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octubre 6th, 1973:

VI Jornada de exaltación alcarreña. Homenaje a D. José García Hernández y a la memoria de Sebastián Durón

 

Con gran afluencia de público de los más diversos lugares de España venidos expresamente, tuvo lugar en Brihuega el pasado domingo 30 de septiembre la gran jornada de Exaltación Alcarreña, que este año cumplía su sexto aniversario de gozosa realización. Se pretendía con ella, y se consiguió plenamente, hermanar cordialmente a cuantos nacidos en esta tierra, o fervorosos de ella por cualquier causa, estaban dispuestos a pasar un día feliz de remembranzas y realidades. Al tiempo, homenajear las figuras de dos alcarreños ilustres: uno ya fallecido, el maestro Sebastián Durón, y otro aún activo y firme entre nosotros, el Excmo. Sr. Don José García Hernández. Por primera vez en el devenir de estás encuentros, salía su celebración de Guadalajara, y toda la villa de Brihuega se llenaba del color y la voz, del latido y la canción que la Alcarria poderosamente lleva.

A las 11 de la mañana se celebró una Misa solemne en la recientemente restaurada iglesia de San Felipe, de un limpio y cisterciense gótico. En el templo, abarrotado, de público, intervino el Cuarteto «Tomás Luís de Victorria», con canciones sacras de los músicos barrocos Durón y Victoria, y en la homilía hizo el celebrante, Ilmo. Sr. González Alvarez, un bello canto de la devoción mariana que en Brihuega y la Alcarria toda se profesa aún a la Santísima Virgen.

Posteriormente tuvo lugar un acto literario en el «Prado de Santa María», al verde y pétreo cobijo de los muros seculares del castillo de Brihuega. Un entorno perfecto para que la voz de escritores y poetas cuajara en bellos cantos de exaltación alcarreñista. Intervino en primer lugar don Salvador Toquero Cortés, quien en breves y bellas palabras hizo la justificación del acto, de la jornada toda, y trazó somera biografía del homenajeado presente, ilustre político alcarreño, excelentísimo señor García Hernández, a quien posteriormente don Emilio González Álvarez ofreció el Diploma recordatorio, de este cordial acto.

La evocación del maestro Sebastián Durón, como figura del pasado, corrió a cargo del joven profesor Villa Rojo, natural también de Brihuega, quién trazó una sucinta biografía de los hermanos Sebastián y Diego Durón, los dos músicos entre los siglos XVII y XVIII, y estudió posteriormente el carácter inédito pero interesantísimo de sus obras respectivas, ofreciendo finalmente su colaboración para llevar adelante el estudio que merece esta obra musical; así como brindando la idea de unos «festivales Durón» que esperamos recoja nuestra Institución Provincial de Cultura. Seguidamente, y tras escuchar merecidos aplausos, se procedió a descubrir una sencilla placa conmemorativa del acto.

Posteriormente, y también con la presentación sucesiva del señor Toquero Cortés, hizo su aparición la poesía, que en Brihuega es siempre fácil y naturalmente brota de su alto entorno sentimental. Poetas de Albacete, Toledo y Guadalajara se dieron cita entre la piedra y la hierba del castillo briocense. Ismael Belmonte, poeta de la Mancha albacetense, dijo con fuerza y patetismo su «Poema homenaje a Ochaíta», y su «Poema manchego: el zagal», de honda raíz campesina y popular, siendo muy ovacionado. Francisco Ballesteros, cronista oficial de Albacete, fundador del grupo poético «Alcor», recitó serenamente dos «Poemas a la Alcarria» de contexto intelectual. A continuación intervino el ya veterano Cronista de Toledo, Clemente Palencia, quien evocó el pasado briocense con dos poemas titulados «Toledo recuerda a la Alcarria». El también toledano Juan Antonio Villacañas recitó con su habitual simpatía 3 poemas, uno de ellos dedicado al Jardín de la Alcarria que es Brihuega. Por parte de Guadalajara, cerraron el acto los ya conocidos poetas Jesús García Perdices, que recitó «Vosotros sois la Alcarria», un canto hondamente sentido a los alcarreños, ausentes, y «Gratitud» a las tierras manchegas de Albacete y Toledo que habían querido sumarse al acto. José Antonio Suárez de Puga recitó finalmente tres de sus poemas, cuajados de virtuosismo técnico y claro sentimiento, recibiendo una gran ovación. El acto resultó verdaderamente agradable, completo y perfectamente organizado, sentando un alto y difícil precedente que superar en años venideros. A continuación, y en el contiguo templo de Santa María de la Peña, se cantó la Salve a la Patrona y se hizo la ofrenda floral por parte de jóvenes ataviadas con la indumentaria de nuestra región.

