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molina

Concha, en el camino real

Al borde del antiguo «camino real» que desde Madrid conducía a Zaragoza, y resguardado del viento norte por un leve recuesto en el cual asienta, Concha tuvo en lo antiguo, como tantos otros lugares del Señorío molinés, inmensos caudales ganaderos. Ahora, casi vacío, al viajero le impresiona la grandiosidad de sus edificios, de su templo parroquial, de su casa del mayorazgo, de sus fuentes y corralizas…  La grande y ancha plaza mayor asienta en lo bajo. Grandes edificios populares encuadrados fielmente en el modo de construir de la comarca. De siglos anteriores, se ven restos de casonas nobles, reformados portalones adovelados, alguna fachada de ventanas con dinteles tallados. En otra plaza, una gran fuente de principios de este siglo. Ya en el borde del antiguo camino real la casa que llaman «del mayorazgo», levantada en el siglo XVII por la familia López Mayoral, gentes dedicadas al cultivo ganadero, y con algunos miembros destacados en el campo cultural; en ella vivió don Gregorio López de la Torre y Malo (1700‑1769). En su casa –ahora cerrada- se conserva todavía la antañona estructura primitiva: ancho portal con soberbio empedrado de dibujos geométricos. Gran escalera de tramos cortos: cocina típica, y, en la cara meridional, donde estuvieron las cuadras, puerta tallada en sillar montada de balcón con fecha del siglo XIX, y en el interior restos de pinturas en una saleta de recibimiento. Algunas curiosas rejas en los escasos vanos, y un huerto al fondo. Cruzando el arroyo por sencillos puentes, se llega a la aislada iglesia parroquial, obra del siglo XVII. Dedicada a San Juan. La puerta de ingreso es de arco semicircular, de gran dovelaje, majestuosa. En ella se lee: «Iglesia de Asilo». El interior consta de una sola nave, con bóvedas de crucerías sobre el presbiterio poligonal. Columnas adosadas en los muros, rematadas en capiteles estilo renacimiento, corriendo entre ellos un friso estilo griego. En el interior se admiran varios retablos interesantes, barrocos. El mayor, totalmente dorado, sostiene una talla de San Juan, y otras de Santo Domingo y San Francisco. Es obra del artista molinés Miguel Herber, quien lo levantó en el siglo XVIII. En otro, más pequeño, buenas tallas de San Antonio y San Esteban. Otro retablo presenta una primitiva talla de San Juan, obra del siglo XVI, que proviene de una ermita de los alrededores. El más interesante retablo es el de la Virgen del Pilar, en el […]

Don Quijote de la Mancha atraviesa Guadalajara

Ayer se cumplieron los 399 años de la muerte de Cervantes (al año que viene, nuevo centenario tenemos…) y como siempre en el 23 de abril se celebra su memoria, se celebra el Día Universal del Libro (más que nada porque también un 23 de abril murió Shakespeare, quien vino a morir exactamente el mismo día que Cervantes) y se celebra que la Humanidad tuvo un tiempo en la que sus hombres pensaban, sentían y morían de una manera literaria. En esta circunstancia, y aprovechando ahora que también se cumple el cuarto centenario de la edición de la segunda parte del Quijote, quiero rememorar las andanzas del Caballero de la Triste Figura por tierras de Guadalajara. Sonrisas aparte, y sabiendo de antemano que don Quijote no pasó por esta ni por ninguna otra tierra (siempre conviene aclararlo) sí que podemos evocar su paso irreal, su vuelo genial, su aparición velada entre las nubes de la nostalgia poética en la que a veces nos gusta sumirnos. Siguiendo el libro de Cervantes, haciendo cábalas de por donde hace caminar a sus protagonistas, hay un momento en esa segunda parte en que obligadamente tienen que cruzar los límites de Cuenca con Guadalajara. Atravesar luego la parte oriental de la provincia. Entrar desde Guadalajara a Zaragoza. Más o menos. Porque van de la Mancha (de Aragón) al valle del Ebro. Ya en un Congreso Internacional que hace años, demasiados quizás, se celebró en Ciudad Real para establecer el recorrido real de don Quijote por las Españas, me tocó elucubrar sobre su paso por Guadalajara. Y las que a continuación expreso son las ideas que allí expuse, más llevadas de la febril actividad de una mente en vacaciones, que de la realidad documental y cruda. Camino del Alto Tajo Miguel de Cervantes conocía, sin duda, todos los lugares donde pone las aventuras concretas y bien localizadas del Quijote, pero no trató en ningún caso de hacer coincidir con exactitud las distancias y los tiempos de sus traslados entre poblaciones y lugares, por lo que, ya de entrada, se ha de advertir que no puede abordarse el estudio del camino de don Quijote con una base científica de ningún tipo, sino, en todo caso, con la relatividad y aproximación que toda construcción literaria conlleva. Establecer la ruta exacta del paso de don Quijote por la actual provincia de Guadalajara es punto menos que imposible. Sabemos, con […]

