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El Henares, un camino de culturas y agriculturas

 

Otra vez nos llega el clarinetazo del Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, para hurgarnos en la conciencia esa pendiente asignatura que es la de analizar con rigor y honradez la distribución territorial del espacio geográfico en el que vivimos. Desde hace ya cuatro convocatorias, cada dos años se celebra (alternan Guadalajara y Alcalá como sedes) los Encuentros de Historiadores del Valle del Henares, en la intención de reunir a cuantos escritores, investigadores y estudiosos del devenir pretérito de nuestra tierra quieren exponer sus trabajos y contribuir con su presencia a un llamamiento que se hace en cada una de estas ocasiones: el de considerar como único y coherente el espacio geográfico del Valle del Henares, desde Horna donde nace hasta Mejorada donde desagua en Jarama. Y considerarlo único como entidad histórica (desde hace siglos, muchos) y como entidad humana y económica (sin discusión alguna, en Guadalajara somos más «hermanos» de los alcalaínos, que de las gentes de Tomelloso, de Puertollano ó de Cuenca, por poner ejemplos, alguno muy cercano, de la Región autonómica en la que estamos incluídos). Considerarlo, en fin, como único en su aspecto administrativo, es algo que hoy se escapa de nuestras posibilidades: se dividió el valle, cuando la Constitución y después, en dos mitades, y así ha quedado. Pero creo que es, debe ser, debería seguir siendo hasta que se consiga, una aspiración legítima, el unir ambos pedazos de Henares en uno sólo, y así historia, humanidad y administración permanecer únicos y unidos, como siempre lo fueron.

Comunicaciones científicas

En este IV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, que tendrá lugar (se inauguró ayer jueves a las 8 de la tarde, en el antiguo Colegio de Teólogos de la Madre de Dios, hoy sede del Colegio de Abogados) en la ciudad de Alcalá de Henares, y se clausurará el próximo domingo en el transcurso de una comida de confraternización en el Casino «Círculo de Contribuyentes», después de hacer una visita a la Alcalá conventual, se leerán casi un centenar de comunicaciones científicas relacionadas con la arqueología, la historia medieval y moderna, la archivística, el arte y el costumbrismo de la cuenca del Henares.

La inauguración se hizo ayer, y corrió a cargo del catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Alcalá (la auténtica Universidad Complutense, que ese es otro tema que hay que reivindicar, aunque parezca importarle tan poco a las autoridades y órganos de gobierno actuales de la auténtica Universidad del Henares) don Santiago Aguadé Nieto, quien disertó ampliamente sobre el nacimiento de esta Universidad fundada por Cisneros y puesta en medio de este amplio valle en el que, entonces, se conjuntaban factores indudables de desarrollo, tanto poblacional como económico y cultural.

Las comunicaciones que hoy están leyendo y mañana continuarán haciéndolo, en el Salón de Actos del referido Colegio de Abogados de Alcalá, ofrecen este año un denso programa de novedades. Unas relativas a Alcalá, otras a Guadalajara, y algunas a Sigüenza. Hay una especialmente interesante y de suma actualidad para nosotros: la que presenta Miguel Ángel Trujillo en torno a una fotografía inédita y unos documentos sobre el torreón de Bejanque con el intento de la Comisión de Monumentos de Guadalajara que en 1884 intentó su deterioro y derribo. Noventa años ha estado aprisionada esta puerta de Bejanque, que al final ha salido a luz nuevamente. Especialmente interesante es la comunicación del profesor José Miguel Muñoz Jiménez, uno de los mejores estudiosos del arte en nuestra provincia, que hablará sobre «Eremitismo y ermitas rupestres en la cuenca del Henares durante el Siglo de Oro», y de garantizada profundidad y seriedad será la intervención del experto en arte Pedro José Lavado Paradinas sobre «Iconografía artística en el Museo Diocesano de Sigüenza».

Una historia común en el Henares

La historia ha sido explícita en rasgos aunados sobre las tierras del Henares. Después de ser asiento de una «Vía Augusta» por donde la cultura romana dejó sus huellas, durante varios siglos, este «río que nos une» sirvió de frontera de Al‑andalus en su marca Media, frente al reino castellano. Los califas cordobeses, y luego los reyes de taifas toledanos pusieron en esta frontera sus defensas en forma de castillos, que aun en mejor o peor estado los vemos desde la fortaleza de Alcalá, pasando por el alcázar de Guadalajara, hasta los castillos de Hita, de Jadraque y Sigüenza, sin olvidar la multitud de torres de defensa y vigilancia que escoltaban los pasos y vados del valle.

Y aún en historia aparecen rasgos comunes, regidos de los mismos personajes: los Mendoza serían unos, con sus posesiones a lo largo del curso del agua, en sus orillas, desde las alturas de Espinosa hasta el final del río en Mejorada. Sus fundaciones, sus patrocinios de obras de arte, de instituciones culturales, así lo prueban. La Universidad Complutense, hoy revitalizada en Alcalá, estuvo a punto de tener su sede primera en Guadalajara, ó por lo menos los duques del Infantado así lo intentaron. El Cardenal Ximénez de Cisneros, su fundador real, vivió siempre en este valle, pues desde su puesto de vicario en Sigüenza, al de arzobispo toledano fundador de la Universidad, pasando por su estancia en el monasterio franciscano de La Salceda junto a Tendilla, las aguas oscuras y susurrantes del Henares acompañaron su densa biografía.

El costumbrismo, en fin, nos muestra también que las fiestas, los decires, las canciones, los bailes y en general los modos de enfrentarse a la vida las gentes de este entorno, son absolutamente similares desde Horna a Mejorada. Y ello es lógico, pues a todas las razones apuntadas anteriormente se unen las geográficas y económicas, quizás las más fuertes. Una cuenca única, bastante cerrada en sus límites, propicia el crecimiento de una sociedad muy compacta. Ello nos lleva de nuevo a la consideración inicial sobre el presente y muy especialmente sobre el futuro de este valle del Henares. Y es la evidencia de esa partición administrativa actual realmente absurda. El hecho de que poblaciones como Alcalá y Guadalajara, vecinas y en todo comunes, estén inscritas en dos Comunidades autónomas diferentes, es una prueba más de lo mal planteada que estuvo la partición de España, hace muy escasas fechas, en Comunidades Autónomas que solo se rigieron por las premisas previas de unas provincias ya constituidas. Ojalá un día voces como la nuestra se dejen (simplemente se dejen) oír.

De momento, invito a mis lectores a que en este fin de semana hagan un esfuerzo y se acerquen por Alcalá de Henares a participar, -al menos para escuchar y compartir estos temas- en el IV Encuentro de Historiadores del Valle del Henares. Es en estos acontecimientos, en estas reuniones de expertos y estudiosos, de gentes que bien demuestran estar en el día a día del trabajo cultural y científico, donde se fraguan los cimientos de una cultura autóctona, de un saber sobre nosotros mismos, sin esperar a que vengan otros a contarnos los caminos por los que debemos ir. El nuestro está bien claro, no necesita inventos: es el Henares, -valle arriba, valle abajo- por donde caminaron los romanos, los árabes, las huestes castellanas, los juglares y los cancioneros, los Mendoza y sus amigos europeos, y hasta el ferrocarril… un valle que une mucho más que separa. Estos días, en Alcalá se ensancha.

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