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Arte y monumentos en Cifuentes

 

Hace unas semanas recordábamos parte del patrimonio artístico y monumental de la alcarreña villa de Cifuentes, al hacer una descripción y estudio pormenorizado de su iglesia parroquial del Salvador, y muy espe­cialmente de su interesante portada románica de Santiago. En esta ocasión, vamos a continuar con la visita a ese riquísimo acervo monumental de Ci­fuentes, que justifica por si solo un viaje hasta la villa que centra geográficamente a la provincia, y que a pesar de su crecimiento rápido en los últimos anos, ha sabido mantener la esencia y el sabor de lo antiguo con gran pureza.

Comenzamos nuestro recorrido por los restos más anti­guos de la villa. Conserva Cifuentes algunos fragmentos de sus murallas y puertas: la de Briega o Brihuega ha desaparecido. La de Atienza, orientada a noroeste, solo un desmochado torreón conserva. La puerta Salinera que daba paso al camino provinente de la sierra del Ducado y Saelices de la Sal, es la que mejor se conserva, manteniendo dos fuertes torres, y, finalmente, la puerta de la Fuente, que daba paso al camino de Trillo, solo conserva escasos restos empotrados en las casas.

Esta muralla que circundaba al burgo, enlazaba con la del recinto exterior, del que aun quedan algunos vestigios de sus muros y torreones, era obra de simple argamasa y barro prensado, y daba lugar en su interior a un enorme espacio cuestudo bajo el castillo: fue construido este edificio, que aun conserva su estampa primitiva, por el infante don Juan Manuel, en 1324. De fuerte y toscamente labrada piedra caliza, su forma es cuadrangu­lar, presentando entre sus muros, y en las esquinas, varias torres que le dan un aspecto de irreductibilidad y soberana potencia. De ellas, una es cilíndrica, la del nordeste, y pentagonal la del homenaje, situada a sudeste, con escalera de caracol que asciende hasta su altura. Esta fortaleza tiene única entrada a través de dos arcos apuntados que se abren en la torre que media el muro de poniente. Sobre uno de ellos aparece tallado el escudo de su constructor. En el interior, y tres pasar angosto zaguán, se ve el vacío patio con otras puertas de paso a las torres, en algunas de las cuales se conservan estancias abovedadas.

Frente a la iglesia parroquial, ocupando el lado norte de la recoleta Plaza de la Provincia, se encuentra el edificio de lo que fue Convento de San Blas de frailes dominicos. Fundado primeramente en el lugar denominado «los Tobares», a unos dos kilómetros de Cifuentes, por el infante don Juan Manuel en el siglo XIV, y ocupado primeramente por monjas dominicas, estas se trasladaron en 1611 a la villa ducal de Lerma, ocupando el vacío caserón nueva congregación de frailes.

Tan mal estaba el edificio, que acudieron a la ayuda de autoridades y pueblo, recibiendo el gran empuje del también dominico y a la sazón obispo de Sigüenza, fray Pedro Tapia, que dio 5000 ducados, así como los señores de Cifuentes, concejo y vecinos, surgiendo un nuevo convento en 1648. De el queda el enorme edificio con patio central, sobre cuya puerta luce un escudo de la orden de dominicos con esta leyenda: «Praedicatorum Parenti Ac Primo Inquisitori don Dominico Guzmano Sacrum». La iglesia adjunta es un suntuoso edificio, con gran portada a poniente de severas líneas y escudos de la Orden, rematada en esbelta espadaña que sobresale por encima de todo el caserío. Al sur se abre otra puerta, cobijada por arco, en la que luce gran escudo del obispo Tapia. Sobre sus muros, un medallón de la Virgen del Rosario. El interior es de una sola nave, con crucero en forma de cruz latina, y ha sido recientemente restaurado y acondicionado para Centro Cultural.

Del hospital de Nuestra Señora del Remedio, obra de comienzos del siglo XVI, queda su iglesia y patio. En ella se puede admirar su portada, de bello arco florenzado de tono gótico, y en el interior, de una sola nave, la bóveda de complicada crucería, en el mismo estilo. El patio anejo poseía claustro, alto y bajo, con elegante columnata clasicista este ultimo, del que ya quedan escasos restos.

