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Hinojosa, imágenes para el recuerdo

Hinojosa

Una tarde en Hinojosa, en la presentación del libro de Benito García Martínez, «Hinojosa, imágenes para el recuerdo», sirve para evocar cosas y gentes de la historia de este pueblo del Señorío de Molina.

Hierro de Setiles

Hace casi cincuenta años, cuando hice a pie el Viaje a los Rayanos, me encontré en Setiles con el señor Domingo, el cual subía a la sierra a lamentarse de que hubieran cerrado las minas. Le daba patadas a las piedras, soltando la rabia que no podía contener. “Todo es hierro, fíjese. ¡Qué riqueza! Por todas partes, y por todas las profundidades. Todo es mineral…” decía… ya nada queda de todo aquello, ni de las minas, ni del señor Domingo, ni casi del cronista que subió a la Sierra Menera, a ver qué pasaba.

El valle del río Gallo

Recluidos en la cuarentena que, a la antigua usanza, parece ser la única forma de librarnos de una (una más…) de las epidemias que de vez en cuando azotan a la Humanidad, saco a colación viejas andanzas por mi tierra. Siempre es de acomodo evocar los caminos, la brisa que sopla entre las ramas altas de los chopos, el sonar levísimo de las aguas, el trote de nuestras botas sobre las viejas hojas resecas. Hoy me voy a Molina, vuelvo al Gallo. Aunque no incluido plenamente en el Parque Natural del Alto Tajo, el recorrido del río Gallo por el señorío de Molina conforma una serie de espectaculares paisajes y entornos característicos que le hacen extensión natural de ese Parque.  Para cuantos esta primavera se animen a viajar, a descubrir una de esas facetas que la provincia encierra y está deseando enseñar, la “Ruta del Gallo” es un destino a estudiar, porque va a proporcionar todo tipo de sorpresas: páramos silenciosos entre pueblos medievales, y abruptos cortados rocosos con ermita subterránea incluida. Preparar las botas, los mapas y los ánimos. Y poneros a andar por sus caminos. Aunque el recorrido por el Gallo es muy amplio, pues nace en los altos montes de en torno a Motos y Alustante, en el extremo más oriental del Señorío, como un regalo de la sierra de Albarracín, y va a dar en el Tajo justamente en el espacio conocido como Puente de San Pedro, todas las miradas, y todas las pisadas se dirigen al estrecho barranco que forma el río Gallo entre las localidades molinesas de Ventosa, Corduente y Torete, aunque más abajo sigue, por Cuevas Labradas, hasta la junta con el Tajo en el sitio dicho. Ahí están los espectaculares paisajes que cifran su belleza en la verticalidad y proximidad de los muros rocosos que dan límite al hondo cañón por el que corre el río. En su mitad se esconde (o se muestra, según se mire) la Ermita de la Virgen de la Hoz, que es patrona del Señorío molinés, y cuya leyenda, historia y realidad hoy es algo que se mete en los corazones de todos los molineses esparcidos por el mundo. Merece la pena acercarse de nuevo hasta la Hoz del Gallo, y recorrerla desde un punto de visto más naturalista que piadoso, más ecologista que histórico. En ese sentido, quienes todavía no hayan viajado hasta ese lugar privilegiado […]

¿Sirve de algo la heráldica?

Muchas personas me lo han preguntado, y algunas más se han quedado con ganas de hacerlo. –Pero ¿realmente vale para algo la heráldica? Sería una respuesta larga, y si meditada, prolija y quizás erudita. No voy por ahí. –Voy por lo sencillo, por lo contundente: sí, vale para algo. Alguno ya estará diciendo: –Claro, que va a decir. Si le nombraron hace tiempo Académico de la Real de Genealogía y Heráldica de Madrid ¿qué va a contestar?  No es por eso, ni mucho menos, ni por alardear de saberes, de “muebles heráldicos” de “campos” y jefes, de esmaltes y cimeras. No: es porque la heráldica es una auténtica ciencia, –auxiliar–de la Historia. Porque (y es muy sencillo comprobarlo a nada que uno se ponga a elucubrar sobre fechas y poseedores de un edificio con tallas heráldicas…) las piedras armeras son como firmas. Declaran fechas, declaran poseedores, declaran intenciones. Siempre he pensado que el arte, como la historia, y cualquier recuento del humano expresarse, es un lenguaje con el que los seres vivos transmiten sus ideas para que las recojan otros. El idioma, los gestos, la música (y ahora, no cabe duda, la heráldica) son formas de decir uno, a los demás, quién es, qué piensa, de qué talante está ese día. Por eso toda manifestación humana es, en el fondo, un intento de comunicación, de transmisión, de declarar sentimientos, objetivos, o de “vendernos una moto”, hay de todo. La heráldica ha tenido magníficos representantes y estudiosos. Hace pocos meses murió uno de los más sabios en el tema, don Faustino Menéndez-Pidal y Navascués, con quien tuve buena amistad, y gracias (entre otros) a quien llegué a estar en esa Real Academia que antes he mencionado. No se lo agradeceré nunca bastante. Tuve la suerte también de ser editor de uno de sus libros más capitales, los “Apuntes de Sigilografía Española”, en los que daba las normas básicas, para estudiantes de historia, del significado, las formas y los objetivos del arte de los sellos, de los sellos validantes de documentos y hechos jurídicos. Por tanto, Menéndez-Pidal era uno de esos sabios que tenía el concepto claro del valor del mensaje heráldico y sigilográfico, como elemento transmisor de valores, de noticias, de significados. En Europa, tan larga en historias y tan prolija en revoluciones, es España la nació que con mayor profusión aún guarda y muestra en mil lugares los escudos de […]

Guisema, un lugar que tuvo vida