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Lecturas de Patrimonio: Monasterios de Guadalajara (II)

Sobre los monasterios, especialmente sobre sus ruinas, sus recuerdos, sus palabras claras, cabe mucho qué decir. Después de haber sabido algo sobre su bibliografía y lugares donde encontrar recursos documentales, hoy me entretengo en referir detalles curiosos de ellos: los que siguen vivos tras muchos siglos de actividad; las luces y las sombras de los monasterios… y algunos detalles sobre sus obras de arte perdidas. Luces y sombras de los monasterios En los monasterios medievales de Guadalajara, y a lo largo de los largos siglos de su existencia, surgieron las luces de señalados méritos, alternando con las sombras de los grandes pecados. De las luces, merece recordarse la que supuso el cultivo de la música sinfónica por parte de los frailes jerónimos de Lupiana. De siempre dedicaron buena parte de su tiempo a la interpretación de instrumentos, de piezas sacras, y de coros numerosos y bien conjuntados. En el siglo XVIII alcanzaron tal perfección en el arte musical, y formaron una orquesta de tal categoría, que toda la producción de la música sinfónica europea (de Beethoven a Haydn, de Bach a Mozart) tenía en Lupiana su inmediato estreno. Entre ellos se educó el padre Félix Flores, natural de Guadalajara, que llegó a ser la admiración de los medios musicales madrileños en la mitad del pasado siglo. Sería, en fin, un tema de auténtico interés, analizar la aportación a la música hecha por los jerónimos de San Bartolomé. Cuando tras la Desamortización de Mendizábal se vació el monasterio y se disolvió la Orden, la mayoría de sus miembros pudieron ganarse la vida gracias a estos conocimientos musicales. De las sombras hay que resaltar el lamentable espectáculo de auténtica «lucha civil» que en los años iniciales del siglo XVI dieron varias agrupaciones conventuales, especialmente de franciscanos, al negarse los que vivían completamente instalados, y con un sistema muy relajado de vida, a aceptar y poner en práctica las reformas impuestas por la superioridad, a instancias sobre todo del Cardenal Cisneros. Así ocurrió en Molina de Aragón, cuando fue llegado el momento de abandonar la regla claustral y adoptar la Observancia reformada. el guardián de los claustrales, fray Gonzalo de Tarancón, se opuso de tal manera a la medida, que se «encastilló» en el convento con sus frailes, y dijo que de allí no le sacarían sino por las malas; que él no se iba ni reconocía las nuevas normas. Era el año […]

Un complejo mensaje sobre la piedra de Gárgoles

En la iglesia de Gárgoles de Abajo, en su portada, hay un conjunto de símbolos tallados, tan claros y diáfanos, que nos hablan de un pensamiento universal y panteísta: algo inaudito en una época, el siglo XVII en que fue tallada, en la que cualquier desviación de la ortodoxia católica era examinada con lupa por el Tribunal de la Inquisición. Al parecer, nada especial ocurrió en Gárgoles, y todos miraron para otra parte. Gárgoles nace como aldea en la repoblación de la Edad Media. Está en el camino entre Cifuentes (lugar de poder junto a un manantial importante, bajo la sombra de un viejo castillo) y la orilla del Tajo. Territorio clásicamente adscrito al Común de Atienza, y luego propiedad de los Carrillo y finalmente de los Silva. Entre Cifuentes y Trillo, los Gárgoles. El de abajo alcanzó el título de “Villa de por sí” y con jurisdicción propia en el siglo XVII. Como todos los lugares de la católica España, alzaron los vecinos un edificio para templo. Este que ahora vemos, al subir hasta la cota más alta del pueblo, es obra del siglo XVII, fabricado entero con buena piedra sillar. Su interior es de magníficas dimensiones, y en el exterior destaca su torre rematada con terraza y circuito de pináculos con bolones; una portada sencilla, con vano moldurado, en poniente, y en el del sur la entrada principal, magnífico elemento de arco semicircular escoltado por dos pilastras adosadas sobre altos pedestales. Aquí es donde el viajero empieza a preocuparse, al ver que la decoración del panel frontal de la fachada ofrece unos elementos decorativos que le hacen, en principio, dudar, y luego, al comprobar que es cierto lo que ve, y el orden en que está puesto, a asombrarse. Porque esto es lo que se ve en la portada principal de la iglesia de Gárgoles de Abajo. En la fotografía que acompaña a estas líneas puede analizarse con mayor precisión: Dos pirámides estilizadas rematan las pilastras laterales. Una cruz centra el conjunto, rematando sus brazos en sendas bolitas. Una flor de lis Un círculo perfecto del que surgen rayos: el disco solar. Una pentalfa o sello de Salomón Una piña Y a los lados, y formando cruz con lo anterior, dos cruces patadas. Todo ello es conjunto de símbolos que al viajero le dejan un poco descolocado, porque pertenecen, la mayoría de ellas, al imaginario de lo esotérico, […]

