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Turismo Rural, una asignatura a mejorar

El pasado fin de semana, del 23 al 26 de septiembre, se ha celebrado en Madrid la Feria Expotural, dedicada al Turismo Rural en España. Entre otras comunidades y expositores, se encontraba un stand de grandes dimensiones montado por la Comunidad de Castilla-La Mancha, en el que se ofrecían fotografías en paneles, y muchos folletos facilitados por la propia Junta de Comunidades, y empresarios del sector, anunciando sus productos, especialmente Casas Rurales, y deportes en la Naturaleza. La presencia de Guadalajara fue algo escasa. Y han pasado por allí miles y miles de posibles visitantes, madrileños todos, que se han ido sin saber la auténtica dimensión de ese paraíso que se llama Guadalajara.

Las posibilidades de Guadalajara como espacio de turismo rural están, de todos modos, suficientemente aireadas, y cuantos están dispuestos a viajar y conocer cosas interesantes ya se han ido informando previamente de las posibilidades que tienen a la hora de andar, alojarse y admirar paisajes y monumentos. La oferta informativa es suficientemente amplia como para que quien quiere enterarse se entere: Diputación y Ayuntamiento se mueven bien, y las empresas privadas, tanto de hostelería, como editoriales que ofertan libros informativos sobre la provincia, tienen una progresiva presencia en miles de futuros visitantes. Todos ellos son los que están produciendo este milagro que surge, aunque lentamente, pero imparable: Guadalajara solo tiene, por lo que se está viendo, un solo camino para sobrevivir como provincia: el del Turismo Rural. Y ahí debe volcarse toda la ayuda y los objetivos presupuestarios de las administraciones locales.

Una vez más, la Diputación Provincial ha anunciado que va a construir, en el interior del castillo de Torija, un Centro de Interpretación Turística, en el que se darán a conocer, en una especie de gran museo visual, la riqueza natural, y patrimonial, que conservamos. Bien es verdad que este anuncio se viene realizando, desde hace varios años, como una actuación inminente. Y, a día de ayer, allí no se ha comenzado ninguna obra, ni nadie sabe cuando empezarán los trabajos para construirlo. 

Qué es el Turismo Rural

La alternativa al Turismo de las Tres Eses (Sun, Sand & Sex), que desde hace años ha sido el motor de la economía nacional, debe de concretarse de forma rápida y certera, ante la evidencia, manifiesta este verano, de su descenso. Esa alternativa la tenemos en Guadalajara y otras provincias de interior muy clara, porque al no tener playas solo podemos aportar montes, ríos, pueblos y ermitas. Pero hay mucho más que se puede aportar: fiestas, rutas a pie, descensos del Tajo en canoa, evocación del tiempo ido, gastronomía, paz y silencio. Quizás podríamos decir que nosotros tenemos la fórmula redentora: el Turismo de las Tres Pes (Paz, Pan y Patrimonio). Perdón por la pipiolada.

El Sorbe y sus acompañantes

Un viaje a los ríos que bajan desde la Somosierra, rumbo al Tajo, nos puede dar la imagen justa de lo que es este turismo rural. La primera de las vías por las que caminar, el Sorbe. De cara al otoño que acaba de empezar, el más alto Sorbe es receptáculo de una peregrinación anual de turistas emocionados, por ver una de las maravillas de nuestra naturaleza: el Parque Natural del Hayedo de Tejera Negra. En Cantalojas se han puesto ya un par de casas rurales a las que llegar y desde ellas disfrutar de paseos por los montes, de vistas bucólicas de horizontes azules y bosques marillentos. Caminar por el ancho valle que forma el río Lillas, o por los estrechos gargantones pétreos del Sorbe por entre Zarzuela y Valdepinillos. Seguirle hacia abajo (o encontrarse con él subiendo desde la capital) es ir en directo a Valverde de los Arroyos, un lugar paradisiaco, en el que han nacido varias casas rurales, tiendas con productos típicos de la zona, y hasta varias casas que se ofrecen en alquiler, porque el pueblo es ya de por sí una maravilla, con sus construcciones tradicionales de madera y pizarra, y el entorno es para no perdérselo: la subida al Ocejón, la visita a las Chorreras de Despeñalagua, el merodeo por los rebollares de la zona, empapándose de aire limpio y silencios.

Si seguimos el río hacia abajo, nos encontraremos con Umbralejo, el viejo pueblo serrano que no se dejó hundir, como otros, sino que por parte del Estado, y más en concreto ahora del ministerio de Educación, se reconstruyó y se usa como “Aula de la Naturaleza”, expresión palpitante de las formas de vivir en lo antiguo. Casonas recias, animales, horticultura, excursiones a pie por los montes… muchos son ya los niños y niñas que han pasado por allí. Umbralejo ha supuesto una puerta de entrada para que muchos españoles sepan hoy que existe el campo limpio y las sierras puras.

