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La Puerta en dibujos

El análisis del patrimonio se puede hacer de muchas maneras: documentando el edificio u objeto a estudiar, observándolo y describiéndolo al detalle, fotografiándolo y, finalmente, dibujándolo. A veces aparecen nuevos perfiles, detalles inesperados, una visión mejor y más fuerte del elemento patrimonial que queremos estudiar. En esta ocasión nos vamos a la iglesia parroquial –de estilo románico rural– de La Puerta, en el estrecho valle de su mismo nombre, en plena Alcarria.

La iglesia parroquial de La Puerta, hundida con todo el pueblo en lo profundo de uno de los más pintorescos valles de la Alcarria, tiene dos aspectos para quien la visita. De una parte, la imagen externa, bastante sencilla, casi anodina; de otra, su aspecto interno, el que sólo se muestra tras pasar bajo el dintel de su portalón meridional.

Para quien llegue a La Puerta y examine con la lupa del buscador de obras de arte su parroquial templo, poco hallará de interés. Al oeste se alza la espadaña, moderna del siglo XVII, sin estilo definido: es una espadaña para las campanas, igual a otras muchas. La fachada del mediodía tampoco tiene nada de especial. Se puso nueva, cubriendo la primitiva fachada, en el siglo XVI, y solo ofrece una pequeña puertecilla que da acceso al atrio cerrado en el que, ahí sí, de verdad, surge la portada antigua.

Todavía el espectador que llega un domingo a deshora, puede ver (si el templo está cerrado) por fuera el ábside, que lo remata por Levante, y que ofrece su perfecta planta semicircular, alargada por el presbiterio, con ventanillas aspilleradas, y modillones simples, en una postura que reúne todos los aditamentos para decir de élla que es la perfecta forma románica. De sus ventanas, dos muestra la aspillera central rodeadas de sus columnillas de corto canon, rematadas en capiteles, en los que la geometría es el motivo único.

Si conseguimos traspasar la puerta exterior, pasamos al breve atrio en el que se alza la singular portada interior. Esta sí que es una portalada netamente románica, abierta en el muro sur. Sin duda, la pieza mas hermosa del edificio, y que bien merece su admiración detenida. Hay que pedir la llave a quienes la tienen, para penetrar desde el exterior al atrio en el que, resguardada del sol y la lluvia, se mantiene como nueva después de siete largos siglos. Se trata de un ejemplar abocinado, formado por cinco arquivoltas semicirculares, adornadas la más interna con un dintel curvo y liso; la segunda y tercera con baquetones en zig‑zag que abrazan a un gran cordón continuo; la cuarta presenta una serie de cordones unidos por escocias, boceles y biseles, siendo la quinta la más voluminosa, adornada también por un baquetón zigzagueante. Por fuera corre una cenefa cuajada de puntas de diamante.

Todas estas arquivoltas apoyan a su vez sobre laterales columnas, cinco a cada lado del vano de la puerta, y coronada cada una por su correspondiente capitel, en los que lucen motivos florales, vegetales y aun zoomórficos, con elementos del bestiario medieval. Realmente es una sorpresa entrar en este estrecho atrio, y encontrarlo ocupado en todo el muro del fondo por esta notable portada románica, que parece de gran iglesia ciudadana más que de templo aldeano. 

Hubiera sido una posibilidad, a la hora de restaurarla, como se hizo no hace muchos años, dejar esta portada vista al exterior. Para ello hubiera habido que eliminar los dos cuartos que se construyeron en el siglo XVI a sus lados, y que en el más oriental está ocupado por la capilla de la Virgen de los Dolores, con cierto interés monumental, y sobre todo sentimental para los habitantes del pueblo. Por ello se comprende la imposibilidad de haber realizado esta medida restauradora ideal.

