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La batalla de Brihuega en su 275 aniversario

Los Jardines de la Real Fábrica de Paños vistos desde la Villa

Por esta puerta se dio el avance y asalto el dia 9 de Diciembre de 1710 por las Armas de S.M. Nuestro Senor Felipe V, contra las tropas inglesas y holandesas que estaban apostadas en esta plaza a la vista de su Real persona y al dia siguiente se dio la batalla en termino y jurisdiccion de esta Villa. Estas son las palabras que, talladas en la caliza piedra de Alcarria, puede el viajero de hoy contemplar sobre el arco de la puerta de La Cadena en Brihuega. Palabras que mando poner alli, poco despues de tan memorable fecha, el corregidor de la villa, el licenciado Henarejos. Palabras que, a prueba de siglos, de lluvias y de olvidos, nos dicen con su escueta prosa que algo importante vivio el porton, la villa toda, en una fecha que cumple ahora exacta­mente su 275 aniversario.

           Alguien podria preguntarse: Y que fue aquello que mere­cio la eternidad del recuerdo sobre la piedra?. Una batalla. Cuando el marques de Mejorada, dos dias despues, redactaba el parte oficial de la accion de guerra, no encontro mejor frase para terminarle que esta: la conclusion es que debemos a Dios la mas completa Victoria que jamas se ha oydo.

           La participacion de la villa de Brihuega en el hecho memorado fue de tal envergadura, que el Rey Felipe V expidio poco despues, en mayo de 1711, una Real Cedula que comenzaba de esta manera: Por quanto en atencion a lo que la villa de Brihuega a padecido con la ocasion del tiempo que se mantubieron en ella los enemigos, y del sitio y asalto que se les dio en aquella villa, por orden mia… He venido en perdonarla todo lo que estubiere debiendo de todo genero de contribuciones y reparttimientos has­tta el dia referido, y en concederla remision de todas ellas por cuatro anos desde el mismo dia en adelante, incluiendose en una y otra gracia todo genero de Rentas Reales, repartimientos extraor­dinarios, donativos, utensilios, alojamientos, transitos y demas cargas…

           Nos hemos reunido hoy a conmemorar aquel suceso. Que tuvo de protagonista al pueblo de Brihuega, y que centro en aquellos dias de comienzos del diciembre de 1710 la atencion de Europa toda. Porque en aquella batalla concluyo una de las mas largas y sangrientas guerras continentales. Y porque, en defini­tiva, aquella accion guerrera sirvio para poner definitivamente en el trono a la disnastia de Borbon, familia que, despues de 275 anos, continua ocupando con majestad dignisima el trono ancestral de Iberia.

           El asalto a Brihuega y la batalla de Villaviciosa fueron los hitos maximos, finales y definitorios de una gran Guerra que los historiadores conocen como la de Sucesion. Aunque la villa briocense vivio plenamente aquellas durisimas jornadas, los hechos le cayeron encima sin apenas darse cuenta, y vivio con la intensidad maxima una situacion que en cierto modo le venia ajena e inesperada. El comportamiento de la villa y sus gentes en ocasion tan memorable, merecieron luego la recompensa de su monarca, el respeto de la historia y el honor de poder expresar en voz muy alta, que alli fue donde se concreto el acceso defini­tivo de los Borbones a la Corona de Espana.

           Si en este dia de conmemoracion y memoria, estamos viviendo paso a paso los hechos y los lugares que fueron entonces protagonistas, bien merece la ocasion que nos detengamos breve­mente a analizar, en medula y colores, aquellas razones y sinra­zones que abocaron a la batalla.

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           Y porque no hablar, en sucesion sintetica, de las dinastias que han tenido el trono hispano como punto de referen­cia y de entrega? Los castellanos tuvieron una larga y magnifica serie de Alfonsos que pusieron los pilares de la grandeza del pais: el sexto que conquisto, hace ahora 900 anos, Toledo y la Alcarria toda; el octavo que llevo sus victorias hasta las Navas de Tolosa; el decimo que puso su ciencia al servicio de la Pa­tria; y el tercer Fernando que con su valor y santidad amplio las fronteras castellanas.

