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Ruta breve para caminar por la Alcarria

  Con el tiempo bueno, los días largos, las vacaciones merecidas, y las ganas perennes de ver reir al campo y sonar las panderetas de las nubes, los viajeros que me leen están deseando salir al campo, recorrer caminos de Guadalajara, andarse las trochas por donde se contemplan los mejores paisajes o las más viejas vetusteces de nuestro patrimonio. Podríamos hacer con ese objetivo varias rutas. Esta de hoy es la de la Alcarria. Allá vamos. Desde Guadalajara, el viajero tiene mil recorridos que poder hacer por la tierra que le rodea. Quizás la comarca más conocida y atrayente sea la Alcarria, la que con su miel, sus olivos y tantos pueblos centenarios cargados de historia y monumentos, hacen de ella un lugar que merece ser visitado y conocido. No es el menor aliciente, por supuesto, la fama que Camilo José Cela le diera con su universal escrito «Viaje a la Alcarria», en el que se daba noticia de paisajes limpios y silenciosos, de gentes bondadosas y monumentos en ruinas. Saliendo de Guadalajara por la carretera N-320, se llega en primer lugar a Horche, lugar de típicas arquitecturas populares, con una plaza de corte tradicional, en la que para septiembre se celebran emocionantes juegos taurinos. En este lugar cabe admirar algunos paisajes muy bellos, como la «sierra de Horche», junto al valle del río Ungría. Es también una estación de especial interés por su oferta gastronómica. Antes, yo aconsejaría desviarse un tanto a la izquierda, y llegar hasta Lupiana. No sólo por ver, en la plaza mayor del pueblo, la picota del siglo XVI que pone contrapunto de independencia al Ayuntamiento remozado, o por asombrarse unos instantes ante la portada cuajada de filigranas talladas de su iglesia. No. Yo lo digo principalmente por alcanzar el Monasterio de San Bartolomé, que fue sede inicial y siempre sede capitular de los monjes jerónimos de España, y allí extasiarse viendo las huellas solemnes de tanta grandeza: el claustro principal, obra genial de Alonso de Covarrubias, con su triple nivel de galerías en las que múltiples detalles nos avisan de su estilo plenamente renacentista, italianizante al máximo. O mirando las ruinas de la que fuera iglesia monasterial, elevada y somera como la del Escorial, en la que Felipe II algunas veces rezó y cometió su intento de contactar con Dios. Todo ello está hoy un tanto ruinoso, pero con el brillo perenne de lo […]

Volviendo a Pioz

Cuando se busca, cada semana, un lugar del patrimonio, las probabilidades de dar con una iglesia románica, un viejo palacio, o un castillo casi se reparten a partes iguales. Vamos a dar hoy una idea para que viajen mis lectores, cerca de Guadalajara, cualquier domingo de enero por estas planicies de la primera Alcarria, y se dirijan hasta la monumental masa pétrea del castillo de Pioz, que alberga una historia considerable y, sobre todo, nos da la imagen segura de una fortaleza medieval. Uno de los lugares que, en la Alcarria, mayor encanto reúne para una visita corta, de esas de tarde de domingo invernal como las que ahora tenemos, es la villa de Pioz, en la llanura que remata las cuestas pasado Chiloeches, camino del valle del Tajuña. Solamente hay un elemento monumental que llame la atención del viajero, y es el castillo, soberbio pináculo de piedra gris que parece gritar su poderoso sueño sobre la plana sabana de viñedos y matorrales. Pioz perteneció en un principio a la Tierra y Común de Guadalajara. Su historia es larga y suculenta, pero aquí la resumo en aras de la brevedad que un periódico impone. En el siglo XV, el rey de Castilla Juan II entregó el lugar en dote a su hermana Catalina, al casar ésta con su primo, el turbulento infante de Aragón don Enrique. Pero el mismo Rey se lo quitó, pues el cuñado le movía guerra, y lo entregó en señorío a don Iñigo López de Mendoza, primer marqués de Santillana, quien tras su muerte lo transmitió a su hijo, el gran Cardenal de España don Pedro González de Mendoza. Otro lugar más de esta ancha Alcarria que nos presta su anchura, en el que la familia Mendozainscribe su verdiroja enseña de poderío. Este magnate, el Cardenal de España, comenzó la construcción del castillo en la última mitad del siglo XV. Posteriormente, en 1469, lo cambió a don Alvar Gómez de Ciudad Real, secretario de Enrique IV, por su villa de Maqueda. Así, pues, desde esa fecha perteneció Pioz y su fortaleza a la familia de los Gómez de Ciudad Real, en la que se mantuvo hasta el siglo XIX, cuando murió sin sucesión la última poseedora del mayorazgo, doña Vicenta de la Cerda y Oña. Este castillo de Pioz pasa por ser uno de los más bellos ejemplares de la provincia de Guadalajara, al menos en […]

