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Un centenario con sabor alcarreño: Santa María Micaela

En estos días se ha cumplido el segundo centenario del nacimiento de una mujer que llenó el siglo XIX con su actividad y fue recompensada por ello con el grado máximo que un cristiano puede obtener: el grado de la santidad.

Micaela Desmiassiéres y López de Dicastillo nació en Madrid, el 1 de enero de 1809, en los turbulentos momentos en que la patria está sacudida por una terrible guerra, que es de independencia frente al invasor francés, y es civil entre liberales y absolutistas. El odio y la venganza corriendo por todas las venas, y abriéndolas para soltar la sangre, y con ella la vida, de cientos de miles, quizá de millones, de españoles.

 

Una referencia biográfica

La relación de esta santa española, -de la que se cumple ahora exactamente el segundo centenario de su nacimiento-, con Guadalajara, pasa por la presencia siempre brillante y vibrante del panteón de la condesa de la Vega del Pozo, del gran complejo educacional de San Diego de Alcalá (las Adoratrices), y de tantos y tantos otras cosas que fueron creadas por su sobrina, la duques de Sevillano, doña Maria Diega Desmaissiéres y Sevillano, condesa de la Vega del Pozo, y vizcondesa de Jorbalán, título este último heredado de su tía la santa.

Daré aquí escuetamente algunos datos de su vida, porque sé que hay muchos lectores que quieren tener estos datos, que son los que mejor centran una vida y una actividad. Una vida llena, la de Micaela Desmaissiéres, una vida entregada y un riqueza –la de su familia que ella pudo disfrutar- distribuida generosamente en el difícil siglo que la tocó vivir.

Fue su padre el general Miguel Desmaisières y Flores, leal a Fernando VII y participante en la guerra contra los franceses. La niña fue trasladada a Pau en cuyo colegio de Ursulinas se formó. Su padre murió en 1822 y Micaela siguió al lado de su madre Bernarda López de Dicastillo y Olmeda, condesa de la Vega del Pozo y marquesa de los Llanos de Alguaza. Por tener muchas propiedades en tierra de Guadalajara, todos los veranos venía a esta ciudad, viviendo en el palacio de su familia (hoy Colegio de los Hermanos Maristas). Desde pequeña se inició en los impulsos caritativos, poniendo aquí una escuela para 12 niñas donde las enseñaba la doctrina, coser, planchar. Su madre murió en 1841 y entonces queda sola aunque no desasistida, pues su riqueza es inmensa.
El 6 de febrero de 1844, es una fecha fundamental para Micaela, según ella ha explicado, porque por primera vez visita el Hospital de San Juan de Dios acompañada de su amiga, y pedagoga, Ignacia Rico de Grande.
Ese día se encontró allí con “la joven del chal de cachemir”, anécdota que ella cuenta detalladamente en su autobiografía, donde dice:  “De esta historia y otras muchas… que en mis continuas visitas al hospital tuve lugar de saber y ayudar, nació mi primera inspiración de poner una casa o refugio donde pudieran vivir una temporada las jóvenes que salían del hospital…
Y en ello trabajó hasta conseguir abrir, en abril de 1845, un primer colegio que monta en una casa de la calle Dos Amigos de Madrid, siendo regido por ella y una junta de 7 señoras más. Al año siguiente recibió de forma oficial el título heredado de su padre, el de Vizcondesa de Jorbalán, y durante un tiempo vive en Madrid en opulenta riqueza. Pero es el padre Carasa, sacerdote jesuita, quien la inquieta y propone que dedique todo su tiempo a la caridad. Tiene suficiente dinero para, de momento, dedicar las mañanas a la caridad, y las tardes al mundo.
Es en los ejercicios espirituales de abril de 1847 cuando Micaela se convertirá completamente a Dios. Cuenta que un mes después recibió “una gracia decisiva”. Y cuenta “Sentí un trastorno muy grande y una luz interior que obró en mí efectos muy marcados...” Y ya en 1850 se hace cargo personalmente del colegio que había fundado en Madrid: vende sus joyas, sus vajillas y el equipaje para que la casa subsista. Se sirve aún de maestras seglares pues no es fácil encontrar “vocaciones de mártir”. En 1853 toma el nombre de Sacramento y con las alhajas que la quedan construye una custodia. Una de sus amigas, Ana Ballesteros, toma también el nombre de Hermana Caridad, y en 1856 crean ambas la Congregación de Adoratrices, Esclavas del Stmo. Sacramento y de la Caridad. Micaela se ha convertido ya en Madre Sacramento y ese mismo año escribe unas constituciones que serán aprobadas por la Santa Sede en 1861. En el siglo XIX, y más en esa década de movimientos sociales muy radicales, la inquietud hacia la protección de los muy pobres surge en muchas voluntades. De esa enorme voluntad de madre Sacramento surgen enseguida colegios en Zaragoza, Valencia, Barcelona y Burgos, El último surge en Santander, en 1865.
A comienzos de agosto de 1865, en plena canícula, Madre Sacramento está en Guadalajara escribiendo su vida. Vuelve a Madrid por no encontrarse bien de salud. Y allí se entera de que en Valencia ha aparecido un gran brote de cólera y algunas hermanas y colegialas han caído enfermas. No lo duda un momento, y acompañada de la hermana Catalina de Cristo se va a la capital del Turia en tren. En la parada que este hace en Aranjuez, tratan de disuadirla de su viaje “¿Vas a morir por las desamaparadas?” Y ella responde: -Son mis hijas… Y sigue el viaje.
A las 8 de la noche recibió el viático y al las doce menos cinco minutos de la noche, entregó su alma a Dios. Junto con ella morían una hermana y dos colegialas. Siempre se ha tenido por muy ejemplarizante y conmovedor el anecdotario de aquellos días de fin de agosto de 1865, en los que la madre Sacramento, sabiendo el enorme peligro que corría, quiso personalmente ayudar y acompañar a sus hermanas y muchachas acogidas enfermas, encontrando rápidamente la muerte por el cólera.