          Serian despues los Trastamaras, con piezas de altura tal como Isabel y Fernando, brillantes en el firmamento de las historias, o puntos de oscuridad como Enrique IV el inepto. Despues la dinastia de los Austrias, que pusieron tambien su mosaico de personajes sobre la severa piel de toro y sus cada vez mas dilatados dominios: tras el gran Carlos, cesar y rey, o el segundo Felipe arquitecto y funcionario, la angustiosa serie de los felipones y el segundo Carlos, sombra humana solamente. Y, tras esta jornada de Brihuega, los Borbones que nos dieron mas grandezas que miserias, y en cuya nomina figuran, frente al inseguro Fernando VII, el firmisimo Felipe V; ante el incapaz Carlos IV su padre el tertio Carolo de los puentes y las mura­llas, de las salinas y las universidades, capaz de construir un nuevo pais bajo su mandato. Luces y sombras en una dinastia que alcanza hasta hoy, en la figura de nuestro actual monarca, S.M. D. Juan Carlos I, dignisimo en su puesto y defensor de la convi­vencia y el entendimiento entre todos los espanoles.

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          Pero es hora de analizar, de recordar aquellas batallas tan senaladas, Brihuega y Villaviciosa, por las que ahora estamos reunidos, y que hicieron cambiar, sin duda alguna, la historia de Espana. Primeramente, es preciso entrar, siquiera sea superfi­cialmente, en el recuerdo de la Guerra de Sucesion, que durante casi trece anos ensangrento a Espana y gran parte de Europa. Concretamente entre 1701 y 1714, dos grandes bloques de potencias occidentales guerrearon sin desmayo, poniendo prologo a una serie de conflagraciones continentales que han llegado casi hasta nues­tros dias.

          La hegemonia que en los ultimos anos del siglo XVII habian establecido Francia sobre el Viejo Continente, y Espana sobre el Nuevo Mundo, era muy mal llevada por otras potencias como el Imperio Aleman, que buscaba cualquier razon para estorbar ese predominio y socavarlo en cuanto le fuera posible. El motivo surgio con el testamento y muerte del joven monarca espanol Carlos II, el Hechizado, que ante el asombro de todos, y dada su naturaleza fragil y enfermiza, aguanto sobre el trono hasta los treinta y nueve anos de su edad. Con el se agotaba la dinastia de los Haubsburgo, y se abria la incognita de la sucesion.

          Carlos II habia designado para sucederle a Felipe de Borbon, duque de Anjou y nieto de Luis XIV, quien manifesto la posibilidad de que el joven principe uniera en su cabeza las coronas de Espana y de Francia. Aquello creaba, indudablemente, un desequilibrio de la balanza de fuerzas en Europa, e inmediata­mente el Emperador Leopoldo I hace valer los derechos de su hijo, el archiduque Carlos, sobre el trono hispano. Hipoteticos dere­chos, que, de todos modos, solo sirven para iniciar la Guerra.

           El 7 de septiembre de 1701 se forma la Gran Alianza de La Haya: en ella se estrechan todos los paises europeos contra Francia, contra su magnate invencible Luis XIV. Al Imperio aleman se adhieren enseguida Austria, Inglaterra, Holanda y posterior­mente Portugal y Saboya. Politicamente, mas que instaurar en el trono espanol un monarca de su agrado, esta Alianza pretendia desmantelar el Imperio hispano, y repartirse sus despojos. Lo pactaron publicamente de esta manera: Inglaterra se quedaria con Menorca, Gibraltar, Ceuta y la tercera parte de las tierras espanolas de America. Holanda quedaria con los Paises Bajos hispanos y otra tercera parte de las Indias. Para el dominio del Imperio Aleman quedarian el Milanesado, Portugal, Galicia y Ex­tremadura. Y el resto de la Peninsula Iberica, junto al otro tercio restante de America, quedaria para el archiduque Carlos.

          Solamente Francia quedaba para defender al pueblo espa­nol de tal atropello. Solamente Felipe aparecia como solucion para mantener unida la Patria y sus posesiones ultramarinas. Al eje Francia‑Espana se unieron enseguida los electores de Baviera y Colonia, pequenos estados independientes de Alemania.

           Servido el planteamiento del problema, los tiros se oyeron ya en 1701. El campo de batalla, por supuesto, seria Espana y sus posesiones europeas: los territorios de los Paises Bajos e Italia que aun quedaban en poder de la Corona hispana. Eugenio de Saboya, el general jefe del ejercito aleman, cayo sobre el Milanesado con 30000 hombres. Poco despues, ya en 1702, Felipe de Anjou, a quien ya podemos llamar Quinto de Espana, pues desde el comienzo de la Guerra demostro ser el autentico monarca defensor de la Patria, vencio en la batalla de Luzzara.