A la sombra de la Hoz del Gallo

Una nueva propuesta de viaje, esta vez por los altos parajes molineses, a la sombra de los rojizos monolitos del barranco del Gallo, y aprovechando que ya es pleno verano en aquella zona tendente más bien a los fríos y las lluvias, es la que aquí propongo a mis lectores. La visita al santuario de la Virgen de la hoz, patrona del Señorío, y de los paisajes que forman su entorno espectacular. Los amigos del viaje por Guadalajara, de la captura de imágenes, de la vivencia de fiestas, y de la admiración de paisajes (por no añadir el auténtico motivo de muchos, que es gozar la paz de la tierra silenciosa) han tenido un buen motivo hace una par de semanas para trasladarse al “barranco de la Hoz”, junto a Molina de Aragón, y vivir allí un día completo de luz, de rocas, de aguas cristalinas, y de fiesta: se celebró, un año más, como desde el siglo XIII viene ocurriendo, la romería del “Butrón”. Y allí se dio a conocer y se intentó volver, al reino de la magia y la leyenda, al mismo tiempo que de introducirse en la corriente de los siglos y ser un elemento más de esa fuerza imparable. El barranco de la Hoz del Gallo, formado entre profundos cortados de la arenisca roca por las aguas cantarinas y siempre transparentes de ese río molinés (el “padre río” que le llamaba don Diego Sánchez de Portocarrero), se encuentra en el término de Ventosa, pero muy cerca (a diez minutos apenas, en coche) de Molina de Aragón. Sus murados límites se constituyen por elevados cantiles rocosos de piedra arenisca rojiza, que dibujan sobre el alto cielo mil caprichosas formas. Entre los roquedales se asoman los pinos y una variada vegetación. En el fondo del barranco de la Hoz, hay lugares donde apenas queda sitio para el paso del río y la carretera. Por los alrededores, desde Ventosa y Corduente, y hasta Torete, se encuentran numerosas arboledas, merenderos, lugares naturales donde poder pasar el día de excursión. El lugar de la Hoz En los más profundo de ese barranco asienta desde hace siglos el santuario de Nuestra Señora de la Hoz: la voz de la tradición dice que, poco después de la Reconquista, a principios del siglo XII, un vaquero de Ventosa había perdido una de sus reses, y anduvo buscándola todo el día sin hallarla. Al internarse […]

