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junio, 2021:

El despoblado de Aldovera

casas de san isidro en aldovera

Una ruta inédita, que te llevará por tierras de silencio, de sequía también, y de misterios. Varias veces he ido a recorrer este valle, entre Illana y el Tajo, y siempre descubro solemnes y nuevas perspectivas. El aire soplando sobre las matas de esparto, y en el azul volando águilas, azores, oropéndolas. En el recuerdo, el caserío de Aldovera, hoy convertido en finca de regadío.

En término de Illana se conservan los restos, (que hoy forman una finca privada a la que se da nombre de “Las Casas de San Isidro”) de un antiguo poblado o villa que tuvo existencia documentada en tiempos pasados. Era Aldovera. Fruto de repoblación, quedó en posesión de la Orden de Calatrava, alcanzando a tener dos centenares de habitantes en la Baja Edad Media. Pero ya en época de Felipe II, concretamente en 1579, cuando envió a la Corte su correspondiente “Relación” que fue publicada recientemente con sus correspondientes aumentos (Ortiz García, 2002), se dice que no tenía habitantes “de asiento” y que sus tierras eran labradas desde los lugares a los que había pasado la jurisdicción de Aldovera, concretamente Illana y Albalate de Zorita.

Una de las cosas curiosas de este lugar, que fue pueblo nutrido hace siglos, y aun muy poblado en la Edad Media, de la que heredan oscuras leyendas de moros y cristianos, es la existencia de unas cuevas talladas en un rocoso cantil del costado meridional del valle. Merece la pena revisar aquí lo que esa “Relación Topográfica” sobre Aldovera dice, porque da claves curiosas para interpretar esas viejas leyendas repetidas. Dice así: 

Respuesta 31. En cima del lugar hay señal, y rastro del edificio que se dize que fué castillo de tapia, está en un alto, encima de todas las señales de casas que ubo; y mas vajo del lugar la vega abajo medio quarto de legua a la sombria en la orilla de la vega, en unas peñas de yeso tajadas hay una cueba mui fuerte que se dize que fue hecha de Moros, que tiene la entrada mas de un estado del suelo, es redonda de una brazada de ancho y otra de alto abajo, y entra diez pasos adentro, y en el cabo hay anchura para poder estar veinte ombres sentados y por lo mas oscuro hay una entrada a dos salitas, la entrada es estrecha quanto cabe un hombre, apretadamente como boca de tinaja, y las salitas estan mui claras porque tienen dos ventanas hacia la vega, que estaran quatro estados del suelo, y ahora tienen entrada por lo claro de la Cueba que se la han hecho gentes del campo que abregan alli de noche, y se dize la Cueva de Varches.

Respuesta 33. Dizese que en este pueblo ubo un hombre de Santa vida, que se decia Ysidro, que estava a soldada con un vezino deste lugar, y tenia destajado en su soldada con el animo que havia de oyr misa cada dia, y que hizo nuestro Señor Dios por el en su vida milagros; por que se dize que yendo el amo haverlo que hacia que tenia poco arado, y el amo ubo enojo con el, y el santo habia arado poco, por haver estado en oracion, y contemplazion; y prometio al Amo que el enmendaria, á otro dia siguiente aquella falta, y que el otro dia yendo el Amo a verlo vido ántes que llegase arando dos pares de mulas en su haza, y desde que llegó, no vio mas de sus mulas, y arado como de dos pares, y el Amo le preguntó que si le havia ayudado arar alguien, y el santo no havia visto que le ayudase alguien, dijo que no; y el Amo callo lo que havia visto entonces.

Y despues que este santo murio tenian los huesos en un relicario, y un año mui esteril, y falto de agua el verano alla en Abril, ó en Mayo que llevaron los deste lugar en prozesion los huesos deste santo á esta fuente que se dize la fuente del Santo Ysidro y el clerigo los metio en la fuente, y que con hazer el dia claro quando salio la prozesion que a la buelta para el pueblo les llovio mucho, y esto digo yo que seria de hedad de siete, ó ocho años lo vi.

Y luego Ortiz García añade en sus Aumentos: “Ciñéndonos a lo referido textualmente, los declarantes se mostraban en grado sumo minuciosos en la descripción de las casas, montes y tierras, destacando, sobre todo, en la de una cueva «que se dice hecha de Moros». Pero el relato más singular, sin duda, es la apropiación que hacen de la tradición de San Isidro Labrador: Con todo lujo de detalles cuentan el milagro atribuido a este santo, consistente en que un ángel labraba dirigiendo las mulas (en este caso, en lugar de los madrileños bueyes) mientras el santo oraba, ante el pasmo del dueño de las tierras. Igualmente se le atribuye otro milagro, consistente en hacer brotar una fuente por medio de un golpe de aguijada. E incluso milagros «post mortem»: teniendo sus huesos en un relicario, un año particularmente estéril provocó una gran lluvia, siendo testigo uno de los declarantes. Aún así, su iglesia parroquial se decía de la advocación de San Miguel”. 