           Las operaciones se suceden. Una autentica Guerra Euro­pea se desarrolla sobre el dolorido suelo del Viejo Continente. En 1703 el general frances Villars penetra en Alemania y vence en Friedlingen y en Hochstadt. Al ano siguiente, el ingles Marlbo­rough (el Mambru de los campanarios espanoles, aquel que «se fue a la guerra» de las canciones infantiles) vencio a los ingleses en Blenheim. Tambien de 1704 data el incendio de la flota hispana a la entrada de Vigo, cuando regresaba cargada de oro de las Americas. Era ese oro, esa inacabable riqueza del otro lado del mar, la que en el fondo de todo justificaba la codicia y la guerra.

           En 1703 es proclamado en Viena el archiduque Carlos como Rey de Espana. Aqui contaba con algunos partidarios de la clase noble, y por el se alzaron Cataluna, Aragon y Valencia. Sigue el conflicto. Los ingleses aprovechan, en 1704, para inva­dir Gibraltar, que desde entonces ve ondear su bandera en la ultima colonia que existe sobre suelo europeo. El archiduque desembarca en Lisboa con tropas holandesas e inglesas. Sera desde 1705 que la guerra crece en el territorio hispano. Carlos desem­barca en Barcelona, y alli se instala como Rey, apoyado por la franja de pueblos mediterraneos que aprovechan cualquier ocasion para intentar su independencia. Carlos III, con se autodenomina, toma el valle del Tajo y Madrid, con ayuda de los austriacos, y mientras Felipe V se retira a Burgos con su Corte, el archiduque intenta ejercer de Rey en la Capital, sin conseguir mas que frialdad y abucheos por las calles.

           El ano de 1706 sera el que vea la perdida de los Paises Bajos y el Milanesado. Pero al ano siguiente iniciara su impara­ble recuperacion Felipe. La guerra cambia de signo: la batalla de Almansa le pone en poder de Valencia, aboliendo en ese momento los Fueros de Aragon y Valencia. Un contraataque de los aliados les permite tomar Oran, Cerdena y Menorca. El Papa Clemente XI reconoce como Rey de Espana a Carlos y apoya moralmente al archi­duque. Sus generales atacan la frontera francesa, y vencen en Almenara y Zaragoza, permitiendo nuevamente la entrada del Archi­duqe en Madrid. Pero son ya fuegos de artificio: la poblacion chispera apedrea al monarca austriaco, y sin mas dilaciones, unos dias despues, se marcha por donde habia venido. Sus fuerzas flaquean. El pueblo entero esta con el Borbon, y las tropas invasoras luchan a la desesperada. El 3 de Diciembre vuelve Felipe a Madrid. De alli, sale en persecucion del ejercito alia­do, que ya no hace otra cosa que huir. Los dias 9 y 10 de diciem­bre de 1710, y ahora hace de ello 275 anos, se libran las bata­llas de Brihuega y Villaviciosa, terribles y monumentales bata­llas «a la antigua», en las que se cuentan por miles los muertos y prisioneros. Y vence el Borbon. Se instaura, definitivamente, la dinastia francesa. Y Espana recobra la Paz. La tarea de Felipe V es ingente. No solo rescatar Espana y su imperio del mas abso­luto de los abandonos y retrasos, sino modernizar y dinamizar todo, desde los cimientos. De entonces, 1712, es la fundacion de la Biblioteca Nacional. De 1713 la creacion de la Real Academia de la Lengua. Y tantas otras cosas que pusieron a Espana en la orbita de los tiempos modernos…

           La Guerra siguio aun en el Norte. A pesar del Tratado de Utrecht, en que se firmo la Paz entre las potencias guerrean­tes, los catalanes mantuvieron su rebelion frente al poder cen­tral. En septiembre de 1714 se rindio el archiduqe, y la Peninsu­la volvio a recuperar su normalidad.

           Mucho se ha escrito sobre esta Guerra de Sucesion. Son famosos los Comentarios a la Guerra de Espana del Marques de San Felipe, y las agudas interpretaciones de Carlos Seco Serrano, amen de muchos otros tratadistas e historiadores. Pero con ellos hemos de ver esta conflagracion como una autentica guerra euro­pea, y al mismo tiempo como una guerra civil en Espana. Fue realmente una guerra contra el intento de disgregacion del terri­torio hispano, no solo por las apetencias rapineras de los euro­peos, sino por el intento de independencias de otras regiones. Fue, al mismo tiempo, una guerra de religion, pues el catolicismo tradicional hispano libro batalla contra tropas protestantes que invadian y destrozaban. Y fue, definitiva, una guerra popular, en la que el pueblo todo se unio junto al Borbon. Felipe V lucho y vencio porque supo defender su Corona, y simbolizo en todo momen­to el ideal de unidad nacional y dignidad de Espana. Vencio, en definitiva, porque puso su confianza en el pueblo, que siempre sabe quien va de buena fe.