Despoblados de la Sierra

Mañana sábado va a celebrarse, esta vez en Condemios de Arriba, un nuevo “Día de la Sierra”, que completará la docena de los celebrados. Un día de afirmación, de reivindicación, y de amistades. Un día de elaborar proyectos, de confirmar necesidades y de cantar y bailar todos juntos. Este año, con una pesada losa que se cierne, más aún, sobre todos: la de la despoblación. Mañana sábado tenemos una cita en Condemios de Arriba. Será sede del XII Día de la Serranía, y en la mañana se centrarán los actos con el pregón que este año correrá a cargo de la periodista Raquel Gamo Pascual, y la entrega del galardón “Serrano del Año” que en esta ocasión ha correspondido a don Agustín González, sacerdote de Atienza, mientras que los actos culturales se centrarán en una Exposición de fotografías con imágenes de pueblos abandonados, despoblados y desaparecidos del área serrana, así como una charla de José Antonio Ranz Yubero, autor del libro recientemente editado “Despoblados de la provincia de Guadalajara”, sobre ese mismo tema. La llegada a Condemios puede hacerse, desde Guadalajara, por Cogolludo y luego serranía arriba por Arroyo de Fraguas y Valdepinillos para bajar a Galve y Condemios, o por Tórtola/Hita/Jadraque para llegar a Atienza y desde allí hasta Condemios. Está relativamente lejos, pero es como todo en la Sierra: si te lo propones, está ahí mismo. El quid está en proponérselo. Despoblamiento y abandono En 1992 los arquitectos Tomás Nieto Taberné y Miguel Angel Embid García, publicaron un libro titulado “Matallana”, que recibió la Distinción de Honor del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha delegación de Guadalajara. Un libro muy raro de encontrar hoy, grande y hermoso, ilustrado y limpio, clarividente. Un libro que, supongo (que para eso están) podrán mis lectores consultar en cualquiera de las bibliotecas municipales de la provincia de Guadalajara. Tiene este libro muchas cosas dentro. Es un mundo (de información, de hallazgos, de denuncias y de imágenes) sonoro y declaradamente valiente. Porque en ese año (1992) se dejaba ya muy claro el grave peligro que se cernía sobre nuestra tierra. Y que no era la emigración, el despoblamiento, la ruina económica: era más duro aún, porque denunciaba el abandono: nadie se hacía cargo de lo que estaba pasando. Pasaba, sin más. En este libro hay fotografías de edificios de Matallana, de ruinas, de espacios, una fotografía aérea… también hay planos, alzados, dibujos […]

Lecturas de Patrimonio: Monasterios de Guadalajara (I)

