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Tierras del Ducado: La Hortezuela y Padilla

Seguimos por tierras del ducado de Medinaceli. Por las más altas tierras de nuestra provincia, a las que embarga el silencio, la pureza del ambiente, la magia de un horizonte luminoso y nítido. Esta vez llegamos a la Hortezuela de Océn, y subimos al picacho de Padilla del Ducado. En La Hortezuela de Océn  Está Hortezuela situada sobre una loma que otea el suave valle de su nombre, y que dará en el Tajuña por debajo de Luzaga. Apiña su caserío en derredor de la gran iglesia parroquial. En su término, de rica agricultura y bosques, existe una gran laguna. Frente al pueblo, en las alturas norteñas que limitan el valle, sobre unas eminencias rocosas, se alza la ermita de la Virgen de Océn y los restos mínimos de su antiguo castillo. ¿Qué más puede pedir, un pueblo de España, que tener así conjuntados, tan cerca uno de otro, el cerro, los huertos, la vega, la ermita románica y el viejo castillo? Todo en derrumbe, sí, pero todo en orgullo de antiguas edades. Fue este un lugar frontero y transitado durante la Baja Edad Media. Su castillo, de origen árabe, fue atalaya vigilante de este valle en el que ya existía población desde la época romana y aun anterior, como lo demuestra la necrópolis celti­bérica que en la falda de este cerro excavó el marqués de Cerralbo. Y como luego se ha demostrado en excavaciones en la vega, en la que aparecieron los restos de un villa romana. Su nombre de Santa María de Almalaff, figura en el límite occidental del señorío de Molina, cuando don Manrique de Lara extendió el fuero molinés, dándole fronteras. De esta antigua población quedan muy pocos restos, habiéndose tras­ladado en siglos posteriores a su actual asentamiento, y per­teneciendo sucesivamente al Común de Medinaceli, y luego a sus señores los duques de tal título. De tanta historia nos quedan hoy pálidas huellas que debemos recordar: de la estancia celtíbera, restos funerarios y cerámicos que se conservan en el Museo Arqueológico Nacio­nal. De la época romana se han encontrado notables restos de una gran villa residencial, en el borde derecho de la carretera que va a Riba de Saelices, en lo más declive del valle: junto a los cimientos y muros con restos de pintura, han aparecido monedas romanas, objetos de uso diario, cerámica sigillata y una pieza hermosamente tallada en piedra. De la época árabe […]

Los Romanos invaden Guadalajara

Desde hace unos días, y hasta primeros de febrero de 2014, está expuesta en las salas bajas del palacio del Infantado la exposición “La Romanización de Guadalajara”, una didáctica muestra que nos ofrece clara visión de nuestro proceso histórico más antiguo, más genuino: el momento (largo, de siglos) en el que la población autóctona de nuestro territorio (Alcarria ahora, y Campiña, más la Sierra y el enclave molinés) recibe la invasión de un pueblo fuerte y moderno: la República de Roma, y sus ejércitos, tomando el control militar primero, y social y cultural después. En muchos países de América, se sigue inculcando el odio a España, y a los españoles, diciendo que hace cinco siglos llegaron allí a matar aborígenes y a llevarse el oro de sus minas. Todos sabéis que eso es falso, que los españoles dejaron tal reguero cultural y tan grande aporte de mejoras, que hoy América es lo que es por lo mucho que llevaron los españoles, y los portugueses, desde la Península Ibérica. Entre otras cosas el idioma. Hace mucho más tiempo, más de dos mil años, ocurrió una cosa similar en el Mediterráneo: los romanos, sus próceres, y sus ejércitos, pero también sus colonizadores, sus escritores, poetas e historiadores, llegaron a la península, a Hispania, y la entregaron su idioma, su Derecho, sus costumbres y su cultura. De ella vivimos ¿A alguien se le ocurriría hoy despotricar contra los romanos? ¿Fueron invasores? ¿Nos robaron algo nuestro? Yo creo, sinceramente, que no: nos aportaron la cultura en la que hoy vivimos, modulada luego por el genio propiamente hispano, que quedó vivo desde el ADN de aquellos celtíberos y carpetanos a los que podríamos considerar nuestros ancestros raciales. Los pueblos autóctonos Esta historia, repartida por el suelo y las paredes de cuatro grandes salas, es la que nos muestra estos días el Museo de Guadalajara a través de su exposición “La Romanización en Guadalajara”. Magnífico trabajo que ha sido comisariado por Emilio Gamo, María Luisa Cerdeño y Teresa Sagardoy. En ella, a través de paneles explicativos, muy didácticos, y de piezas rescatadas de otros museos, del propio de Guadalajara y de almacenes diversos, se nos muestra la evolución de nuestro territorio en los últimos siglos antes de Cristo y los primeros de nuestra Era. Por supuesto que se habla de los celtíberos (pobladores del norte de la actual provincia, en torno al Tajuña, al Henares, al […]