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           Pero hemos de concretar. Es preciso bajar de lo general a lo concreto. Y pasar de aquella guerra de frentes multiples, de intereses cruzados, al devenir concreto de la batalla. De la de Brihuega y Villaviciosa. De ese Gran Dia de Brihuega como lo apellido su cronista local y provincial, D. Antonio Pareja Serra­da. Nuestra tarea es esta, la remembranza de aquellas jornadas que alientan, en la memoria, gritos de guerra y trompetas de paz: un caleidoscopio de sucesos que se agolpan ya en el recuerdo.

          Dijimos como los aliados, tras el gelido recibimiento de Madrid al archiduque, se van huyendo mas que retirando, pal­pando en el ambiente la imposible victoria que, sin el apoyo popular, nunca podran conseguir. Se van en tres columnas, hacia el norte. Cruzan las alcarrias comandados por Frankemberg, Sta­remberg y Stanhope. Felipe V avisa a Vendome para que los persi­ga. Ambos se unen en Guadalajara, planenado la persecucion y el aplastamiento final.

           Stanhope para a descansar en Brihuega. Los hispanos, con Vallejo, Bracamonte y otros generales a la cabeza, ocupan por la noche todos los puentes, pasos y alturas que por el valle del Tajuna y la Alcarria briocense pueden tener funciones vitales. En vista del peligro, el ingles decide atrincherarse en la villa de los Arzobispos. Inicia febrilmente una fortificacion total: con­vierte el castillo en reducto ultimo, abre pozos y trincheras por las calles; pone maderos atados con cadenas por las calles y cruces; prepara teas tras los parapetos; busca la inexpugnabili­dad ante lo que sospecha puede ser un asalto definitivo.

           El dia 8 de diciembre, los realistas inician el ataque desde las alturas, lanzando su artilleria contra las veteranas murallas de Brihuega. El Rey Felipe dirige las operaciones desde el Cerro de Quinoneros. Bombardeo continuo sobre la villa: dicen los cronistas que llegaron a caer ese dia mas de mil bombas sobre la poblacion. El dia 9 se renovo la operacion. Pero enseguida se paso al asalto, unico modo de abreviar la batalla, dado que las murallas aguantaban mejor de lo que era de suponer por el conti­nuo acoso de los artilleros.

           Los espanoles ardian en deseos de entrar al asalto. La raza vigorosa y estimulada de gentes de todas las regiones hispa­nas solo deseaban acabar con aquello de la forma mas drastica posible. Se atacaron las diversas puertas de Brihuega, segun habia previsto Stanhope. El ataque inicial fue hacia el Cozagon, y enseguida se arremetio contra la puerta de San Felipe y el Arco de la Cadena. En aquel primer ataque, fueron los escaladores extremenos quienes demostraron mayor ardor en la tarea guerrera. Pero muchos otros regimientos pusieron sus banderas bien altas en el empeno. Las notas de sus himnos se escuchaban semiahogadas por el griterio y las descargas de fusil. El castillo dorado del Regimiento del Rey, la azulada C de los del Principe, la cruz de plata del Regimiento de Saboya, el sol de oro de los de Extrema­dura, el plateado corcel de Alvar Fanez que los de Guadalajara llevaban por ensena, o la Victoria volante de los dragones de Frisia, que tras esta hazana cambiaron el nombre al Regimiento y le llamaron Villaviciosa, poniendo en su lema el «In  Villamvi­tiosam, victor et vindex» que hasta hoy traen.

           Toda la tarde se fue en terribles combates, asaltos, luchas cuerpo a cuerpo por murallas, torreones, calles y por­tales, plazas y sopuertas. Muy entrada ya la noche, tras la enorme carniceria, prisionero el orgulloso Stanhope, se levanto del castillo de la Pena Bermeja la bandera blanca de la rendi­cion. Hills y Cerpentier capitulaban.

           Bajo a la villa Felipe V y observo, aterrado, el espec­taculo del pueblo. La muerte y la destruccion habian hecho alli su habitaculo. Todos cansados,pero ebrios de victoria, el Animoso decidio dar su golpe final. Staremberg se acercaba por las altu­ras alcarrenas a socorrer a los vencidos. Llegaba con tropas de refresco. Traia 17000 de infanteria y 5000 caballos mas la arti­lleria. Su sorpresa fue inmensa al encontrar, junto al pueblecito de Villaviciosa, formado en orden de batalla al ejercito que durante los dos dias anteriores habia luchado con denuedo contra Brihuega. Prestos a la lucha, 10000 infantes y mas de 11000 jinetes le esperaban. La retirada le era imposible al aleman. La batalla surgio con toda la fuerza y la crueldad que los momentos de una agonia imponen. Unos y otros se batieron durante horas en la llanada alcarrena. Sono el tambor y la trompeta, rugio el canon y la espingarda, brillo el sable y la pica, se mato y se murio… pero en definitiva quedo patente la bizarria de unos y otros: no solo los hispanos Bracamonte y Vallejo mas el galo Vendome, sino Staremberg, Villarroel y los otros europeos.