Los restos del despoblado de Aldovera

Cuando hace años escribí un libro sobre Illana, tras haber compartido con sus gentes una larga temporada, y haberme recorrido en detalle su ancho término, venía a decir que para llegar a Aldovera desde Illana había que ir bajando, por caminos de tierra, hacia el valle del Tajo. “Hoy sólo puede contemplarse un conjunto, más bien ruinoso, de edificaciones de aspecto rural. Solo rompe la monotonía un alto palomar que parece rememorar algún torreón medieval de vigilancia. El paseo hasta Aldovera tiene el aliciente de saberse en territorio de plenitud histórica, en medio de un paisaje adusto y seco, pero fuerte y viril, como si el peso de la historia hubiera quedado prendido en los perfiles de la escena. Aquí tuvieron casa fuerte los comendadores calatravos, y se mantuvieron alertas en la Baja Edad Media frente a posibles amenazas musulmanas por el valle del Tajo” (Illana y su entorno, 1999).

La Cueva de la Mora encantada

En ese valle de Aldovera, y en un alto cantil rocoso de su lado izquierdo, se abre la Cueva de la Mora Encantada, que antaño fue nombrada la “Cueva de Varches”. Nadie todavía la ha dedicado un estudio, siquiera somero, porque es de difícil acceso. Pero sin duda es cueva artificial, excavada para servir de habitación, a resguardo de amenazas, porque se sitúa a unos 8 metros sobre el nivel del suelo. En la parte baja de la roca se ven señales de mechinales y de haber habido habitación añadida. Arriba, se ven tres bocas de un tamaño aproximado de 0,5 por 1 metro, para acceder a su interior, limpio y diáfano (según dice la Relación) con una sala amplia de la que surgen por pasadizos accesos a otras dos salas, cada una de ellas con su mirador.

la cueva de la mora encantada en illana

Como es lógico, la Cueva de la Mora Encantada de Illana ha dado lugar a diversas leyendas, centradas en tiempos y personajes islámicos, a los que en Castilla se adscribe todo lo que de antiguo y maravilloso existe. Dicen que hace muchos siglos, en aquel paraje de altos roquedales calizos, a la orilla izquierda del valle que de Aldovera va a Vállaga, donde se ven oquedades que se comunican entre sí, y que son como habitaciones de un palacio, vivió una princesa mora, que durante el día permanecía en su interior escondida, y por las noches salía al exterior, y se peinaba. Y en Santa Cruz de Mudela se contaba otra conseja que hacía a esta cueva lugar de adoración y misticismos secretos.

Parece evidente que este fue lugar habitado, al menos su entorno, desde antiguas épocas. Y muy posiblemente fuera espacio habitacional de eremitas en la época del Monasterio Servitano, pues este valle de San Isidro en Aldovera se encuentra aguas abajo, a poco más de dos leguas, de la ciudad de Recópolis. Las salas altas excavadas en la roca, de muy difícil acceso, podrían haber cumplido la misma misión que en otras del entorno (como las no muy lejanas Cuevas de San Román, en término de Peralveche) y haber sido lugar de enterramiento o aislamiento total de eremitas, mientras en la parte baja, y a la orilla del camino, otros solitarios oraban y se relacionaban con los pasajeros, que en esa época del dominio visigodo, posiblemente no existiría aún lugar poblado en Aldovera, villa de creación posterior.

Orientaciones para la visitaLa mejor forma de recorrer el valle de Aldovera es saliendo de Illana por el camino que hay frente a la ermita de San Joaquín y Santa Ana, y siguiendo y cruzando por las antiguas eras, en dirección norte, se va bajando suavemente hacia el valle, donde encontramos entre arboledas los restos del poblado y una finca actual, las “Casas de San Isidro”. Desde ahí, seguir el camino a la derecha del arroyo, en dirección NO siempre. En Google Maps se reconoce este camino con el nombre de “Calle del Hospital”. Otra forma de acceder es desde la carretera GU-249, que viene de Almoguera, y nada más pasar junto a la Piscifactoría del Tajo, y tras ascender la cuesta donde asoman las ruinas del castillo de Vállaga, tomar el primer camino a la izquierda, que nos llevará en dirección E. hacia el entorno descrito. A medio camino, en unos pronunciados cantiles yesosos, se reconocen perfectamente las cuevas.