Iconografía románica en Molina

De la iconografía románica de Beleña, Cifuentes, Labros o Pinilla, vamos hoy, finalmente, a dos lugares del Señorío de Molina que muestran espléndidas sus formas parlantes: Hinojosa, Tartanedo, la misma Molina de Aragón… La ermita de Santa Catalina en Hinojosa En el término municipal de Hinojosa, territorio del Señorío de Molina, junto a la carretera que baja desde Labros a Milmarcos, y en medio de un denso y antiquísimo sabinar, puede admirarse la ermita de Santa Catalina, que fue iglesia parroquial, en la Edad Media, de un pueblo que llevó por nombre el de Torralbilla, del cual ya sólo quedan informes ruinas en su derredor. A la belleza intrínseca del edificio, el viajero percibirá en este caso la singularidad del espacio en que asienta, la magia de un territorio desértico, silencioso, aislado como pocos, en el que las formas arquitectónicas románicas emergen puras de un pasado devastado. El edificio está construido con mampostería y buen sillar en las esquinas, en las ventanas y en el atrio. Lo primero que destaca de este templo es el atrio porticado, adelantado sobre el muro meridional, formado por seis arcos adovelados de medio punto que apoyan sobre sus respectivos pares de columnas que a su vez rematan en capiteles de sencilla decoración vegetal. Este atrio tiene entradas por sus extremos oriental y occidental, no pudiendo accederse por el sur debido a la pendiente del terreno y la altura de su paramento. En el costado oriental hay tres vanos: uno de ellos sirve de acceso, rasgado hasta el suelo. El otro cubre el antepecho de la galería, y el tercero, sobre los anteriores, hace de ventana. El ingreso al templo se hace por su portada inserta en el muro meridional del mismo: consta de un amplio vano formado por cuatro arcos semicirculares de arista viva, con una cenefa de puntas de diamante en derredor de la más externa. Estos arcos de degradación apoyan en capiteles de hojas de acanto, muy estilizados, que a su vez apoyan sobre tres pares de columnas adosadas. En la cabecera destaca el ábside, de planta semicircular, cuya cornisa sostienen variados canecillos de curiosa decoración, algunos con pintorescas figuras antropomorfas, animales, herramientas y trazos geométricos. Dicha cornisa presenta toda su superficie tallada con temas vegetales y decoración de ajedrezado. El interior ofrece una nave única, recorrida en su basamenta por un poyo de piedra, que también se extiende al presbiterio y […]

La iconografía románica en Guadalajara

Desde la Semana Santa de este año se está constatando el aumento de viajeros por los caminos de nuestra tierra. Aunque sigue ganando la partida el turismo de sol, el ansia de playa y la fruición de tomar cañas en los chiringuitos, también es cierto que cada día van aumentando los que, mochila al hombro, en cuatro-por-cuatro, o con la familia a cuestas, se van por estos pueblos nuestros de tierra adentro, a tratar de descubrir ese vientre que late, que murmura y nos espera: el vientre de la tierra madre, que aunque ya no se le puede llamar “patria” por estética, los sentimientos que crea son muy similares, muy de vecindad. Nos gusta ir a patear la tierra de nuestros mayores, descubrir qué queda de aquello que los abuelos nos contaron. Y Guadalajara ha dado, entre otras cosas, muchos abuelos. Muchos hombres y mujeres que aquí nacieron, trabajaron, amaron y se despidieron del mundo entre estampas y campanas. En sus pueblos de la Sierra, del Henares, de la paramera molinesa, de las Alcarrias, quedan todavía edificios y plazas, arboledas y arroyos, huellas palpables de otra vida. Vamos a descubrirla. La tradición romana en Beleña Abro mi libro con el estudio de uno de los monumentos que más han chocado a los viajeros del románico alcarreño: en este caso la iglesia de San Miguel, en Beleña de Sorbe, un pueblecito perdido en los declives serranos cerca de Cogolludo. Un templo construido en el siglo XIII, del que tras posteriores reformas solo queda de original la galería porticada que le precede y su portada, de arcos semicirculares, cubierta de piedras talladas que representan los meses del año en forma de personajes interpretando las más características tareas, fiel reflejo de una vida antigua. Además de los labradores que aran la tierra, de los señores que se dan banquetes, de las jovencitas de hacen sonar los crótalos primaverales y de los guerreros que andan a cazar con azores, hay una serie de capiteles que muestran escenas bíblica y que en su conjunto proponen al espectador, especialmente al de aquellos tiempos, un mensaje nítido de cómo planear la vida para salvarla. El sonido del infierno en Cifuentes  Aparece luego el estudio de la portada de Santiago en la iglesia parroquial de Cifuentes. De una época muy concreta (hacia 1265) en ella aparecen personajes reales que los libros de historia nos retratan superficialmente, y aquí […]