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Un castro arévaco en Guijosa

 

En los primeros días de este mes, fue presentado en acto público el número 5 de la revista, «Wad‑al‑hayara» que hace la Institución Provincial de Cultura «Marqués de, Santillana», con artículos y estudios valiosos referentes á muy ‑distintos aspectos del arte, la historia y la arqueología de nuestra provincia. Este número 5, correspondiente al año 1978, consta, de 32 trabajos desarrollados a lo largo dé 464 .Páginas de densa y sabrosa lectura.

Uno de los temas más interesantes, y que al mismo tiempo, constituyen una aportación señalada al conocimiento de la prehistoria seguntina es el artículo que firman los arqueólogos Belón, Balbin y Fernández-­Miranda, y que lleva por título «Castilviejo de Guijosa». Se refiere a un castro enclavado en un lugar prominente entre los términos de Guijosa y Cubillas del Pinar, a la derecha de la cuesta que la carretera que entre ellos media ha de ascender para llegar al segundo. Rodeado de riscos por todos sus costados excepto por uno en éste se encuentran las fortificaciones o murallas con varios acodamientos, y, aún más interesante, los, «cheveaux de frise» o defensas anti-­caballos que se solían colocar en estos lugares (tal como se ve en otros varios castros del norte peninsular) y que consisten en múltiples lajas clavadas en el suelo de forma que impiden totalmente el acceso de gentes a pie o a caballo, y. por supuesto, de máquinas de guerra,, pudiendo ser atacados fácilmente desde el interior del Castro aquellos que intenten acercarse. Para acceso de los propietarios del lugar, quedaba en todo ese espacio defensivo un paso de unos cuatro metros de ancho sin piedras enclavadas.

Los autores describen esta fortificación, la relacionan con otras similares que se hallan en las provincias, de Soria, Salamanca, Zamora y Portugal, todos ellos sede de grupos celtas, guerreros y resistentes ante la invasión romana. Este de Guijosa, es el más meridional de estos castros, y lo interpretan los autores como una irrupción del pueblo, arévaco al sur dé la cordillera central. Hasta el siglo II antes de Jesucristo estuvo poblado y fue utilizado contra las tropas de Roma, que finalmente lo vencieron.

Las excavaciones llevadas a cabo en su interior han dado pobres resultados, pues se han encontrado cerámicas y mínimos restos de aquella época. Lo interesante, verdaderamente, es la estructura del castro, conservado perfectamente en su perímetro y detalles, por lo que el visitante puede hacerse la idea de encontrarse en un entorno total­mente primitivo. El lugar merece, desde luego, una detenida visita, pues no sólo el paisaje que desde aquella altura se divisa, sino los restos monumentales del castro céltico, compensarán el desplazamiento. Es un resto de nuestro pasado que debe ser conocido, explicado, comprendido en su valor. Y respetado.

La labor que un grupo de arqueólogos entusiastas y trabajadores está haciendo en nuestra provincia, en los últimos años es muy destacable. Don Dimas Fernández ­Galiano, director del Museo Provincial, y presidente de la sección de Arqueología dé la Institución «Marqués de Santillana» que dirige las excavaciones de la ciudad visigótica de Recópolis, alienta este movimiento, que se ha visto cuajado en una docena de artículos sobre esta temática en el mencionado número 5 de la revista «Wad‑al-­hayara». De este modo, y de una forma científica y sistemática, podemos ir accidendo al conocimiento de ese mundo fascinane, velado y misterioso, que es la prehistoria de nuestra tierra.

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