El día, la jornada que caminaba cuajada de calor popular, restando así algo de intensidad al frío atmosférico reinante, continuó en el recinto de la Real Fábrica de Paños, en los más alto de la villa, donde fué servido un vino de la tierra a cuantos alcarreños se ha­blan sumado al acto, y a continuación, en las «Cuevas» del linajudo edificio, tuvo lugar la gran comida de hermandad en la que más de trescientas personas pudieron charlar, saludarse y evocar viejos tiempos mientras saboreaban las «migas alcarreñas con tropezones», las «chuletas de cordero al ajo arriero» y esas« nueces con miel» que tan castizas y típicas resultan de tomar a orillas del Tajuña. A los postres se sucedieron las intervenciones oratorias de algunas personalidades asistentes, que quisieron rendir su homenaje de afecto y amistad al señor García Hernández. Intervino en primer lugar don Salvador Embid Villaverde, director de NUEVA ALCARRIA y alma de estas Jornadas, quien agradeció la asistencia de todos y leyó las adhesiones que por carta, telegrama o teléfono se habían recibido, siendo unas le ellas la del excelentísimo, señor Presidente de las Cortes don Alejandro Rodríguez de Valcárcel y del gobernador civil, don Carlos Montolíu y Carrasco, ausente de Guadalajara por asuntos familiares. Intervinieron seguidamente el doctor Cerro Torrecilla, de la Casa de Guadalajara en Madrid; el doctor Lozano Viñés, al­calde de nuestra ciudad, el doctor Pérez López, alcalde de Brihuega; el señor Montero Herrero, presidente del Núcleo González de Mendoza; el señor Ramos Sánchez, delegado provincial de Sindicatos, y el Ilmo. Sr. D. Mariano Colmenar Huerta, presidente de la Diputación Provincial. Con las palabras espontáneas, cordiales y colmadas de agradecimiento del señor García Hernández, e n las que expresó su alegría por ser objeto de este homenaje que vela tan popular y auténtico por parte de sus paisanos alcarreños, quedó cerrado este ac­to de auténtica confraternización.

Seguidamente, en la Plaza del Coso de Brihuega, los grupos de danzas de la Casa de Guadalajara en Madrid hicieron una demostración de buen folclore y sana alegría y al final del día, diversos grupos de alcarreños recorrieron las calles, plazas y monumentos señalados de la villa de Brihuega, manteniendo el espíritu de cordialidad con su presencia, hasta bien entrada la noche.

Nuestra enhorabuena a todos los alcarreños que quisieron sumarse a este acto, dilatado y sencillo, pero pleno de cordialidad; nuestra felicitación más sincera a quienes desde su puesto en la Comisión organizadora o las otras instituciones patrocinadoras del acto consiguieron esta dimensión de lo bien hecho y bien programado; y nuestro recuerdo para todos cuantos, desde lejanos lugares, no pudieron venir a Brihuega, pero con su corazón estuvieron cerca de nosotros. Que el año que viene sea más grande aún, más clamoroso este encuentro de Exaltación Alcarreña.

Mondéjar en el siglo XVIII (II)

 

En contra de lo que estamos viendo en muchos otros pueblos de la provincia de Guadalajara, incluso de la misma Alcarria, Mon­déjar tenía en el siglo XVIII menos población, que actualmente. Claro signo de su crecimiento y progreso. En 1752 eran 330 vecinos, incluidos los sacerdotes, las viudas y los pobres. Y se catalogaban 320 casas habitables, 10 arruinadas, 30 solares, 29 bodegas, dos Mesones y una fragua.

Quizás se éste que vamos a tratar a continuación él capítulo que más interés despierte para el conocimiento, anecdótico, íntimo, familiar, de lo que era, de lo que se hacía en Mondéjar en la mitad de la decimoctava centuria. Nos estamos refiriendo a las ocupaciones con las que sus vecinos se ganaban la vida, desgastaban el mundo y al tiempo lo recomponían, y se salvaban (los que podían) tras la muerte.

El alcalde mayor era al mismo tiempo, administrador de las rentas del Marqués dé Mondéjar: un hombre de confianza que defendía pueblo y posesiones, mientras el magnate intrigaba y, se divertía en la brillante Corte borbónica de Madrid. Tenía este hombre un sueldo anual de 500 ducados; un buen pellizco para la época. También residían en el Pueblo un Mayordomo de Su Alteza el Infante Cardenal, y otro que lo era de la Renta Real del Tabaco. Los oficios de letras se completaban con un abogado, tres notarios (Manuel, Ximénez Asensio, Juan Antonio Ximénez y Manuel Martínez), y un escribano del Ayuntamiento.

La Sanidad estaba bien atendida. Aunque había dos médicos, só­lo uno, don Lázaro Carrascosa ejercía la profesión, apreciándosele una ganancia anual de 6000 reales. El otro doctor, don Pedro Heredia, «se halla imposibilitado por estar ciego». Existía, en cambio, un especialista, el único, según mis investigaciones, que había en toda la provincia de Guadalajara por aquéllas fechas: se trataba de Sebastián de Rueda, oculista, que ganaba 700 reales al año. Tam­bién existía un Cirujano (Eugenio Guzmán), cuyas funciones se limitaban a «asistir a los enfermos, sangrarlos y informar al Médico su estado», por lo que su pomposo nombre sería traducido hoy por el de practicante o ayudante técnico sanitario. También, dentro del ramo de la Sanidad, se incluía al Barbero, que simultaneaba tal como, ocurría en toda España en esa época, su función de cortar barbas y cabellos con el de aplicar sanguijuelas y hacer sangrías, ayudando así al Cirujano, y llevando adelante el sistema terapéutico tan de moda. Un ‑Boticario en fin, que lo era don Bernardo Aybar, con una ganancia anual de 2500 reales, se ocupaba de producir y distribuir las medicinas entre los enfermos que las precisaban. Las ganancias de todos estos profesionales procedían del «prorrateo o iguala» que ajustaban entre los vecinos.