Del convento de San Francisco que fundaron en el siglo XV la familia de los condes de Cifuentes, al que dedicaron grandes donaciones, y donde alguno de sus miembros se entrego a la vida religiosa, solo queda el recuerdo de su emplazamiento, y una portalada exenta de su edificio arruinado, que se pudo salvar, y hoy se ve junto a las escuelas de la villa.

Sigue vivo el convento de monjas capuchinas de Nuestra Señora de Belén, fundación del cuarto conde don Fernando de Silva, en 1527, que sirvió de refugio a la soltería de algunas señoras de la familia Silva y Mendoza, y de colegio de doncellas para muchas del pueblo. Poseía una portada gótica sencilla, pero en la Guerra Civil de 1936‑39 fue destruido por la aviación, siendo restaurado por completo en un estilo sobrio, y colocando a su iglesia la portada que perteneció al hospital del Socorro, la cual ostenta, sobre la teoría clasicista de sus líneas rectas, un magnifico escudo de la familia fundadora. En el interior de la actual iglesia del convento de Nuestra Señora de Belén, se puede admirar la lapida sepulcral que, ante las gradas del altar, guarda los restos de don Fernando de Silva y Meneses, conde de Cifuentes. En ella se lee, bajo el simbólico león heráldico, «Aquí descansa el Cuerpo de don Fernando de Silva y Meneses, conde de Cifuentes: Gran Pecador: Rueguen a Dios por su alma. Murio dia veinte y quatro de Diciembre Ano de 1749».

Aunque en los últimos años se ha cambiado en gran parte el aspecto de Cifuentes, debido a nuevas construcciones, todavia conserva abundante número de edificios antiguos, que le confieren al conjunto del pueblo un eminente caracter antanon y un sabor a tiempos idos.

La plaza mayor, soportalada, de traza triangular, es una de las mas bellas de la Alcarria. En su costado norte asoma airoso el ábside gótico de la iglesia parroquial, y en el po­niente surge el edificio del ayuntamiento, de bella estampa ochocentista, en cuya fachada se muestra un antiguo escudo de los Silva  ‑el león rampante y solitario‑  que procede de la derruida puerta de la Fuente. En su archivo municipal se conservan gran cantidad de antiguos documentos, y una buena colección de sellos medievales.

En la Plaza de la Provincia, silencioso y evocador rincón al que escoltan la iglesia parroquial y el convento dominico, se abre la Casa de los Gallos, que antaño tuvo una galería abierta sustentada por columnas clásicas, y aun luce su gran escudo nobiliario escoltado de leones. Varias calles y edificios guardan el encanto de lo antiguo: la que llaman sinagoga en la calle empedrada, y que no es sino una casa del siglo XV con gran arco de piedra de tipo gótico, prominentes alerones de madera, y un patio con columnas. La casona con escudo de los Calderón, que aparece frente al convento de Belén. Otra casona que hace ángulo con el hospital del Remedio, en la que destaca su aparejo popular y el escudo en alabastro, con bella arquería de tipo gótico en su parte trasera.

Otro bello escudo representando el blasón de la villa, es el que hoy se ve en tallada piedra sobre la puerta del molino de «La Balsa», y en el que bajo el castillo ampuloso sobre rocas, y un par de ruedas de molino, se lee esta frase: «Este molino se declaro en litigio en el Real y Supremo Consejo de Castilla por propio de la Villa a instancias y adelantos para su expediente y seguimiento de don Juan Cavallero y Calderón y don Pedro Corona López) de Mendoza». Estuvo sobre el molino de la balsa, durante muchos anos. El escudo autentico de la villa de Cifuentes es un castillo roquero, y varios arroyos fluyendo de la montaña en que asienta.

A la salida del pueblo, en dirección a Trillo, frente a unos grupos modernos de viviendas, esta colocada la picota, que es pieza en sillar labrado, del siglo XVI, obra artística estimable y representativa de ser Cifuentes, en aquella época, villa libre con jurisdicción propia.

Y estas son las muestras, abundantes e interesantes todas ellas, que ofrece el patrimonio monumental y artístico de la villa de Cifuentes a quien quiera visitarla. Cosa que podría ser muy bien mañana mismo.

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