Lecturas de Patrimonio: los Eraso, un matrimonio sobre el mármol

grupo escultórico de eraso en Mohernando

Hace escasas fechas, he puesto en librerías y a consideración de crítica y lectores un libro sobre “Enterramientos artísticos de Guadalajara” en el que pongo señal -escrita y gráfica- de los más curiosos o discretos módulos que algunos alcarreños y alcarreñas de siglos pasados escogieron para descansar bajo la tierra. Hoy recuerdo el mausoleo que los Eraso de Humanes y Mohernando dejaron brillantemente tallado en su iglesia campiñera.

La lectura de una obra de arte conlleva varios niveles de análisis. Ya se sabe, el clásico sistema de Panofsky, la secuencia formal-iconográfico-iconológica, en la que el espectador recibe la información a través de tres lecturas sucesivas: la forma, el mensaje y el significado.

En esta ocasión nos enfrentamos a una obra escultórica, un tratamiento armónico de la materia espesa, concretamente el mármol, para definir lo mejor que le es posible al artista un personaje o personajes, una actitud, y un sentido que transmita proyección social a la par que belleza.

De esta manera, y tras llegar a la pequeña población de Mohernando, en la vega del Henares, en un altozano, y arribar a su plaza, alcanzamos el espacio que contiene la obra. Está situada en el presbiterio antiguo del templo parroquial de Mohernando, hoy separado de la nave usada por un muro completo, y en el seno de ese espacio vacío, sobre las gradas del primitivo altar, en el lado del evangelio, vemos el grupo escultórico de los señores de Humanes y Mohernando, compuesto por don Francisco de Eraso, su esposa doña Mariana de Peralta, y San Francisco protegiendo a ambos. La calidad artística de este monumento es de suma importancia, y hoy podemos verle de nuevo entero, tras haber sufrido múltiples daños y avatares a lo largo de los siglos. 

El enterramiento de Eraso

En la lectura formal, encontramos un túmulo rectangular, sobre el que apoya el conjunto escultórico, y sobre él, por remate, un frontón que incluye las armas del linaje. Al frente del túmulo se puso una lápida con frases latinas que dicen así: «D.O.M.S. FRAN ERASO, VIRO CLA CVIVS OPERA FIDES ET INDVSTRIA MAXIMIS REIP TEMPORIBVS CAROLO V IMP AVG PIO FELICI INVICTO ET PHILIPPO CAR F HISPA REGI CATHOLICO MAX MAGNO VSVI FVERE COMMEDATORI MORATALACII OMNIBVS ORNAMENTIS HNORIS ET DIGNITATIS DECORATO MARIANA PERALTA VXOR MARITO B.M. POSVIT ANNOS LXIII OBIIT VI CAL OCTOB ANNO D.N.I.M.D.LXX.», y que podrían ser traducidas e interpretadas como “Al Dios Optimo y Maximo, Salve: Mariana de Peralta, esposa de Francisco de Eraso, erigió este monumento en memoria de su marido. Fue este varón esclarecido; sus obras, su fidelidad y su consejo y su diligencia prestaron señalados servicios a su patria, en momentos graves, bajo los reinados de Carlos V, Emperador augusto, piadoso, feliz e invicto, y de su hijo Felipe, el rey mas católico de España. Fue Comendador de Moratalaz y disfrutó de todas las preeminencias de honor y dignidad. Vivió sesenta y tres años y murió el 6 de octubre del año del Señor de 1570”.

Es casi seguro que este grupo se debe a la mano del escultor Juan Bautista Monegro, uno de los máximos exponentes del arte majestuoso del imperio filipino, y con quien Eraso y su esposa tuvieron relación personal. Debió ser realizada esta maravilla entre 1570 y 1578, justo después de la muerte de don Francisco, y con doña Mariana aún viva. Él aparece en su madurez, con barba fina, revestido de armadura y cubierto por el manto calatravo. Ella va ataviada con tocas de viuda, y aparece recogida y orante. Divergen sus miradas, pues la del caballero va a su derecha, y la de la dama a su izquierda. El santo protege con sus brazos a ambos.

