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La calle de Francisco Torres

 

Siguiendo nuestro recorrido por algunas de las calles de Guadalajara que hayan tenido alguna relación, por su nombre o contenido, con la reconquista de la ciudad, nos acercamos hoy a la dedicada a don Francisco de Torres. Y ello por una razón muy concreta: aunque nacido en el siglo XVII, Torres es autor de una de las mejores historias de la ciudad de Guadalajara y concretamente de la única que en estos momentos aún se mantiene inédita y por tanto desconocida totalmente para la gran mayoría de las gentes. Con motivo del IX Centenario de la Reconquista de la ciudad, la Institución «Marqués de Santillana» en colaboración con el Patronato Municipal de Cultura, van a editar esta historia de Torres, y de este modo será una forma más de conmemorar este importante acontecimiento en nuestra ciudad.

Hablaremos, con este motivo, de Francisco de Torres y de la calle que en el siglo pasado le dedicó el municipio. Se encuentra esta vía frente a la actual entrada al palacio del Infantado, en la parte baja de la calle Mayor, teniendo su entrada concretamente desde la plaza de los Caídos en la guerra civil. Termina, 200 metros más abajo, en la calle de Ingeniero Mariño. Es una calle corta, de casas elegantes, construidas todas ellas en el siglo XIX, en sus últimos años, tras la remodelación que del antiguo barrio o colación de Santiago se efectuó al derribar la iglesia parroquial del mismo nombre, bella obra de la arquitectura mudéjar, y que había ocupado durante siglos el solar que hoy es lonja de acceso al palacio del Infantado en sus zonas de Museo y Biblioteca.

En dicha calle, por tanto, no podemos encontrar otra cosa que varios edificios de un interés relativo, por ser todos ellos bastante modernos. No obstante, dado el deterioro constante que la ciudad ha sufrido en su aspecto más tradicional, todos los rincones que como esta calle de Torres se mantienen casi intactos después de un siglo de vida son merecedores de atención y cuidado urbanístico.

Quien fuera don Francisco de Torres y Pérez, titular de la vía que hoy comentamos, es lo que a continuación vamos a ver. Había nacido en Guadalajara nuestro personaje, en el seno de una familia de cierta alcurnia, y si no con títulos de nobleza, al menos sí con blasones, dinero y prebendas. Eran sus padres don Nuño Torres y doña Ana Pérez. Su abuelo don Francisco Pérez, había gozado de altas influencias en la Corte. En ocasión de la jura como heredero y príncipe de Asturias del hijo de Felipe III, Francisco Pérez había acudido en su calidad de procurador en Cortes por la ciudad de Guadalajara. De entonces le venía una renta que el Rey le concedió de 25.000 maravedises y que disfrutaron durante generaciones sus familiares (entre ellos nuestro historiador) También entonces el poderoso abuelo solicitó al Rey la concesión de un hábito de alguna Orden Militar, con objeto de pasárselo al nieto, y éste mismo aspiró a ello durante toda su vida, sin llegar a conseguirlo.

Puede calcularse en el 1607 o 1610 el año de nacimiento del historiador Torres. Nada sabemos de su formación universitaria, y sola­mente que, quizás debido a la prosapia familiar, tuvo buenas rentas y gozó del cargo de regidor perpetuo del Ayuntamiento de Guadala­jara, como él mismo nos lo indica en el comienzo de su historia arria­cense. Fue también capitán de mi­licias de la ciudad, y en ese cargo acudió a la sublevación de los catalanes, al mando de 200 infantes guadalajareños, en 1642.

Pero aparte de estos avatares, que en todo caso fueron temporales nuestro personaje se dedicó toda su vida a la apacible lectura, al estudio, a la conversación y a la recopilación de temas históricos relacionados con su ciudad natal. En este sentido cabe decir que escribió o vio terminada su obra el año 1647. La tituló «Historia de la nobilíssima ciudad de Guadalajara», y de ella se conservan dos ejemplares manuscritos del propio autor en la Biblioteca Nacional de Madrid, sección manuscritos, perfectamente encuadernados y conservados, muy legibles, y cuajados de interesantes noticias sobre el pasado de nuestra ciudad.

El mismo reconoce haber utilizado ampliamente los apuntes o historia, entonces manuscrita y hoy perdida, que con el título de los «Anales de la ciudad de Guadalajara» había escrito a la mitad del siglo XVI el alcarreño Francisco de Medina y de Mendoza. También reconoce, en algunas partes del texto de su obra, que en aquellos días estaba escribiendo otra historia de la ciudad de Guadalajara el religioso jesuita Hernando Pecha, pero al parecer no se vieron mutuamente, o no se dejaron ver, las historias que ambos escribían.

De la «Historia» de Francisco de Torres se hicieron luego algunas copias, una de las cuales se conserva manuscrita en el Archivo Municipal de Guadalajara y otra en el Archivo Histórico Provincial, siendo ambas de finales del siglo XIX. Pero esta obra, de indudable interés para el conocimiento del pasado de la ciudad, nunca se hizo edición ni tirada impresa, por lo que el proyecto que actualmente está en marcha de darla a la imprenta para su conocimiento general y su difusión amplia, no puede recibir sino nuestra más calurosa acogida. Es ésta una forma más de conmemorar el centenario de la reconquista de Guadalajara, con la presencia de un hombre que mereció no solamente una calle, sino, por supuesto, el recuerdo agradecido de todos nosotros.

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