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Las danzas de Valverde, revisadas

Danzas de Valverde de los ArroyosMañana sábado 9 de junio, en la localidad serrana de Valverde de los Arroyos, se presentará el libro “Las Danzas de la Octava del Corpus de Valverde de los Arroyos” por parte de sus autores, José María Alonso Gordo, y Emilio Daniel Robledo Monasterio. Actuará de presentador el periodista Raúl Conde Suárez, y están invitados todos los vecinos y forasteros que quieran disfrutar de la primera jornada de estas Fiestas de la Octava del Corpus que hacen brillar cada año a Valverde.

En esta ocasión, y a la espera de que el domingo salgan los danzantes ataviados a la clásica y colorista usanza, será festejado como corresponde el trabajo de dos valverdeños que desde hace muchos años han dado pruebas de su amor al pueblo, y resultados fehacientes de su trabajo meticuloso en cuanto a recogida de datos y elaboración de propuestas.

Las Danzas de Valverde

Lleva la fama Valverde de los Arroyos, merecida y bien anclada en el subconsciente popular además de por los paisajes y su aspecto serrano, por las fies­tas de la Octava del Corpus. Que son la que se celebran pasado mañana, por ser el domingo siguiente a la octava de la festividad del Señor, esto es, diez días justos después, siempre en domingo. Esta es la fiesta que centra todo el folclore, riquísimo y vario, muy peculiar, que posee este enclave de nuestra sierra.

A esta fiesta le dan vida el grupo de danzantes con su botarga. Son ocho en total, y portan una vestimenta muy peculiar, consistente en camisa y pantalón blanco, cuyos bordes se adornan con puntillas y bor­dados; en el cuello se anudan un largo y coloreado pañuelo de seda; el pantalón se cubre con una falda que llega hasta las rodillas (sayolín) de color rojo con lunares blancos estampa­dos. En la cintura se coloca un gran pañuelo negro sobre el que aparecen bordados, con vivos colores, temas vegetales. El pecho y espalda se cruzan con una ancha banda de seda que se anuda a la altura de la cadera izquierda. Los brazos se anu­dan también con cintas rojas más estrechas, y en la espalda, pendientes de una cinta transversal, aparecen otras múltiples de pasamanería. Sobre los hombros hay flores.

La cabeza se cubre con un enorme gorro, que se adorna con gran cantidad de flores de plástico, presentando en su parte frontal un espe­jillo redondo. Quizás sea ese, por fijarnos en algo en particular, el más característico de los elementos que les subrayan. Calzan sus pies con alpargatas anudadas con cinta negra. Les acompaña «el botarga» ataviado con un traje de pana en que alternan los colores marrón, amarillo, rojo y verde. En la cabeza una gorra compuesta de varios trozos de tela dispuestos radialmente, rematados en una borla roja.

Finalmente, forma también parte del grupo el «gaitero». Ataviado con traje de fiesta, de chaqueta y pantalón oscuro, corbata discreta y camisa blanca, sin tocar, cruzando el pecho gruesa correa de la que pende el tambor, y sujetando en su mano derecha el palillo, y en la izquierda la flauta o «gaita», pieza metálica de agujeros hecha con el cañón de una antiquísima escopeta.

Sigüenza alrededores, un libro de textos e ilustraciones de Antonio Herrera e Isidre Monés

La fiesta comienza con una misa, a la que asisten los dan­zantes, sentados en el presbiterio, y tocados con sus gorros ante el Sacramento que porta el sacerdote, bajo palio, escol­tado de los danzantes, el botarga y el resto de los hermanos de la cofradía. En la plaza Mayor se expone el Sacramento, sobre una mesa y ante una casa, que forma el «monumento» de colchas y flores rodeado. Luego suben hasta la era, un alto prado sobre el pueblo, rodeado de las altas montañas entre las que destaca el poderoso Ocejón, y allí danzan ante el Sacramento varias veces, formando el baile de «la Cruz», que se ejecuta al son del tambor, la flauta y las castañuelas que hacen sonar los propios danzantes. Luego se baja a la plaza, y allí se ejecutan otros bailes rituales: «el Verde», «el Cordón», «los Molinos» y «la Perucha», de paloteo y cintas, de gran belleza plástica, acompañadas del monótono y peculiar sonido del músico. Entre una y otra danza se realiza la «Almoneda» de las roscas, que van colocadas en una especie de árbol gigante.

El libro que se presenta

Un total de 372 páginas forman estas “Danzas de Valverde de los Arroyos” en formato de un libro grande, de 17 x 24 cms., cargado de cientos de fotografías en color. Se complementa con extraordinarios dibujos de Angel Malo Ocaña, que presiden el inicio de cada capítulo, y lleva un Prólogo cargado de sabiduría firmado por Joaquín Díaz, uno de los más reputados entendidos del foclore español.

Empieza el texto con una situación al lector del lugar en que se centra la acción: “Nos encontramos en un pueblo escondido entre las laderas del pico Ocejón, a 1.255 metros de altitud, y rodeado de cumbres…” Ya solo con echar un vistazo al Indice, el lector se percata de la amplitud del tema y de la meticulosidad de su estudio. Nada ha quedado fuera de la lupa de los autores. que bordan la obra por dos caminos: el de ser naturales de Valverde, y haber crecido entre el sonido de los instrumentos serranos, y el de ser rigurosos analistas de la fiesta que tratan, en la que llevan de un modo u otro comprometidos toda su vida.

Así empiezan con “La Octava del Corpus” a hacer un análisis de la fiesta de Valverde y de otras similares, haciendo por ejemplo alusión al nombre popular de “Coronados” que se le daba a los cofrades.

Sigue luego el capítulo de “Las danzas rituales” de origen medieval y las analizan una por una. Allí aparecen las danzas de castañuelas, la danza de la Cruz, El Verde y El Cordón, siguiendo luego la relación de danzas de cintas y finalmente las danzas de palos: “El Capón”, “los Molinos” y “La Perucha” de la que transcriben letra y música. Dicen al lector cuanto saben de las danzas perdidas, y de las danzas parcialmente recuperadas, como “El Garullón” y “Las Campanillas”.

Ponen el foco seguidamente sobre el grupo de los danzantes: el gaitero, el botarga, el registro, los danzantes propiamente dichos, y los niños danzantes. Hay referencias genealógicas, nominales, entrevistas a los que permanencen vivos… y en general se constituye esta parte del libro en una vibrante demostración de cariño y admiración por estos protagonistas.

Luego se adentran los autores en la descripción del “Vestuario y accesorios de la danza”, con profusión de fotografías y dibujos, todo en color. Terminando con una historia y relación de acontecimientos en los tiempos actuales.

Finalmente nos ofrecen un interesante estudio, quizás la parte más valiosa del libro, en el que se viaja a la comprensión de otras danzas, en la Región, en la provincia, en la Serranía, con utilización de flores, de cintas y espejuelos, más el tamboril, la gaita y la dulzaina, la conexión con el folclore segoviano, etc.

Un amplio repertorio de referencias de hemeroteca, con comentarios de otros escritores, más las convlcusiones y una exhaustiva bibliografía sirven para redondear esta obra que no dudo en calificar de definitiva, porque es imposible aportar ni un solo dato más en torno a estas “Danzas de la Octava del Corpus de Valverde de los Arroyos” que añaden este año el interés de cumplir nada menos que 450 años de la fundación de su Cofradía.

Una ocasión de volver a Valverde, y una posibilidad de adentrarse en el conocimiento definitivo, completo, asombroso, de estas danzas y de las gentes que las hicieron posibles.

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