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Palazuelos, el románico amurallado

 

En nuestro viaje alrededor del románico de Guadalajara, llegamos en esta jornada (que bien podría ser dominical, de invierno claro y brillante, de mañana fresca y jugosa) hasta la villa de Palazuelos, al costado norte de Sigüenza, recostada en la suave pendiente de la paramera carpetovetónica, luciendo su completa muralla que heredó de aquel siglo XV en que tuvo por señor de amor y libros (que no de horca y cuchillo) a don Iñigo López de Mendoza, el marqués de Santillana.

Es todo un espectáculo, supongo que inolvidable, ver tendido el viejo burgo sobre la helada cuesta, alargado entre los muros del castillo y los del templo parroquial, abrigado de una recia muralla se atraviesa por cuatro puntos de otras tantas puertas, orientadas a los cuatro puntos cardinales, y que a su vez ofrecen una estructura en zig‑zag propia de las entradas a los castillos medievales, con objeto de evitar asaltos en masa. Sobre la puerta que daba al sur, a Sigüenza, aún se ven tallados los escudos de Mendoza y Valencia, propios de los señores territoriales del lugar, don Pedro Hurtado de Mendoza, adelantado que fue de Cazorla y capitán general del ejército del arzobispo de Toledo en la guerra de Granada, y de su esposa doña Juana de Valencia. La otra puerta, la del norte, que da acceso al pueblo por la carretera, también mantiene su estructura primitiva.

En el interior, en el centro de la villa tan bien guardada, surge la iglesia parroquial, dedicada a San Juan Bautista. Es un templo de factura moderna, en el sentido de que lo que hoy vemos es casi todo construcción de los siglos XVI y XVII. Pero en su origen fué de estilo románico, y como conserva nítidas algunas formas de aquella época, por eso lo incluimos en nuestra nómina de edificios románicos de la provincia de Guadalajara.

La principal de esas formas es la puerta de entrada al templo. Cobijada hoy por un tejaroz o atrio minúsculo, aparece el ingreso formado por un vano semicircular, cobijado por tres arquivoltas lisas, de arista redondeada, y un dintel curvo al interior. Y escoltado por dos columnas a cada lado y sendas jambas lisas, rematadas en sencilla imposta. Los capiteles rematando las columnas y jambas, si los tuvo, han desaparecido. Incluso las columnas, que debieron sufrir mucho en su integridad durante largos siglos, han sido hoy sustituidas por formas similares en cemento. El dibujo adjunto, hecho como un «apunte de campo» sobre el terreno, presenta el esquema depurado de esta portada de la iglesia de Palazuelos, que, como puede apreciarse, es un ejemplar muy sencillo, pero del más puro estilo románico. Siglo XIII en su comedio.

También este templo ofrece el muro de poniente, rodeado hoy totalmente de edificaciones del pueblo, que es primitivo y medieval, pues sobre su liso paramento de sillarejo y sillares en las esquinas, se eleva una espadaña triangular con sendos vanos para las campanas. Ninguna otra estructura queda en esta iglesia de Palazuelos que pueda calificarse de románica. Debió ser derribada por completo en el siglo XVI o siguiente, dejando únicamente en pie la puerta, que por su sentido simbólico seguramente el pueblo decidió respetarla. El templo es de nave única, alta bóveda de escayola, coro alto a los pies, y presbiterio ligeramente elevado, en el que aparece un gran altar con retablo de escultura y pinturas, hecho en el siglo XVII, en el que destacan algunos buenos cuadros, como los que representan a San Juan Bautista y a Santa Águeda. En el remate, aparecen policromados los escudos heráldicos de la familia donante, los Olmo, que tienen también su enterramiento en el suelo del presbiterio, bajo pomposa lápida que muestra también su emblema armero y borrosa leyenda explicativa de parentesco y glorias pasadas. Incluso en una casa de la calle principal, frente al calicanto que circunda el patinillo anterior al templo, lucen también, muy bien talladas en la rojiza piedra de la zona seguntina, las armas del linaje del Olmo, que dio entre otras personalidades guerreras y doctorales, un canónigo a Sigüenza y otro a Toledo.

Poco más da de sí, desde el punto de vista del repaso a la arquitectura románica, la iglesia parroquial de Palazuelos. Queda incluida en esta nómina de edificios que pretende ser metódica y amplia. Y que en cualquier caso cumple nuestro propósito de recordar un día feliz, una mañana de invierno inigualable. Porque solamente el pasado nos pertenece. ¿Quién puede decir, sin caer en el orgullo estéril, que domina su futuro?

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