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Un viaje a Yela

 

El pueblecito de Yela, que es un pequeño y lindo enclave alcarreño por antonomasia, se encuentra enclavado en la altura mesetaria, como queriendo esconderse o abrigarse de los fríos del llano entre repliegues que va formando el inicio de un arroyo que mas adelante terminara por dar sus aguas al Tajuña.

Poco es lo que puede decirse de la historia de este pueblecillo. Tras la reconquista del territorio a los á­rabes, este lugar quedo en la jurisdicción del amplio Común de Atienza, hasta que de el fue desmembrado, mediado el siglo XV, por regalo del Rey Juan II de Castilla a su familiar don Gómez Carrillo, quien en compañía de su mujer, poco después lo entrego en señorío y en concepto de regalo, al monasterio de San Blas de Villaviciosa, de monjes jerónimos, y en 1545 vemos que Yela formo parte del señorío y mayorazgo de los Silva, condes de Cifuentes, y en ellos paso mas tarde a la Casa de los duques de Pastrana y duques del Infantado, en cuyo poder se mantuvo hasta la disolución de los señoríos particulares en el siglo XIX.

Esta breve relación de meritos históricos, nos sitúan a Yela en principio como una mínima aldea surgida de la repoblación de la Castilla transerrana, de la nueva entidad territorial que el reino castellano va a ir creando al sur de la Sierra Central. Así vemos que aparece en la orbita de uno de los más poderosos Comunes de Villa y Tierra de esta parte de la Transierra castellana: de Atienza. Correrá con el discurso de los siglos los avatares que muchos otros pueblos del Común, y final­mente entrara en la danza de los trueques y donaciones entre la nobleza y la iglesia, los poderes facticos de gran parte de nuestra larga historia. Una temporada perteneció al señorío de los jerónimos de Villaviciosa; otra al de los condes cifontinos, y finalmente a los todopoderosos Mendozas, duques del Infantado. En cualquier caso, Yela desarrollo su vida propia, agrícola, sencilla y evocadora en este instante de repaso a su pretérita existencia.

De urbanismo irregular, con bastantes edificios nuevamente construidos tras la Guerra Civil española de 1936‑39, pues en ella fue muy castigado por acciones de guerra, quedan escasos restos del antiguo caserío.

Así, puede aun contemplarse su edificio concejil con torre y campanil metálico. También es magnifico testigo de siglos pasados la fuente de piedra en el centro del pueblo, obra, sin duda, del siglo XVI o aun mas antigua. Su gran pilón, su inmensa imagen pétrea siempre repleta de agua, de musgos, de gris silueteado en medio de la amplia plaza, es evocadora de las épocas en que el pueblo estaba lleno de vida y de gentes, y allí paraban unos  y otras a charlar, a cargar el agua, a enterarse de noticias y susurros.

Es muy interesante también su iglesia parroquial, obra románica del siglo XII en sus finales. Consta de una gran espadaña triangular sobre el muro de poniente, con vanos para las campanas. En el muro sur se abre el atrio porticado, con una serie de arcos semicirculares que apoyan en columnas cortas, rematadas en capiteles de ornamentación vegetal, todo ello sobre un antepecho. El ingreso al atrio es central, por arco mas eleva­do. En el muro del templo se abre la portada, formada por varias arquivoltas semicirculares en degradación, con algunos detalles en zig‑zag y dientes de león como decoración con cierta tradición mudéjar. Esta iglesia sufrió grandes desperfectos durante la Guerra civil española, siendo restaurada posteriormente, habiendo perdido en parte su primitivo arquitectónico del Medievo.

La iglesia parroquial de Yela es un ejemplar mag­nifico y muy representativo del arte románico rural de Guadalaja­ra, ese estilo que aun esta por reivindicar de una forma plena y autentica en el contexto del patrimonio artístico español. Su constitución a base de fuertes y cerrados muros, y muy especial­mente su atrio porticado que se abre a la luz y el aire del mediodía, bajo los semicirculares arcos y escoltados por los capiteles sencillos y vegetales que culminan sus columnas, hacen de el un ejemplar bellísimo que prestigia a la Alcarria. Los detalles arquitectónicos de este templo, y los pequeños apuntes ornamentales que aparecen sobre sus puertas, capiteles y caneci­llos, le ponen en un puesto principal en la larga serie de monu­mentos románicos de Guadalajara. Si Yela tiene varios motivos que pueden atraer al viajero, es este de su templo parroquial, de su arquitectura sencilla pero esplendida, plenamente medieval, el mas atractivo de todos.

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