          La victoria final fue de los espanoles. En Villaviciosa se ponia la coda de una sinfonia de fuegos y muertes. Con un monarca nuevo y joven, Espana alentaba una nueva era. La salida de una agonia se hacia con esa crisis de espasmos y dolores. Pero la paz renacida compensa todo sacrificio. Con estas batallas que tuvieron tablero y peonaje en la alcarria, se concluyo la guerra de Sucesion que habia encubierto una autentica guerra europea. En memoria de aquellas jornadas cruciales, Felipe V ordeno, a su regreso en Madrid, instituir a la Inmaculada Concepcion por patrona de los cuerpos de Infanteria, en recuerdo de haberse dado en su dia tan gran batalla y victoria sobre su enemigo en Brihue­ga.

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            Nunca olvido  la villa de la pupurea roca este hecho crucial y convulsivo de su historia: ni dejo de tener presente que por su valor y sacrificio la casa de Borbon habia reafirmado su postura sobre el trono de Espana. Fue asi que en 1881 un acuerdo de la Excma. Diputacion Provincial de Guadalajara decidio la ereccion de un monumento, en el lugar exacto de los hechos, a la batalla de Villaviciosa. Se hizo el proyecto, a cargo del arquitecto D. Benito Ramon Cura, y anos despues, concretamente en 1910, al celebrarse el segundo centenario de la batalla, se puso en marcha un ambicioso plan de actuaciones que culmino, en sep­tiembre de 1911, con la inauguracion de dicho monumento, que habia construido la Diputacion alcarrena bajo la direccion tecni­ca del ingeniero Sr. Velasco. Ese monolito de oscuro mineral ante el cual manana depositaremos las flores que son nuestro homenaje y recuerdo a cuantos dieron su vida en la fria altura, venia a darnos con su silueta de truncada piramide, su cornisa de hojas de acanto, sus leyendas alusivas y sus escudos provincial y de Brihuega, el testimonio de un hecho que la historia y la memoria colectiva no debe nunca echar en el olvido.

           Entonces se levanto un ceremonial de altura: el Rey, por compromisos de ultima hora, no pudo acudir, estando represen­tado por su Ayudante de ordenes, D. Vicente del Rio Careaga. Asistieron numerosos militares y altos mandos del Ejercito de Tierra en sus diversas Armas, asi como los jefes de los Regimien­tos que participaron en la batalla. Con ellos el Presidente de la Diputacion Provincial, D. Ramon Casas, y el Alcalde de Brihuega, D. Jesus Villa. Y ademas bandas de musica, conciertos, banderi­tas, fiestas… fue un digno broche de aquellas jornadas la emision de una medalla conmemorativa, que realizo la Diputacion Provincial y que por Real Decreto de 10 de febrero de 1911 se elevo a categoria de Condecoracion Oficial. Para ello se busco la medalla que Felipe V hizo batir tras la batalla, y que sirvio para condecorar a los heroes que se distinguieron en la misma. En el anverso, el monarca Animoso. En el reverso, la victoria sobre un trofeo militar, y la frase latina que decia de victorias y victoriosos en Villaviciosa.

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          Y es ello que, gotas de un rio que nunca acaba, estamos hoy recordando aquel fasto y aquella gloria. Conmemorando un aniversario puntual, los 275 anos del asalto a Brihuega y batalla de Villaviciosa. Haciendolo en el convencimiento de que todo cuanto sea analizar y valorar nuestra historia es mejorar nuestro presente, es poner los basamentos de un futuro mejor. Si en aquella ocasion gloriosa, muchos espanoles tuvieron el valor supremo de entregar la vida por su rey y por la dignidad de la Patria, solo nos cabe en esta hora mirarnos en aquel espejo, que fue inmenso y prieto, y tratar de mantener el concepto de valor, de lealtad y de entrega que nuestros mayores supieron darnos. En su recuerdo, en su homenaje, pido ahora para ellos el aplauso que entonces no oyeron.

Leído en la Solemne sesión conmenorativa del 275  aniversario de la Batalla de Brihuega, en el salón del Ayuntamiento de Brihuega, diciembre 1985

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