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La Sacristía de las Cabezas

 

Ya en otras ocasiones hemos hablado de esta joya de la arquitectura y el arte de Sigüenza: el Sagrario Nuevo o Sacristía de las Cabezas, que es, sin exageración, uno de los elementos más relevantes de la historia del arte español. Situada en el costado norte de la girola de la catedral, se levantó en el siglo XVI, en momento de empuje reformador y constructivo en este templo cabeza de la diócesis. El obispo García de Loaysa fue quien decidió llevarla a cabo y la impulsó especialmente.

Debe recordarse que las funciones de la Sacristía, o Sagrario Nuevo, como se llamó mucho tiempo, fueron las de almacenar los ornamentos litúrgicos, los elementos de orfebrería y en especial las reliquias de todo tipo que, hasta la primera mitad del siglo XVI fueron consideradas como joyas preciosas, maná celestial y guía segura de salvación. El erasmismo y otras reformas dieron al traste con tanta superstición, fuente de sabrosos ingresos para la Iglesia durante muchos siglos.

Esta sacristía fue diseñada y programada por el famoso arquitecto y escultor Alonso de Covarrubias, en 1532. Vino de Toledo a Sigüenza, en el mes de enero de dicho año, y aquí concertó con el cabildo catedralicio las condiciones de su trabajo. Muy posiblemente en Sigüenza, donde permaneció aproximadamente un mes, diseñó Covarrubias este templo del arte, y los dibujos soberbios que darían justa fama a su techumbre. De su fuerte mano saldría esa galería de rostros retorcidos y firmes, doloridos y en éxtasis, que dan gozo a la vista y cavilación al espíritu. Pero la sacristía grande de la catedral de Sigüenza supone para la historia del arte y la civilización en España algo más que su mera presencia de piedra tallada y equilibrado ámbito arquitectónico. Supone un auténtico mensaje, una dicción de principios, un largo epitafio de algunos seres que en el silencio meditativo de un cuarto renacentista programaron ese techo, esos muros, esos medallones, para que dijeran algo concreto.

Realmente es difícil asegurar la total paternidad de Alonso de Covarrubias para con esta Sacristía de las Cabezas. Tardó en construirse 42 años, y al maestro de la catedral toledana siguieron aquí Nicolás de Durango y Martín de Vandoma, de los que sabemos recibieron poderes del Cabildo para seguir la obra «de la manera y forma que les paresciere». ¿Cambiaron ellos el diseño primero? No parece probable: la personalidad de Covarrubias está muy clara en esta pieza, y sus tallas son originadas de su estilo inconfundible. Pero, en definitiva, ¿quién fue la persona que dio el programa y equilibrio final de las figuras? En investigaciones que he realizado, a ratos perdidos, en el magnífico archivo de la catedral y cabildo de Sigüenza, vi en cierta ocasión cómo quedaban disputados 2 eclesiásticos capitulares para elaborar la temática que había de ponerse en esta pieza de la sacristía. No recuerdo ahora sus nombres; fue en 1532, e indudablemente fueron doctores, quienes dieron a Covarrubias la pauta iconológica a seguir.

Y aquí radica hoy nuestra final pregunta, nuestro definitivo ruego a cuantos visiten esta sacristía. De esas 304 cabezas que la coronan ¿cuántas son realidad, y cuántas mito? Porque muchas de ellas son auténticos retratos: el florentino Julio de Médicis, a la sazón Sumo Pontífice de la iglesia romana con el nombre de Clemente VII, está retratado en un medallón. Y también el obispo García de Loaysa. Y el cardenal de Toledo, y el emperador Carlos I con su esposa Isabel de Portugal; y el príncipe Felipe; y algunos cortesanos, y otros clérigos, canónigos, frailes, artesanos y canteros de la catedral, mendigos de la plaza, trajinantes de las serranías del Ducado, moriscos de la Alpujarra prisioneros, soldados, peraíles, viejos al sol… no cabe duda que son retratos, la mayoría, de gentes del momento. La escala social está representada en su totalidad. Y lo está precisamente en un lugar de bóveda, de altura, de cubrición de un espacio sagrado: esto fue utilizado siempre en el arte como representaci6n del cielo, de la gloria. Quizás signifique la comunión del pueblo de Dios en el Día Final. La bóveda se sujeta por capiteles y enjutas en las que aparecen, sin duda, profetas y Sibilas de la antigua ley.

La sacristía de las Cabezas, de Sigüenza, es un marco magnífico donde contemplar en su pureza el arte plateresco hispano. Pero es al mismo tiempo un interrogante abierto y un acicate para el estudio. Todo es cuestión de pasarse algo más que el simple instante de una visita turística, ante sus piedras talladas y violentas. Tarea que recomiendo vivamente.

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