Todavía en el exterior del templo, son de destacar la serie de canecillos que cuelgan del alero del muro meridional, trasladados allí desde el primitivo alero que se quitó al ensanchar la iglesia en el siglo XVI. Hay en ese grupo de sonrientes cabecillas todo el simplismo y la fuerza ingenua de la escultura medieval. Son animales, cabezas humanas, algún vegetal, lo que nos grita desde su altura. Una galería perfecta de formas y escorzos.

Al interior, presbiterio y ábside están cubiertos de bóvedas de recia sillería, pálida por ser caliza, y solemne, como todo lo hecho en piedra. La entrada al presbiterio se forma de un arco triunfal muy alto y valiente. Sobre él hubo, en los primeros tiempos, una espadaña que (como ocurre aún en Hontoba, y ocurrió en La Golosa, en el término de Berninches) se apoyaba en ese gran arco y surgía encima del templo.

Dibujos aclaratorios

En esta ocasión, además de recordar la existencia y describir la iglesia parroquial –románico rural puro de la Alcarria– de la villa de La Puerta, he querido mostrar algunos de sus detalles en forma de dibujo. Y así enseño la estructura simple y contundente del ábside, la parte más importante en el rito de una iglesia, porque contiene el altar, donde se consagra el pan y se transmuta en Cuerpo de Cristo: es la cabecera de un conjunto, orientada al Oriente, el lugar por donde sale el Sol, esencia de todo.

Otro dibujo contempla las dos ventanas de ese ábside, en una estructura sencillísima pero contundente, con sus cortas columnas, sus ejemplares capiteles (en este caso de tema vegetal, muy puro, casi geometría plana) y sus arquivoltas protectoras, sirviendo para iluminar, a través de unas estrechísimas aspilleras que más parecen disparadero de saetas que otra cosa. Son equilibradas y elegantes, esencia del estilo.

Las ventanas del ábside de La Puerta.

«Las ventanas del ábside

son equilibradas y elegantes,

esencia del estilo».

Sigue el dibujo con unos cuantos canecillos que soportan el alero de la nave en su costado meridional. El nombre le viene (canecillo = pequeño can, pequeño perro) de que esos elementos estructurales de la cubierta solían tallarse representando cabezas de animales del entorno. En el caso de La Puerta, vemos seres humanos, un hombre, y una mujer, los primeros por la izquierda, pero también, muy nítidos, tres animales, de los cuales primero hay una especie de perro ó lobo, otro deteriorado, y el final un monstruo de grandes orejas, ojos y cabeza deforme.

Después muestro la ristra de los cinco capiteles tallados en el costado derecho de la portada del templo (izquierda del espectador). Aunque en ellos priman los elementos vegetales, y algunos limpiamente geométricos, aún aparece en el segundo una cabeza humana, tan pequeña que no puede identificarse sexo o profesión. Es esta la muestra más elegante del románico, el tejido pétreo sobre los capiteles, como expresión didáctica de un empeño evangelizador. Unas veces son escenas religiosas, catequizantes, y otras simples plantas o trazados, evidencia de la Belleza Pura, del ascetismo donado.

El último de estos dibujos con los que ilustro mi breve reportaje de La Puerta es un esbozo de la estructura y decoración de su portada. Aquí en orden de fuera adentro se ven las puntas de diamante (dientes de león otros les llaman) y que vienen a ser acompañantes del fiel que accede a la entrada al Paraíso. El resto de arcos que forman la bocina de la portada, se ven ocupados por boceles, baquetones simples, y cintas rayadas en zig-zag, quizás con un sentido de “dificultad pero en el recto camino” que advierte a los fieles que pasan al templo su momento vivencial más importante, la entrada al recinto sagrado, la comunión con Dios y su corte de santos, santas, ángeles, ministros…

Podía haber aportado las fotografías, como otras veces, pero en esta ocasión he querido poner solamente dibujos, en un intento de probar otra vía en el camino definitivo del conocimiento, aprecio y defensa del Patrimonio Artístico alcarreño.

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