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Tiempo de Carnaval

Por la provincia se abren las carnes de los montes. Sale de ellas un rugido que tiembla, una risa nerviosa y franca, un aleteo de ruidos vegetales, de castañuelas geológicas. Cualquier rareza que se te ocurra, lector, ocurre esta semana. Porque estamos en tiempo de Carnaval, y la ancestralidad de nuestro pueblo vive esta generosa época sabiendo, aunque remotamente, que llega la primavera, que la rueda de la fortuna nos va a poner, una vez más, en lo alto.

Así ocurre que a partir de esta tarde de viernes 3 de marzo, la ciudad de Guadalajara se viste de color, se arropa de ruidos, se mueve de alegría. Todo un largo programa de actos, que no me resisto a comentar, porque merece la pena que los ciudadanos de nuestra vieja Arriaca se muevan por la calle mayor, y se asombren de tanto color, de tanta vistosidad y alientos remotos como los que van a recorrer la cuesta central del burgo.

Saldrán a las siete y media, después de haber escuchado la música de las dulzainas y de haber oído el pregón que nos quiera dictar desde lo alto el grupo de Cabezudos enmascarados de Guadalajara. Saldrán, digo, calle mayor arriba, las botargas de nuestra ciudad, con sus multicolores trajes, asustando a niños y ofreciendo a quien lo quiera probar el «higuí» que cuelga de la cuerda riente. El manda y sus ayudantes correrán sin freno. Y les acompañarán toda una serie de curiosos, estrambóticos y oníricos personajes que vienen desde otras latitudes provinciales a dar este clamor del Carnaval que nace: vendrán los vaquillones de Villares de Jadraque y de Robledillo. Vendrán los chocolateros de Cogolludo. Vendrán las botargas de la Sierra y la Campiña, y la comparsa, ya enorme, de los cabezudos y los gigantes de Guadalajara, más sus nuevos «caballitos» tan castellanos… a ellos se sumarán todos los/las botargas de la provincia, y el espectáculo estará servido. Grande y colorista como pocos. Simpático a tope. Para vivirlo.

La luz del Carnaval va a llegar más allá. Será el sábado que por la tarde, a eso de las 7, desde la plaza mayor subirá y bajará luego la comitiva de gentes disfrazadas, en la que se verán las sorpresas más atrevidas e impensadas. Desfile que el domingo se repetirá por la mañana, con niños, que luego disfrutarán de un espectáculo infantil en la misma plaza.

Para el lunes, también por la tarde, fiesta infantil y juegos deportivos en el campo de fútbol de la vega del río, y el martes tercera sesión de disfraces, esta vez para los jubilados y pensionistas rumbosos, que los hay. El miércoles será el día que, ya al caer, desde la Plaza Mayor nuevamente, suba la procesión del entierro de la Sardina, a la que podrán asistir quien lo desee, siempre que lleve chistera, traje oscuro y antifaz. Lamentos aparte, y al mismo tiempo que el noveno concurso jocoso de este «Entierro de la sardina» se repartirán bollos, anís y suelta del fuego fatuo de Don Carnal. La asistencia, pues, está asegurada, especialmente con los pensionistas, los políticos y sus familiares, en estos días de campaña electoral, en la que no conviene confundir lo carnavalesco con lo meramente prometedor.

En Almiruete

En otro lugar de la provincia se va a celebrar una fiesta carnavalesca que merece la asistencia de quien hasta ahora no haya ido. Es en Almiruete, con la aparición por los montes en que se vierte hacia el sur el Ocejón, de un cumplido grupo de varones vestidos de blanco, y colgando cencerros de sus cintos, que luego en la plaza se encuentran con las mascaritas, las hembras adornadas de vistosas caretas representando animales y elementos de la naturaleza, también pintadas sobre pañuelos que cubren sus caras. Aunque haga frío, que es lo lógico en la puerta de marzo, sacudirá a Almiruete una de calor, y de color, y de música. La vieja iglesia románica, con su espadaña triangular, reverberará al sol de la tarde, y en la de mañana sábado sonará el viento entre las ramas aún crudas de los árboles, o el agua escurrirá por los canalillos de entre sus casas pardas, pero la alegría, la danza, la sorpresa, están aseguradas. Almiruete es mañana el centro de la fiesta carnavalesca serrana.

Otros lugares tendrán en estos días su animación, su fiesta, pero he querido centrar mi comentario en estas dos celebraciones porque, en mi opinión, son ahora mismo las más representativas y generosas en belleza de las que se vuelcan por nuestra tierra. El Carnaval, que antaño se pensó fiesta pagana y dada a los desmanes, cobra un perfil distinto en cada parte de la tierra. Si en Río de Janeiro es el triunfo de la carne mulata, y en Venecia de la belleza de las capas, el misterio y las grandes máscaras pálidas, por Munich todo estalla en cántico acompasado de cervezas en la puerta de la HB, y en Cádiz es el ingenio del mediodía español lo que se proclama al viento. Carnaval es todo, y en cualquier momento del año si recapacitamos estamos en la situación del cambio y el disimulo, pero al menos en este fin de semana la gente se prepara a gritar y sacudirse la monotonía del vejo invierno, de la oscuridad larga, y ofrece los colores en la calle y en el corazón, que son los buenos.

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