita del Madroñal de Auñón, en Peñalver, en Albendiego y su esotérica ermita de Santa Coloma…. En muchos lugares de nuestra tierra quedó la huella de los templarios, real y permanente. Almazán la busca, y encuentra muchas de esas huellas. Me pidió que escribiera las páginas iniciales de esta obra, que seguro se […]

Albendiego, las marcas de los templarios

En 1965, don Francisco Layna consiguió, después de elaborar muchos informes, y de llamar a muchas puertas, que el Estado declarara monumento nacional la iglesia de Santa Coloma en Albendiego. A pesar de ello, y por su aislamiento ancestral y la despoblación de nuestra Sierra Norte en aquella época, el edificio siguió deteriorándose hasta desplomarse su techumbre en 1976. Desde entonces, y gracias a las gestiones realizadas por varios amantes de nuestro patrimonio, con el liderazgo de la Diputación Provincial, se restauró totalmente, y hoy puede admirarse en su integridad. Llegando a Albendiego Hundido en ancho valle, junto al río Bornova que acaba de nacer en la laguna de Somolinos, aparece el caserío de Albendiego, arropado con la exuberante vegetación de cientos de árboles que le escoltan, aislado en medio de los labrantíos y pastos del término. Destaca aislada, a unos trescientos metros al sur del pueblo, la iglesia románica de Santa Coloma, que centra la atención de los viajeros. El nombre de Albendiego tiene muy claras resonancias árabes, lo que nos induce a creer que fuera así denominado por los numerosos mudéjares que poblaronla comarca. Elhecho es que tras la Reconquista, perteneció al Común de Tierra de Atienza, pasando luego al poder de los de La Cerda, duques de Medinaceli, de quienes por casamientos vino a dar a la casa del Infantado, dentro del devenir común de una serie de lugares anejos a Miedes. En Albendiego pueden verse algunas grandes casonas de recia textura arquitectónica rural, destacando sus paramentos de sillarejo, sus dinteles de grandes piedras, muchas de ellas talladas con emblemas y frases populares, y hasta alguna ruina de casa noble, de sillar, a la que le quitaron el escudo.