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ocaña

Rollos y picotas de nuestra tierra

Al llegar a muchos de los pueblos y villas de nuestra provincia y región, sorprende al viajero primerizo la existencia en sus plazas, o en sus alrededores, de unos curiosos monumentos que se alzan, enhiestos y provocativos, tallados en piedra, levantados sobre gradas, rodeados de arboledas o de coches aparcados si presiden una plaza, con un capitel en lo alto que ofrece talladas cabezas de leones, de monstruos o de humanos seres gritando. Son los elementos que prueban la capacidad que tuvo aquel lugar, aquel pueblo o villa, de administrarse justicia a sí mismos, entre sus propios vecinos. Unos aún le llaman rollo a ese monumento erigido. Otros le llaman picota. Significados y símbolos Aunque todos tenían la misma función, que era la conmemorativa, la señalizadora, la de decir el título de villa que le correspondía al pueblo que lo tenía, aún queda un sentido ambivalente para este tipo de monumentos. Y es el de su significado último. No se pondrán nunca de acuerdo los tratadistas, los historiadores, aquellos que solo saben lo que leen. La gente dejó vagar su imaginación más lejos: y pensaron que eran lugares donde los poderosos castigaban a los pobres, y una vez muertos, los colgaban por el cuello, dejándoles sacar la lengua hasta la barbilla, y que con el aire del atardecer se dedicaran, en frase clásica y estremecedora, a bendecir con los pies a la multitud. «Los rollos eran, en definitiva, símbolos de jurisdicción propia, un orgullo para los habitantes de la villa» Una cosa está clara: los rollos de piedra se colocaban, tras encargar su boceto y talla a algún escultor de más o menos prosapia, el mismo día que el delegado regio traía el documento de concesión de villazgo. O, sin no había dado tiempo a acabarlo, unos meses después. Pero al cumplir lo que la cancillería real ordenaba, y que era dar la vuelta al término, todos los vecinos juntos, leyendo las lindes, sus nombres antiguos, y poniendo las manos sobre los lugares donde se vendería el pan, la carne y los jabones; y diciendo quien sería a partir de ese día el alguacil, y los regidores, y el juez de paz, y el escribano, en ese día se decía donde se ponía el rollo, y lo que significaba: que este pueblo, que ahora es villa, tiene calidad de autogobierno en lo judicial, y que cualquier rencilla o acusación mutua […]

Castilla la Mancha en la palma de la mano

Hoy celebramos el Día de la Región, un aniversario más desde la aprobación del Estatuto de Autonomía de Castilla-La Mancha. Aunque a veces nos dejamos llevar por la pasión política (unos más que otros, también es verdad, y unos con menos raciocinio que otros) y eso nos da una visión sesgada de la realidad circundante, lo cierto es que nuestra tierra es hermosa y nos recibe siempre con los brazos abiertos… A ella nos vamos ahora a caminar, a descubrir los pueblos más llamativos, con mayor fuerza en sus perfiles. De los 919 municipios con que cuenta nuestra Región Autónoma (más de la mitad no alcanzan una población de 500 habitantes), destacan algunos por su prestancia, por su importancia histórica, o por las referencias patrimoniales y visuales que poseen. A ellos, como símbolos de un territorio en su día de fiesta, quiero referirme ahora. Para que sigan estando en el plano de posibles objetivos a viajar hasta ellos. Son cinco pueblos, uno por provincia. Puestos aquí con el exclusivo mérito de ser mis preferidos.  Chinchilla de Montearagón Tras caminar por las llanuras de la Mancha de Montearagón (la que se acerca al Levante) en lo alto de un cerro se ve con asombro un castillo imponente: es el de Chinchilla, tierra fronteriza. El pueblo, descolgado sobre las faldas del cerro, cuestudo y animado, es uno de los espacios con mayor fuerza evocativa de nuestra tierra. Esa evocación se centra, con dinamismo urbano y variedad de arquitecturas, en la plaza mayor, la plaza del Ayuntamiento, donde sobresale el edificio concejil, al que siempre miro con asombro. El Ayuntamiento de Chinchilla es un elemento arquitectónico complejo. Se conforma con la suma de tres grandes edificios que a lo largo de los siglos han ido teniendo diversos usos públicos. El cuerpo central es el más antiguo, pues fue construido en el siglo XVI. En él se situó la gran puerta principal, de estilo plateresco, que se abre a la calle llamada de La Corredera, y que sigue constituyendo el único acceso, o el principal, al Ayuntamiento de hoy. Esta fachada, fechada en 1590, se incluye en un estilo que se ha denominado manierismo andaluz vandelviriano, porque lleva en su conjunto ornamental una serie de elementos utilizados con profusión por Andrés Vandelvira y su escuela: rombos, espejos, recuadros lisos y cajeados, etc. Es esta una fachada de edificio público muy armoniosa, destacando el hueco […]

Grandes fuentes de Castilla-La Mancha

El disfrute del patrimonio monumental de nuestra Región de Castilla la Mancha, es uno de los motivos que nos empujan a menudo a viajar por ella. Recorrerla en toda su amplitud es siempre un ejercicio entusiasta y que requiere tiempo, y dinero para gasolina. Pero la satisfacción de encontrar sorpresas por sus caminos, en las plazas mayores de sus pueblos, y desmadejar sus historias al hilo de una estampa (el viejo castillo, el molino, la serrijada de encinas o la fuente manantial) no tiene precio. Aquí animo a mis lectores a que se marquen la Ruta de las Fuentes por Castilla la Mancha, y en cuanto puedan hacerlo, recorran sus cinco provincias para mirar, y admirarse con ellas, las mejores fuentes de cada enclave.  Albalate de Zorita, Guadalajara: la Fuente de la Villa Albalate de Zorita, en Guadalajara, nos ofrece una de las mejores fuentes de esta provincia. Muy interesante es la Fuente de la Villa, que a un lado de la carretera, en parte baja y frente al caserío se encuentra. Se trata de un muro de fuerte sillería en el cual se muestra magnífico escudo con la cruz del perro en él tallada. De este muro surge gran caudal de agua por ocho gruesos caños en forma de leoninas o perrunas cabezas, que cae en pilón amplio y de allí va a regar huertas y cañamares. Es, además, un curioso ejemplo de fuente renacentista, por lo que atañe al modo de recoger el manantial y canalizarlo; se acogen las aguas de varios manantiales muy próximos entre sí, canalizando cada uno por separado; luego se reúnen en dos ramas, hasta formar una sola canalización que forma una especie de remanso, dividido en dos conductos, pero superpuestos; el de abajo lleva sus aguas al campo, y el de arriba las lleva a la fuente, que tiene un hueco grande ocupado por un enorme cántaro de barro. Por la parte de atrás de la fuente, salen otros tres caños que vierten en otro pilón. Belmonte, Cuenca: La fuente grande de la plaza de Enrique Fernández En la plaza que se llamó “del Pilar” porque lo tenía, de piedra, y muy grande, en un costado, junto a un abrevadero donde se acercaban a beber las caballerías, en su costado norte se alza esta fuente, la mayor del pueblo y una de las más sugerentes dela Mancha. Laplaza que está dedicada a Enrique […]