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Feria en Tendilla, a la antigua usanza

Será Tendilla, este fin de semana en el que entramos, la corte de la alegría y la evocación. Por fin, después de años de tener a San Matías de espaldas (en lo que a climatología se refiere) va a  lucir el sol, no soplará el viento, y no hará frío. Eso llevará a miles de personas hasta la villa alcarreña. Las demostraciones ecuestres, los saltos de los titiriteros, las migas castellanas, y hasta una demostración de danza del vientre (en versión egipcia, que es la buena) darán motivos más que suficientes para que mucha gente se dirija a esta “Calle Mayor de la Alcarria” que es Tendilla. Que evoca, en su multisecular Feria de San Matías, los días grandes del Renacimiento.

La Calle Mayor, para ver y ser visto

Si algún monumento tiene Tendilla que la haga ser recordada por todos cuantos la visitan, este es sin duda la larga Calle Mayor que hace de principal arteria de comunicación y donde se centra la vida, la animación, y hasta donde se condensa, como en mágico conjuro, la historia toda del alcarreño burgo. Gracias a ella, Tendilla es, sin duda, uno de los mejores ejemplos de conjunto urbano tradicional en todo el ámbito de la región castellano-alcarreña. Y ello no lo debe al acúmulo de monumentos trascendentes en su aspecto individual, ni a la situación determinante del conjunto, ni siquiera al hecho de contar con una historia de dimensiones más o menos atractivas. Este título lo posee por juntar, a lo largo de toda una calle, que es su Calle Mayor, el eje primero de su vida urbana, un alargado muestrario de casas, de edificios públicos y privados, y de paseos soportalados, que surgieron además en un momento concreto de su evolución, a mediados del siglo XVI, confiriéndola a partir de entonces su definitiva y actual estampa.

Ya en el siglo XVI estaban tan satisfechos los vecinos de Tendilla de la prestancia de su pueblo, que en el largo informe enviado al rey Felipe II en 1580 (al que comúnmente se llama «Relaciones Topográficas») decían de sus calles y soportales: …Quiero adbertir una curiosidad que tubieron los fundadores que en la plaza y en las demás calles de la villa hicieron unos Salidizos y portales, que aunque llueba se puede andar la maior parte de la villa sin varros, limpieza que no se halla en pueblos de su manera… tiene muy buena plaza, y calles anchas de buena traza…

En la Calle Mayor de Tendilla se encuentran sucesivos todos los elementos que le dan la categoría de conjunto urbano de gran relieve. Desaparecidos ya el convento de los jerónimos que había sido primor del Renacimiento; el monasterio de la reforma francisca de La Salceda, con su opulenta sucesión de edificaciones y obras de arte; el castillo valentón de su altura; las murallas y puertas de su entorno, y aun las casas condales, hoy queda, a lo largo de un kilómetro de asombro, la sucesión de edificios que en su gran mayoría son viviendas particulares, y que se caracterizan por estar construidas, de forma sencilla, conforme a los cánones de la arquitectura popular alcarreña, esto es, planta baja de sillarejo y alta o altas de yesones y piedras sobre entramados de madera, todo ello enfoscado de yesos de diversos tonos. En su fachada principal, el portal da a los soportales que recorren el pueblo, y la planta principal ostenta balcones. Por atrás, tienen patios y cuadras. Ese amplio muestrario de construcciones populares sumadas unas junto a otras, con variedad larga de pilastras, de aleros y de soluciones en las bocacalles, es lo que confiere a Tendilla su carácter único. El gran arquitecto e historiador del arte, Luis Cervera Vera, dejó acabado un magnífico estudio de esta Calle Mayor de Tendilla, que hace un par de años, entre el Ayuntamiento de la villa y la editorial AACHE sacaron a la calle, ofreciendo en páginas de tono crema las sorpresas visuales que el académico Cervera dibujó con paciencia benedictina.

También en el informe enviado al Rey a finales del siglo XVI (de carácter fundamentalmente fiscal, aunque descriptivo y realista de la situación contemporánea) se expresaba la satisfacción de contar aquí y allá con casas de muy buen aspecto, especialmente las que ornaban la ancha Calle Mayor …En la dicha villa hay mui buenos edificios de casas; son fabricadas de yeso y madera, y algunas de piedra y cal; hay pocas de tapería de tierra… de esto es el sumptuoso Edificio de las Casas, en las quales hay aposentos, y salas muy preciadas con mui buenas portadas, y ventanage de obra Romana y curiosas molduras en mui buenas maderas de nogal y pino…  En esta calle mayor aparecen también edificaciones singulares. Y entre ellas cabe mencionar el palacio y oratorio adjunto de los Solano, que es una obra barroca sencilla pero muy digna, de la primera mitad del siglo XVIII, con fachada de líneas anguladas, escudo nobiliario en lo alto, y sillar bien tallado, que presenta un portón de almohadillados sillares y el cimero escudo de la familia. Junto al palacio está la capilla u oratorio de la Sagrada Familia, de nave única, también con fachada a la calle, ocupando todo ello, con sus enormes jardines posteriores, toda una manzana del pueblo.

