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El palacio de la Diputación

 

Uno de los más elegantes edificios de la arquitectura del modernismo que posee Guadalajara, al igual que la mayoría de las capitales de provincia españolas, es el de su Diputación Provincial. El nuestro esta además perfectamente situado, aislado del resto de edificaciones, formando un equili­brio urbanístico perfecto en la zona de la ciudad donde se enclava. Hoy pretendo dar a conocer algunos detalles de la historia, de la construcción y de los elementos de interés que este Palacio encierra.

Es de todos sabido que las Diputaciones Provinciales son un órgano emanado de la Revolución liberal y sancionados por la magna Constitu­ción de 1812, que en ellos puso el gobierno territorial de las provincias españolas. Desde entonces, las Diputaciones Provinciales fueron el punto de referencia de la administración provincial de todas las tierras españolas. Y durante muchos años han funcionado perfectamente, llevando a cada provincia servicios, beneficencia, cultura, y una preocupación constante y atenta por los problemas todos del territorio provincial.

Comenzaron teniendo solamente la figura de un presidente, y cuatro o cinco diputados, uno por cada comarca provincial. El cuadro de fun­cionarios, en principio reducido, fue aumentando con el transcurrir de los años, lo mismo que el numero de los diputados representantes del pueblo. Hubo épocas en las que las Diputaciones Provinciales en su conjunto llegaron a manejar unos presupuestos similares a los del Estado. Y ello es lógico, pues prácticamente ellas llevaban, a excepción del Ejército, la Diplomacia y la Educación, la administración del resto de la vida publica. Especialmente a fines del siglo pasado las Diputaciones tenían tanto dinero, que todas se dedicaron a construir edificios suntuarios para su sede oficial.

Este fue el caso de Guadalajara. En principio, tras su crea­ción, Diputación fue albergada, con estrechuras, en varios edificios de la ciudad. En 1861, se traslado al antiguo convento de la Piedad, compartiendo salas con el Instituto de Enseñanza Media y con la Cárcel. Esta última estaba situada en la iglesia. Mientras que la Diputación ocupaba todo el ala de poniente del edificio, la que da a la calle de Juan Catalina. Para ella se construyo la portada de la calle del Museo y la teatral fachada que da a la calle Teniente Figueroa, frente a Santiago, con balconadas para discursos y estatuas de la Libertad, e incluso un escudo de España.

Unos años después, se decidió la construcción de una sede nueva. Se iniciaron enseguida las obras para un Palacio en condiciones. Se escogió el solar que la piqueta había dejado limpio, en la ciudad alta, donde durante siglos habían estado el palacio de los Gómez de Ciudad Real y la iglesia de San Gines. Los arquitectos Aspinuza y Marañón realizaron los planos, el diseño y la dirección de las obras. Entre los años 1880 y 1883 se realizaron estas, a muy buen ritmo. Finalmente, el 10 de octubre de 1883 se recibían oficialmente las obras, y poco después era solemnemente inaugurado. Tiene, pues, nuestra Diputación Provincial un poco más de 100 años, en el transcurso de los cuales ha ido sufriendo mejoras progresivas.

El edificio palacial fue concebido como individuo aislado ro­deado por todas partes de jardines, y sustentado en su parte posterior por una estructura que le nivelara totalmente sobre un solar en declive. La fachada es donde los arquitectos pusieron su mejor arte, centrando en un cuerpo central lo principal de la decoración, consistente en arco apuntado sobremontado de balconada también con arcos semicirculares. En el frontispicio superior pusie­ron los escudos de todos los partidos judiciales, presididos por el de la capital, y añadieron cuatro medallones con los bustos de cuatro personajes provinciales que en aquel momento se consideraron de mayor relieve para la historia de Guadalajara: el Cardenal Mendoza, Luís de Lucena, Antonio del Rincón, y Lorenzo Arrazola. La portada se realizo toda ella con piedra de Novelda, de inmejorable calidad.

Quizás uno de los elementos mas sobresalientes arquitectónicamente del edificio sea el patio de la institución. Se trata de un receptáculo cuadrado, al cual se abren, en arquerías semicirculares, la galería baja y la alta. Los muros se decoran con ladrillo visto que forma múltiples dibujos geométricos. Todo ello en una muestra de estilo neo‑mudéjar muy espectacular y, además, muy enraizada en la tradición popular de Guadalajara. Es digno de verse, y aun de oír, como alguna vez ha ocurrido, algún concierto en su recinto.

Sobre la escalera, destacan las cristaleras que, después de la Guerra, se pusieron con el escudo provincial, una imagen del castillo de Atienza y una figura de melero. A los lados de la entrada al salón de actos, en el piso principal, dos pinturas murales de Carlos Santisteban simbolizan las tareas culturales y de beneficencia que tiene a su cargo Diputación. El salón de actos, orgullo siempre de la institución por lo solemne y representa­tivo, ha sufrido reformas a lo largo de los años, manteniendo siempre la misma estructura y disposición. Por la galería alta se ven los escudos de los partidos judiciales sobre las coloreadas vidrieras de las ventanas que dan al patio. De sus paredes cuelga la colección de retratos de los presidentes habi­dos desde su fundación. En 1914 todavía lucían en esa galería superior muchos cuadros del Museo Provincial, traídos desde el antiguo edificio del convento de la Piedad, y que finalmente fueron guardados, de malas maneras, en los sótanos de la Casa provincial, hasta que en 1973 el presidente Colmenar Huerta los mando restaurar y puso en el definitivo Museo Provincial que hoy se encuentra en la planta baja del Palacio del Infantado. 

Aunque reducida en su funcionariado (en 1904 contaba con 33 personas a su servicio) la Diputación ofrecía en su planta baja la Imprenta Provincial, institución que cumplió siempre un magnifico servicio, y que inexplicablemente se dejo perder. Contaba también con las oficinas de Benefi­cencia, Fomento, Contabilidad y Archivo. La planta alta fue destinada en un principio a la representación, con el salón de sesiones, los despachos de Presidente, Vicepresidente y Secretario. Había arriba también una buena bi­blioteca, en la que lucían más las vitrinas de madera con los escudos de los partidos tallados en su frente, que los libros, escasos y de materias adminis­trativas, que albergaba. Las ultimas innovaciones y añadidos que ha recibido Diputación, en la forma de la Biblioteca de Investigadores de Guadalajara, las nuevas salas de Exposiciones de su parte posterior, que en estos momento se están concluyendo, y las dependencias administrativas de la tercera planta, han dotado de un mejor servicio hacia la provincia a esta institución que, en todo caso, continua siendo fundamental y básica en la administración y desa­rrollo de Guadalajara.

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