Otros oficios aún tenidos, por “intelectuales” y bastante bien mirados, eran los de Sacristán mayor, sacristán menor y bajonista (1), tenor de música, con una ganancia anual de 106 reales por su oficio, maestro de primeras letras, y arrendadores del Peso, correduría y derecho de aguardiente.

El resto de las ocupaciones de los vecinos de Mondéjar eran mercantiles y manuales. Nos limitaremos a reseñar su totalidad, recreándonos al mismo tiempo en algunos bellos nombres de oficios hoy ya casi desaparecidos: habla dos fabricantes de paños (José Cebrión y José Lozano) y un tratante en ellos. Siete tejedores de lienzos y dos tratantes de la tenería del marqués. Tres horneros, por supuesto. Un molendero de chocolate, también. Un oficial, de la carne, y un obligado de lo mismo. Dos mesoneros. Un tendero de pescado y aceite, y otro de mercería. Este último debla hacer «su agosto» cuando llegaba la festividad de San Andrés, con cuyo motivo se celebraba en Mondéjar una gran feria de 21 días de duración, famosa en muchos kilómetros a la redonda, y en la que fundamentalmente se comerciaba en “géneros de Mercería y ropa”. Se pagaban las correspondientes alcabalas al señor marqués, como dueño absoluto de la villa.

Dos mesoneros había en el pueblo. El uno atendiendo su propio negocio: era José Montes. El otro, encargado de llevar al Mesón “propio, de las Animas de esta Villa», que era propiedad del Ayuntamiento, y, como se ve, sus beneficios iban destinados a obra tan pía como la de sacar del Purgatorio a cuantos mondejanos ibar a él después de muertos.

El maestro, albañil venía ganando 7 reales diarios, 3 más que los dos oficiales de lo mismo. Se ve que el “boom” de la construcción no había comenzado aún, y tres hombres bastaban y sobraban para hacer o deshacer, en el oficio. También había un herrero, y un botero y tres herradores, y un curtidor con su correspondiente aprendiz, y tres cardadores, y un tundidor, y siete sastres, y seis zapateros. Pero el mayor volumen de trabajadores se centraba, es lógico, en las faenas agrícolas: 72 labradores se declaraban tales. Y 58 arrieros, que aunque algunos tiene 2 caballerías, regularmente no handan más que con una, empleando la otra en la servidumbre, de su Casa». Se completaba el cuadro de «transportistas» con un par de carreteros. Y el total de oficios útiles con 12 pastores mayorales, otra docena de zagales, y un par de hortelanos. El resto de la población activa se completaba con los 24­ frailes que moraban en el convento franciscano de San Antonio,» en las afueras del pueblo; con una docena de sacerdotes y clérigos, a cuya cabeza figuraba don Lucas López Soldado, cura propio y arcipreste de la Parroquial. Había, también, fielmente consignados por la oficial declaración, «veinte pobres de solemnidad, vecinos naturales de­ la, villa.»

No puede quedar sin consignar, en este abigarrado desfilar del Mondéjar dieciochesco por  estas páginas el cuidado que en la beneficencia ponía el Ayuntamiento. Existía un Hospital, que con el nombre de San Juan Bautista, constaba de Casa y Capilla; “sus, rentas consisten en varios Censos, renta de tierras y olivos, cuyo producto se invierte en curar los pobres de esta villa, y forasteros que vienen a él, ropa para las camas, adorno de dicha capilla, y reparos que se hacen en la expresada casa”.

Los gastos del Ayuntamiento, o Común de la Villa, eran numerosísimos. Más de treinta y tres mil reales pagaba al año Mondéjar en impuestos y salarios a sus empleados. Por vía de ejemplo, vemos como se iban 68 reales en «Salario del que cuida el Reloj»; 152 reales «por la cera de la Candelaria» y 529 más de lo mismo en «gasto de la festividad de la Cruz». Se pagaban también el derecho de Cientos y Millones, las Penas de Cámara y Gastos de Justicia, la renta del aguardiente, la Contribución de Cuarteles y utensilios de las Reales Guardias de Corps, la Martiniega y Vasallajes al marqués, etc.

En fin, un mundo no tan, complicado como este nuestro de hoy en día, sin gases ni prisas, sin neurosis obsesivas (casi), y con el mismo afán de ser felices. Si estas líneas han servido a alguien de meditación, ya es excelente resultado. Si, a unos cuantos, entretuvo, grata tarea ha sido. En última instancia, se le quitó el polvo a un viejo libro. No se perdió la mañana.

(1) Intérprete del bajón o fagot. Intervendría como solista en algunos casos, y fundamentalmente jara dar el tono al cantante o salmista en las funciones ‑religiosas del grandioso templo parroquial mondejano.