Otro edificio singular es la iglesia, inacabada conforme al plan inicial de mediado el siglo XVI. De ella solo quedan terminadas la cabecera y parte de la nave, así como los arranques de muros y pilastras de los pies del templo. De ese primer impulso constructivo es el ábside de robustos paramentos, de contrafuertes moldurados y ventanales con dobles arcos de medio punto. La portada, más moderna, es obra de comienzos del siglo XVII, y está diseñada en clara tendencia manierista, con severidad de líneas, proporción achatada y un exorno lineal de cuatro columnas jónicas sumadas de un frontoncillo y vacías hornacinas. Solamente tiene terminada, y ello en el siglo XVIII, una de las dos torres proyectadas, que se debe al arquitecto Bradi, según nos acaba de demostrar el estudioso tendillano profesor García de Paz. Ya es chocante, en todo caso, que los tendillanos pretendieran hacer un templo con dos torres, como las catedrales más solemnes. Les faltó el dinero, que no las ganas.

Los halcones y las águilas

Los impulsos dados por Juan Antonio Nuevo y Luis Lorenzo, anteriores ediles de Tendilla, se ven cuajados con la confirmación de este año, en que la Feria va a ir a más. Hoy viernes, a partir de las 7 de la tarde, se inaugura con exposiciones de fotografías y esculturas. Por las noches habrá bailes, de los modernos, y algunos tradicionales a cargo del grupo de danzas del palacio de “La Cotilla”. Estos solamente el sábado.

Un grupo dse teatro medieval, “Cuerno la Cabra” se pondrá a recordar con sus representaciones los días del Medievo en que esta villa comenzó a crecer. Las mujeres de la Asociación Cultural se vestirán, como siempre, con sus mejores galas, dando con sus sonrisas y lozanía el mejor perfil de la Feria. Y se repartirán migas castellanas el sábado y por la mañana del domingo, para dar paso, a la 1, a esa demostración ecuestre que es desde el primer momento la esencia de la feria tendillera: exhibición de saltos de caballos, arrastre de troncos de mulas, demostración de labores con arado romano, herraje de caballos en caliente, para pasar luego de comer, a las 4:30 de la tarde, y en las eras de la Soledad, a la exhibición de aves rapaces.

Aunque ya se ha usado en muchos lugares, siempre es de admirar el control de los cetreros sobre tan peligrosos animales: los halcones, los neblíes, los azores, las águilas… A la usanza europea más pura, se verán las evoluciones bajo el azul de halcones, neblíes y otros elementos del nutrido grupo de las aves de presa. Veremos la demostración con el señuelo, que a veces ofrece la sensación de que no es un animal quien lo ejecuta, sino una máquina programada. Halcones encapuchados primero, luego libres para mirar con sus ojos universales, imparables, con sus garras afiladísimas, con sus picos que parecen máquinas de precisión, persiguiendo a la paloma.

Además de todo ello, estará la esencia de la Feria de San Matías: los puestos de comida, de zapatos, de guantes, de cestas, de mantas… el bullicio propio de la quincallería en el mejor sentido, el toma y daca, la fruta de colores, el olor de los chorizos, la persuasión de las olivas y las berenjenas, el dulzor de las almendras y los manises garrapiñados, de las nueces con miel, del alajú moruno… se merece Tendilla este alegrón, y nos lo merecemos todos, por aguantar en esta Alcarria olvidada y sacrificada, que solo recibe puntapiés y olvidos.

Quizás convenga hacer una reflexión final sobre lo que es San Matías en Tendilla. Estarán a todas horas los políticos provinciales. Es una fiesta pregonada, va mucha gente a ella, gente a mirar y a no hacer nada, y por lo tanto es el lugar ideal para estar allí, y más ahora, con unas elecciones generales al Parlamento de Madrid, a tres semanas vista. En una sociedad que tiene por referencias firmes la imagen y la frase, la sonrisa y el talante, este será su sitio. Así es que, lector amigo, que lo sepas: además de ver saltos de caballos, vuelos de halcones y tendertes de almendreros, verás caras y aún cuerpos de candidatos. En directo.

La Feria tiene, eso sí, un reclamo propio: un aliento y una expresión sabia, y es la de que cuando las caras se vuelven hacia otro lado, uno debe dar el paso adelante. A Tendilla la han partido por el eje haciendo la variante en la cuesta, pero sus gentes han sabido controlar la situación, y aún la pueden controlar más. Esta Feria de San Matías, estos tres días de animación, y aún estas palabras que ruedan llamando a su visita, son elementos que dicen que Tendilla existe, y que es hermosa, y que merece ser tenida en cuenta para otras cosas. Por ejemplo, para seguir viniendo a ella, a lo largo del año.

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