Viva Mi Pueblo, de Antonio Fernández Molina, una obra clave del postismo español.
En la muestra que bajo el título “Vanguardia desde la Aldea” se ha hecho en enero/febrero de 2026 en el Museo Sobrino de la obra del artista Antonio Fernández Molina, aparecía expuesto este libro, que he conseguido gracias al regalo de su hija Elena. Es un libro cómodo, a pesar de que el reportaje (que se puede ver en Internet) sobre su vida le califique de “poeta incómodo”. Como me gusta glosar los libros que aprecio, este será uno de ellos. Y lo haré muy brevemente: con tapa dura, en un tamaño más que humano, “de mano” (14 x 18 cms.) con un papel casi cartón, en cuatricromía, está editado por el sello valenciano “Media Vaca”, tiene 144 páginas y en las iniciales muestra, en letra grande, algunos poemas, sentencias y aforismos que le dan valor: “el día nace de mis sueños”, “la tarde se sostiene en el cuerpo de un pájaro”, “Yo salí de mi pueblo a ver el mundo… y ¡el mundo estaba en mi pueblo!” seguidas por las que contienen sus dibujos de lápiz y tintas, que parecen mirarnos y nos perdonan.
Este libro es una pequeña joya del postismo, y tiene una raíz guadalajareña innegable: por eso lo comento en este blog.
Antonio Fernández Molina vivió en Guadalajara entre 1951 y 1959, y en esa década desarrolló junto a otras personas que tenían voz en la ciudad, un movimiento cultural muy destacado, en el que cupo la edición de la Revista “Doña Endrina” y en la que se organizaron lecturas, conferencias y recitales, teniendo de compañeros de vanguardia a José Antonio Suárez de Puga, Miguel Lezcano, Alejandro Ortiz Navacerrada, José de Juan-García, José Luis Aguado, Miguel Picazo, Purificación Antón, Antonio Leyva, y un largo etcétera que daba tono postista a la ciudad de entonces.