Este grupo escultórico, que es pieza señera del clasicismo manierista en España, lo estudió muy en detalle Ricardo de Orueta en su libro “La escultura funeraria en España” dedicado a las provincias de Ciudad Real, Cuenca y Guadalajara. Ahí puede el lector encontrar materia, entre divina y humana, en torno a la visión de esta obra. De momento, yo recomiendo que se vaya a Mohernando, que se entre en su iglesia, y que se contemple este conjunto, porque es de lo mejor que tenemos en la provincia.

Quien fue Francisco de Eraso

Para tener una visión clara de una obra de arte, conviene saber algo de la personalidad del sujeto interpretado por mano del artista. Así, hay que saber ahora que Francisco de Eraso tuvo gran importancia en la vida política nacional durante la segunda mitad del siglo XVI. Nacido en 1507, en Madrid, pero originario del lugar navarro de Eraso, alcanzó el señorío de toda la Encomienda santiaguista de Mohernando. Era caballero de la Orden de Calatrava, comendador de Moratalaz, y secretario del Consejo y Real Hacienda de Felipe II en 1556. Anteriormente había estado al servicio del emperador Carlos, de quien fue Notario Mayor, autorizando como tal las renuncias que éste hizo en favor de su hijo, de sus estados de Castilla, Flandes, Indias y los maestrazgos de las Órdenes Militares. Más de una década estuvo al servicio del Rey Felipe, muriendo en 1570. 

Fue su esposa doña Mariana de Peralta, hija de D. Pedro del Canto y de doña Mariana de Peralta, quien mandó construir y ejecutar el enterramiento de su marido y suyo, consistente en una talla escultórica en la que aparecieran sus figuras amparadas por San Francisco de Asís, colocándola sobre un plinto en la iglesia parroquial de Mohernando, sobre las gradas del altar y sobre la cripta que bajo estas contendría los cuerpos de ambos personajes. 

Habían fundado un mayorazgo en la persona de su hijo mayor don Carlos de Eraso, extendiendo la correspondiente escritura fundacional en Madrid, en marzo de 1567. Figura en ese mayorazgo la gran cantidad de bienes inmuebles que poseían, pues además del señorío de Mohernando, Humanes, Robledillo, Cerezo y Razbona, tenían las dehesas de Gargantilla y La Penilla en Santillana, así como buena copia de edificios principales en Toledo, en Madrid y en Segovia, con el Parral del Pirón en los aledaños de esta ciudad.

También la heráldica se empareja a veces con la historia y de ella, de sus manifestaciones en forma de talla, pintura o forja, sacamos relevantes conclusiones. Así ocurre con los escudos de armas que sobre los altos muros de rojizo sillarejo y piedra rodada que forman el presbiterio o ábside de la iglesia parroquial de Mohernando, aparecen hoy, finamente tallados y muy bien conservados, con los emblemas del mayorazgo fundado por don Francisco de Eraso y su esposa doña Ana de Peralta. 

La mejor descripción que cabe hacer, en el idioma del blasón mas estricto, de este escudo erasiano de Mohernando, es la que un ignoto «rey de armas» puso en la escritura de fundación del Mayorazgo de los Eraso, hecha en Madrid a 20 de Marzo de 1567, y conservada actualmente en el Archivo Histórico Nacional, sección de Consejos, legajo 4863, de donde la hemos sacado. Allí se describen los ricos paños que ornamentaban la cama de don Francisco de Eraso, y que eran precisamente estos: «un escudo partido en cuatro cuarteles. En el primer cuartel las armas de ERASO, que han de ir derechamente y por principales, a la mano derecha, que son dos lobos de sable en campo de plata con una estrella o lucero encima de los dos lobos. Y en el cuarto bajo de la mano derecha, las armas de los HERMOSAS, que es un escudo partido en cuatro partes, y en las dos partes dos veneras de plata, una en contrario de otra, en campo azul, y en los otros dos cuarteles dos flores de lis coloradas en campo de oro y por orla de este cuartel una cadena de oro en campo colorado. Y en el cuarto alto de la mano izquierda las armas de los PERALTA, que son un escudo, el campo colorado, y la cuarta parte de él, una faja de plata con seis aspas coloradas por orla en campo de plata. Y en el cuarto bajo de la dicha mano izquierda, las armas de los BARROS, que con cuatro fajas coloradas en campo azul, y en las dichas fajas sembradas trece estrellas de oro, y por orla, de la mitad del escudo, a la mano izquierda, veros azules y de plata. Y encima de todo el escudo, un yelmo abierto, con su divisa de las armas de Eraso, que es un lobo negro, con sus pendientes de follage de oro y colorado, como aquí van declaradas».