Más abajo, el Sorbe pasa cerca de Almiruete, otro idílico lugar encaramado en la pendiente del Ocejón, con un par de casitas rurales, lo mismo que la cercana Tamajón, hoy un emporio de turismo, como “Puerta de la Arquitectura Negra” que sin duda es. Ese viaje a la sierra oscura, al “mundo del Dios de Noche” como algunos le llaman, se hace a partir de Tamajón, a donde se llega en poco más de media hora desde Guadalajara. En la antigua “Tamaya”, centro ganadero y comercial de la Transierra, existen hoy un buen número de restaurantes, tiendas de recuerdos, centro de interpretación, Ferias Medievales, y varias Casas Rurales muy bien dispuestas. Todo ello forma el núcleo más evidente de lo que es salvar un pueblo a través del Turismo Rural. El alcalde de Tamajón, mi buen amigo Eugenio Esteban de la Morena, así lo entendió desde el primer momento. Y desde entonces Tamajón no ha dejado de progresar en ese camino del Turismo Rural en el que no han hecho más que empezar, porque con los mimbres que tiene ya dispuestos se puede, y se debe, llegar lejos, mucho más lejos.

Y si seguimos el Sorbe abajo nos vamos a encontrar esa maravilla paisajística que hoy constituye el embalse de Beleña, con sus perfiles de “lago suizo” por cuyas orillas se puede pasear y admirarse de tanta belleza. Cerca pasa el Sorbe de Cogolludo, por lo que no podemos olvidar ese recurso turístico que también tiene voz propia en este quehacer de andaduras: en Cogolludo tienen un bien cuajado, aunque todavía por bien usar, que es el palacio ducal, joya del Renacimiento. Pero el entusiasmo de Inés, al frente de su oficina municipal de Turismo, es el recurso inagotable que llama cada día a cientos de turistas. Que entre el generoso derramar de sus olorosos corderos asados, y la buenísima disposición de las Casas Rurales que hay en el pueblo, suponen otro centro que irradia excursiones y visitas por el entorno del Sorbe.

Al fin este da sus aguas al Henares en Humanes de Mohernando. Donde también hay casas rurales, pequeños espacios que acogen al turista que quiere hacerse ese viaje único e inolvidable del Sorbe andante.

Este ha sido un pequeño ejemplo de lo que el Turismo rural puede aportar en nuestra tierra: andar y ver, fotografiar y comer, respirar hondo y extender la vista. Siempre limpio el horizonte, siempre sonoro el río, siempre dispuestos los hotelitos y los restaurantes. Sin grandiosidades ni propagandas, porque la gente que va a estos sitios es la que quiere disfrutar con el silencio y la ausencia de apreturas.

Desde estas páginas en las que siempre hemos apostado por la visita sosegada a los elementos mínimos, sencillos, de nuestra tierra, o por la memoria de nuestras raíces, en la que poder mirarnos y quedar tranquilos, animamos a nuestros lectores a seguir los pasos del Sorbe (o los del Bornova, o los del Tajo…) y conocer Guadalajara a fondo, saborearla y admirarla. Nunca se acaba.

Desarrollo sostenible y Turismo rural en la comarca de la Alcarria

En estos días ha aparecido un magnífico libro, escrito por Mercedes Burguillo Cuesta (profesora de la Escuela de Estudios Empresariales de la Universidad de Alcalá, en el campus de Guadalajara) que trata de este tema tan de actualidad, y tan fundamental para nuestra tierra, como es el Turismo Rural. Hace un análisis detallado de los recursos existentes, a nivel geográfico, económico y demográfico. Más la valoración de la virtualidad que en este campo posee Guadalajara: paisajes únicos, patrimonio monumental en cantidades industriales, fiestas y gastronomía. Y concluye con una evidencia. Que no solo tenemos mucho y bueno qué ofrecer, sino que existe un mercado muy cargado de clientela: Madrid, a un paso, puede aportar el suficiente caudal de consumidores como para hacer de este un motor de la economía provincial.

Aún tiene un valor añadido este libro, editado por la Universidad de Alcalá de Henares, con muchísimas fotografías de los recursos turísticos de Guadalajara: y es el capítulo dedicado a las “Líneas prioritarias de actuación”, en el que entre otras muchas cosas propone la divulgación por todos los medios de esta riqueza turística, de esta potencialidad, asistiendo a Ferias en que el público interesado asiste masivamente, entregando publicaciones que estimulen la visita a Guadalajara, el uso de sus instalaciones, la contemplación de sus maravillas… qué gran momento había sido este de Expotural, en el Palacio de Cristal de Madrid, para haber dicho que Guadalajara está ahí, a un paso, cargada de posibilidades. Al menos, quien esté realmente interesado, puede leerlo en este libro modélico.

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