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Cifuentes, un mundo por descubrir

 

En el corazón de la Alcarria, con una larga historia a cuestas, con un encanto especial en el discurrir por sus calles y plazas, Cifuentes está diciendo de continuo su palabra, que es antigua y moderna a la vez. Desde luego nunca parada en el tiempo. Cifuentes tiene en cualquier caso una perennidad en la expresión que le ha hecho, una vez más, ser protagonista de la actualidad, al haberse presentado en el Ayuntamiento de la localidad, en el edificio soportalado y señorial que preside su plaza mayor, un libro que resume todo el ser -historias, leyendas, edificios y nombres propios- de mil años de latido consistente en Cifuentes.

Un libro siempre esperado

El sábado pasado, día 17 de enero, y en el salón de actos de su Ayuntamiento, se presentó oficialmente una nueva edición de la obra de don Francisco Layna Serrano «Historia de la villa condal de Cifuentes». Inserta en la Colección de las «Obras Completas de Layna» que una empresa editorial alcarreña está llevando adelante desde hace varios años, viene a llenar el hueco que las anteriores apariciones/desapariciones de esta obra había dejado entre los cifontinos de nuestros días. Escrita hace ya cincuenta años por quien fuera no sólo un historiador de nota, un intelectual de cuerpo entero, sino un apasionado cifontino, la obra de Layna sobre Cifuentes tiene la suficiente fuerza y el enorme atractivo que la hace ser deseada en cualquier tiempo. La propia iniciativa del autor en la ocasión inicial, y el apoyo de la Institución Provincial de Cultura «Marqués de Santillana» en la segunda, propiciaron edición y reedición en las primeras circunstancias. La inteligente colaboración ahora entre el Ayuntamiento de Cifuentes, la Central Nuclear de Trillo I y la editorial promotora, han conseguido poner en la calle un libro que tiene no sólo la frescura de una obra como recién hecha, sino la elegancia y la belleza de una verdadera obra de arte.

El texto de Layna se mantiene íntegro, como no podría ser de otra forma en el caso de la reedición del escrito de un autor ya fallecido. Muchos de los grabados de la primera edición se mantienen, pero se añaden muchos otros, decenas de nuevas fotografías, casi todas en color, así como dibujos, cuadros genealógicos, detalles sugerentes de la portada románica de la iglesia, del castillo, de los escudos de armas repartidos por el pueblo. Además de la reproducción de los principales documentos del Archivo de Cifuentes, que reproducen en toda su integridad la basamenta de sus razones históricas medievales.

Un prólogo de José Gamarra, actual alcalde de la villa alcarreña, sirve perfectamente de explicación a lo que esta obra significa en el contexto del ser cotidiano y eterno de Cifuentes. Una iniciativa que no podemos por menos que aplaudir sinceramente.

Cifuentes, arte por un tubo

La verdad es que ya quedarán pocos alcarreños que no hayan estado alguna vez en la Plaza Mayor de Cifuentes, que ahora viene a ser un poco la Plaza Mayor de todas las Alcarrias. Por si acaso queda aún alguien que no haya ido a este enclave maravilloso de nuestra provincia, no está de más contar, como a vuelapluma, algunas de las cosas que puede encontrarse allí, en un deambular sosegado y sin prisas por sus calles y plazas.

El castillo sorprende siempre, desde la distancia, como el apéndice solemne que da fuerza al horizonte cifontino. De origen antiquísimo, porque parece coronar con lógica un cerro hecho para la dominación y la defensa, su origen histórico lo tenemos referido al siglo XIII, y su autor está catalogado como el infante don Juan Manuel, dueño del pueblo en esa época. Grande y derruido a temporadas, hoy es uno de los puntales de desarrollo y futuro de la villa, pues está siendo, aunque lentamente, restaurado, una vez adquirido por el municipio, y su objetivo será el de servir a funciones comunitarias y culturales.

El equilibrio monumental se establece en Cifuentes entre el castillo (poder de los hombres) y la iglesia parroquial (poder de Dios). Esa iglesia, que tiene por apelativo el del Salvador, ofrece muchos atractivos a quien la visita. De origen románico, elevada en tiempos de la primera señora del lugar, doña Mayor Guillén de Guzmán, aún ofrece en su muro occidental la gran portada de estilo románico que tiene por apelativo el del apóstol Santiago. Es ese un lugar cuajado de magia y asombros. Puedo decir sin sonrojo que he pasado en mi vida largas horas ante su masa parda y prolífica: mirando sus relieves, pensando en su mensaje, analizando posturas, rostros y frases. La portada románica de la iglesia de Cifuentes es todo un libro abierto, cuajadas sus páginas de grabados, escritos sus textos con el duro martillo de los picapedreros, pero suave y frágil como una flor recién abierta. No perderá el tiempo quien ante ella se pare, y trate de comprender lo que son, lo que significan esos cientos de figuras que pululan, subiendo y bajando, por sus arquivoltas. En el libro que hoy comento son muchas las páginas que hablan de esos seres, malignos unos, benéficos otros, que en eterna «Psicomaquia» se enfrentan como en un auto sacramental.

Pero la iglesia de Cifuentes tiene más, mucho más que ver: tiene un púlpito gótico procedente del convento dominico, en el que surgen con fuerza tallados los monjes predicadores. Tiene cinco grupos de tallas renacentistas, policromadas, narrando escenas de la infancia de Jesús, que sin duda serían piezas capitales en cualquier museo del mundo. Tiene joyas de orfebrería, enterramientos episcopales, bóvedas góticas, escudos tallados y un sin fin de detalles que la hacen ejemplar único e inolvidable.

Y aún por Cifuentes destacan otros elementos que al viajero le parecerán merecedores de aplauso y atención. Tras esa mirada retadora entre la iglesia y el castillo, se ponen en círculo los elementos de su patrimonio monumental: y aquí digo en sucesión rápida algunos de ellos. La torre salinera, un fragmento de la muralla que circuyó a la villa entera, y de la que también quedan fragmentos por aquí y por allá. La gran ermita del hospital del Remedio, restaurada y en medio de un atractivo parque, luciendo su gran portada gótica, y su interior de inquietante aspecto con bóvedas de crucería y escudos marianos. El convento de San Blas, de frailes dominicos, que tiene una iglesia monumental, y un claustro orondo, en cuyo seno asienta ahora el Centro Cultural municipal. El convento de Belén, de franciscanas capuchinas, la perla de los cariños de los Silva, antiguos condes de Cifuentes, que pusieron en el centro de la villa un jardín en el que crecieran las vocaciones religiosas (antaño más frecuentes que hoy, por supuesto). Y las ermitas (la Soledad, San Roque, Santa Ana) sin olvidar el santuario de Nuestra Señora de Loreto, como elementos de religiosidad popular que conforman un cuadro de densa tradición.

Un día y un momento para visitar Cifuentes. Una vida entera para recordarlo. Como lo hace este libro que acaba de presentarse y que tiene, aparte de su belleza formal, el interés subido que a todos cuantos aman la Alcarria, sus pueblos, su historia, les va a saber a poco tomarlo entre las manos, y leerlo, mirarlo, saborearlo a gusto.

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