Un par de decenios más tarde, y a instancias de su instituto de monjas adoratrices, se inició el proceso de beatificación y canonización. Fue largo como casi todos… pero al fin la Santa Sede cumplió todos los trámites, alcanzando en junio de 1925 la beatificación, y finalmente en marzo de 1934 la calidad de santa.

Otros detalles de Santa Micaela del Santísimo Sacramento

Es destacable el hecho, incidental pero aclaratorio de su importancia social, del apostolado que Micaela Desmaissiéres ejerció sobre la casa real española, especialmente sobre la dama reinante en aquellos años, Isabel II de Borbón. En los últimos años de su vida esto le ocupó una buena parte de su tiempo. Después de haber abandonado, para no volver jamás, los salones del regio palacio, donde lució sus juveniles galas, volvió a palacio llamada por la misma reina y obligada por su confesor, San Antonio María Claret. La reina, que era de todo menos una santa, con Micaela se sinceró y se dejó llevar de sus consejos, tratando siempre de mantenerse totalmente al margen de intrigas políticas: incluso ella confiesa que hizo solemne voto de no pedir, jamás, algo a la reina.

Además de la congregación de religiosas adoratrices, Santa Micaela fundó en España las Escuelas Dominicales, según una idea traída de Bruselas y que implantó en Madrid, Zaragoza, Valencia y Murcia, extendiéndose desde allí por todo el país. Las “conferen­cias de San Vicente de Paul” la contaron igualmente entre sus miembros e intervino en la fundación de las de Zaragoza.

Una de las facetas más interesantes de la santa es la escritora. De ella han quedado varios documentos con la historia de su vida y de sus fundaciones, con los favores y luces que recibía de Dios, escritos por obediencia a sus confesores. Esta faceta de su vida es aún poco conocida aunque su autobiografía ha sido ya publicada, y con ella una inmensidad de datos que sirven para conocer mejor tanto a la santa, como a toda su familia, a su padre el general, a su madre de la familia de los López de Dicastillo, hidalgos navarros, todos ellos enormemente enriquecidos a partir de la Desamortización de Mendizábal. No es una casualidad que precisamente esta familia, luego en manos de su sobrina la duquesa de Sevillano, tuviera entre sus enormes propiedades las tierras justas, exactas, que habían sido antes de los jerónimos de Lupiana. Menos el propio monasterio, que lo compraron los Páez Xaramillo, el resto de las tierras jerónimas que englobaban especialmente los llanos de la Alcarria que media entre el Henares y el Tajuña (y que hoy es la finca de Villaflores, el sanatorio de Alcohete, los llanos entre Guadalajara y Yebes donde está asentando Ciudad Valdeluz y la Estación del Ave, etc,) pasaron a ser propiedad de su sobrina, María Diega Desmaissiéres y Sevillano, quien al morir soltera y sin testar dio origen al más increíble proceso de declaración de sucesores que se ha dado en España. De ese largo y enrevesado pugilato, surgió el Conde de Romanotes, los marqueses de Casa Valdés, y algunas otras familias adláteres como propietarias de esos terrenos de los que, aún, tanto se habla.

El recuerdo de la santa en Guadalajara

El palacio de los vizcondes de Jorbalán, donde hoy todavía tiene su sede el Colegio de los Hermanos Maristas, fue el lugar de residencia en Guadalajara de Santa María Micaela. Precisamente en la ciudad de Guadalajara vino a quedar la casa más importante y numerosa de la Congregación que ella fundó, la de religiosas Adoratrices. Esto fue realidad porque su sobrina, Diega Desmaissiéres, levantó en las afueras de la ciudad un gran edificio para servir de Asilo y Casa de recogida de muchachas con vida difícil, y al morir esta señora en Burdeos, todos quedaron de acuerdo en que las monjas heredaran de ella, al menos, esa edificación y con ella el cuidado del panteón de los Desmaissiéres y López de Dicastillo.

Un interesante libro que nos da muchos datos es el editado por Edibesa en 2004, y escrito Alberto J. González Chaves, titulado “Vida De Santa María Micaela del Santisimo Sacramento: La Santa de la Eucaristía, con 310 páginas de información.

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