La guía templaria de Guadalajara

En estos días se celebra en Guadalajara, en su Parque de la Concordia, y organizada por el Patronato Municipal de Cultura, la Feria del Libro que viene a sacar a la calle toda la producción reciente de editores y libreros, de autores y pensadores que durante un año se han esmerado y concentrado para dar lo mejor de sí mismos, y darlo en cuerpo de libro, siempre con páginas, y ahora con los bits invisibles de la edición digital. Porque de todo hay en esta Feria, entre otras cosas, la exposición y reflexión acerca del encuentro de formas editoriales (tradicional vs. electrónica) y sus ventajas e inconvenientes. Una historia de batallas y ejecuciones Hace solamente unos días, entre el 22 de marzo y el 3 de abril, se han cumplido exactamente los siete siglos de la disolución de la Orden de los Caballeros del Temple. Un instituto nacido de una época singular, pretérita y extraña a nuestros ojos. Pero real. El inicio del segundo milenio registró un ímpetu en la intención europea de conquistar y dominar el Próximo Oriente, en sus lugares de memoria bíblica. Como siempre, en toda historia, había intereses económicos de por medio (abrir y dejar cómodos los caminos hacia la India y su comercio) pintados de sublimidades espirituales. Los templarios, los caballeros mitad monje-mitad soldado que constituyeron la Orden de Caballería del Templo de Salomón, ejercieron de todo ello: de protectores del comercio, de guardianes estratégicos, de pensadores y elucubradores. Su poder molestó en más altas esferas y fueron suprimidos. En Francia, incluso, eliminados físicamente. Los templarios por Guadalajara El sábado 12 de mayo va a presentarse en la Feria del Libro del parque de la Concordia el libro que ha escrito Angel Almazán de Gracia sobre estos caballeros: sus fundamentos y esencias, las fechas y los hechos, las suposiciones, los símbolos y su uso… y todo ello localizado en las tierras de Guadalajara. En el montículo donde asienta el que fuera monasterio de San Francisco, en la villa castillera de Torija, en el Alto Tajo por el Hundido de Armallones, en la ermita del Madroñal de Auñón, en Peñalver, en Albendiego y su esotérica ermita de Santa Coloma…. En muchos lugares de nuestra tierra quedó la huella de los templarios, real y permanente. Almazán la busca, y encuentra muchas de esas huellas. Me pidió que escribiera las páginas iniciales de esta obra, que seguro se […]

Siete siglos sin templarios

En estos días se cumplen exactamente los siete siglos desde que la autoridad del Pontífice de Roma, a la que estaban sujetos los caballeros templarios, disolvió esta Orden, a lo largo de una serie de trámites y de reuniones, que comenzaron el 22 de marzo de 1312 con la promulgación de la Bula Vox Clamantis, y acabaron el 3 de abril del mismo año en una segunda reunión del colegio Cardenalicio, en Roma, en el que se decidió disolver esta Orden de Caballería. La imposición del rey de Francia,  Felipe “el Hermoso”, y su poder militar sobre el Vaticano, propició esta salida, que siempre ha estremecido a quienes han leído su secuencia. Nacen los Templarios y crecen sus dominios Para muchos que consideran la Edad Mediacomo época –remotísima- de poder feudal, de esclavitud, de omnipotencia eclesiástica, de ignorancia e injusticias, entre tanto saber heredado y tanto prejuicio se cuela la imagen de un guerrero, de un monje, de un castillo quizás, o de un monasterio. Alrededor de esas grandes construcciones, los míseros cubículos donde vivía la gente, que si se juntaban muchos parecía un pueblo. En un momento de renovación espiritual, a comienzos del siglo XII, la energía de Bernardo de Claraval para labrar una espiritualidad cristiana nueva se mezcla con el impulso de Cruzada que surge entre los caballeros y magnates europeos. Es el momento de preparación de las Cruzadas, del crecimiento de los renovados monasterios cistercienses, y del nacimiento de una Orden Militar y Religiosa a un tiempo, la Orden del Templo de Jerusalen, los templarios. En el año 1099 Godofredo de Bouillon toma Jerusalen y se proclama rey de Palestina. En 1118 Hugo de Payns y otros ocho compañeros de armas, se asocian para proteger a los peregrinos que empiezan a llegar a Tierra Santa. Esa cofradía, en 1120 adopta el nombre de “Pobres Caballeros de Cristo” y en 1129 el Concilio de Troyes da por fundada la Orden del Temple, que vendrá a durar casi dos siglos, creciendo sin parar durante ese tiempo, formando parte de ella miles de caballeros europeos, que atesoran riquezas, fortalezas y granjas. Y que, -sobre todo- participan de unos saberes mistéricos que van elaborando y difundiendo entre los grupos que se establecen en los cruces de caminos, en las atalayas, en los puentes y pasos estratégicos. El Temple empieza a ser el referente del poder, y lógicamente esto preocupa a cuantos […]