Tiene Guadalajara muchos caminos, y muchos lectores están deseando conocerlos: llenarlos de imágenes y emociones. Todos los caminos muestran algún retazo de nuestro viejo patrimonio, Y muchos de esos caminos llegan hasta las ruinas, completas o exangües, de los viejos monasterios que cuajaron esta tierra. Vamos a recorrer esos caminos. Si nos acercamos (por decir alguno) al monasterio de Monsalud en Córcoles, -entre Sacedón y Alcócer, por la carretera de Cuenca, y nos quedamos allí cuando el silencio del paisaje se haga total, nos parecerá ver, entre las sombras del amanecer, o aún en la noche, seres que caminan en fila y en silencio por los pasillos, los claustros, las naves de los templos que rezuman humedad, o están sentados en vetustos sitiales de madera, a la luz pálida de los velones, y allí entonan monótonos los sones de maitines, las oraciones primeras de un día que así, cada tres horas, volverá a unirlos en la alabanza a Dios, al Señor que todo lo gobierna y de ellos se deja cantar, complacido de oír, día tras día, siglo tras siglo, promesas de fidelidad, hechos de renuncia. Son los monjes. Unidos en grupos, bajo la advocación de un santo, con el fervor homogéneo de una empresa, desde hace muchos siglos han existido los monjes y han habitado los monasterios. Tras la muerte de Cristo y la implantación de su mensaje por buena parte del mundo, el monaquismo cristiano ha prendido y se ha extendido desde Oriente hasta Occidente. Unos se han dedicado a la oración pura, a la contemplación divina. Otros se han lanzado a las calles y caminos, a socorrer a los necesitados, y a intentar cambiar el mundo. Todavía otros grupos han mezclado, ya en el espíritu medieval más puro, la fuerza de las armas con la justificación de la Fe para emprender tareas de reconquista, de guerra santa, de defensa de los Santos Lugares. De ahí que muchas ramas, muchas facetas, haya protagonizado la historia del monaquismo occidental, aunque en puridad tres estilos finalmente han cuajado y llenado enciclopedias: los contemplativos del Ora et Labora, los mendicantes de infinita presencia y alter-ego de los ONG actuales, y los caballeros‑monjes de las Ordenes Militares. El desarrollo pleno del cenobitismo, como sociedad pequeña y multiplicada con acción en los medios urbanos y rurales, y participante plenamente del sentido religioso teocéntrico, y del político‑social del feudalismo, ocurre en la Edad Media. […]

La Tierra de Cobeta

En el corazón de la España despoblada, Cobeta tenía en 2015 un total de 150 habitantes. En las últimas elecciones de abril, votaron 82 personas. Y niños, hay pocos. Esto quiere decir que el despoblamiento se acelera, y lo que fue un éxodo masivo a las ciudades en la segunda mitad del siglo XX, ahora al iniciar el XXI es ya un agotamiento poblacional por simple evolución biológica: los viejos se mueren, y nadie los reemplaza. He viajado de nuevo a Cobeta, donde miro y anoto. Que yo sepa, no tengo amigo alguno de allí, y es cosa rara, porque en casi todos los pueblos de la provincia tengo algún conocido. Espero que al menos me queden lectores. El pueblo se asoma a un hondo valle que baja hacia el pintoresco de Arandilla, y escoltada de pinares y prados, la villa de Cobeta, en la sesma del Sabinar, ya en el límite occidental del Señorío de Molina, tiene todavía un aire riente en los buenos días del otoño. Le viene su nombre de la torre o cubo que siempre vigiló su caserío. Como una comarca del viejo Reino de Castilla, la “Tierra de Cobeta” tuvo existencia real del siglo XII al siglo XIX. A inicios de este, con el nombre de “partido de Cobeta” formaba parte de la Intendencia de Soria, en lo que entonces se denominaba “Castilla la Vieja”. Tras la reordenación de las provincias españolas por el liberal Javier de Burgos, en 1833 (división provincial que se ha mantenido intocable desde entonces) Cobeta pasó a pertenecer a la provincia de Guadalajara. La más remota historia pone su origen en le repoblación cristiana de la zona, perteneciendo desde un principio al territorio del señorío de los Lara, gozando de su Fuero. En algún sitio he leído que en 1153 don Manrique y su esposa doña Ermesenda donaron Cobeta al Cabildo de la Catedral de Sigüenza, pero no lo veo muy lógico, porque la realidades que durante el siglo XII y casi todo el XIII, este lugar estuvo incluido en el Común de Molina, siendo en 1292 cuando, por testamento de la señora del territorio, doña Blanca Alfonso, pasó por donación a pertenecer al monasterio de monjas cistercienses de Buenafuente del Sistal, junto a sus anejos del Villar y la Olmeda. En el siglo posterior, concretamente en los mediados del XIV, un caballero denominado Francisco de Tovar se adueñó de […]