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Adiós a un alcarreño insigne: García de Paz

Cuesta trabajo, cuando la amistad y las vivencias son grandes y dilatadas, despedir a un amigo, a un generoso contribuidor de la cultura alcarreña, que acaba de irse de forma inesperada y brusca: José Luis García de Paz, -que desde este verano era oficialmente cronista de la villa de Tendilla, pero que en el corazón llevaba ese lugar, y la Alcarria toda, desde que nació-, nos ha dejado para siempre. Las páginas que junto a esta llenaba con su saber y su investigación, no volverán a ver su firma y su rostro. Y nosotros quedaremos un poco más huérfanos, de su magisterio, de su simpatía y, sobre todo, del hondo sentido que le dio a la amistad. Se hace duro pensar que tras 25 años de trabajo en la enseñanza universitaria, y habiendo alcanzado la difícil meta de obtener su primer año sabático, el profesor García de Paz haya fallecido en la primera semana de esta circunstancia que para muchos es meta ansiada y feliz. La muerte es siempre absurda, y a todos nos cuesta comprender su sentido, su oportunidad y implacable puntualidad. Pero hay ocasiones en que esta comprensión se hace más difícil, cuando le llega a un amigo íntimo, en una edad de plenitud, sin aviso previo. De José Luis García de Paz se podrían decir muchas cosas, que parecen llegar alborotadas y en tropel a la boca desde el corazón. Como me salió, directo, hace unos días, solo cabe decir que fue un ciudadano ejemplar, un ciudadano al que todos deberíamos imitar. Porque en todo fue justo, y sin excesos: quería a su familia (día a día), a su pueblo (¡por fin le nombraron Cronista Oficial de Tendilla, hace dos meses!), a su provincia, a su país, a sus amigos… nunca se le oyó hablar mal de nadie ¡que ya tiene su mérito! Y siempre colaboró en cuantas tareas se le ponían, voluntarias o encargadas, por delante. Triste momento de recordarle como algo pasado, y más difícil aún hacerse a la idea de que no va a volver a escribirme un mail con su último hallazgo, su última ocurrencia, su última y cotidiana alegría de saber algo nuevo. Momento, entonces, de hacer balance de su vida. De alentar a su esposa, María Jesús, a su hija Marta y al resto de su familia tan querida, incluida su madre, quizás la que más sufre, a que mantengamos su […]

Diciendo adiós [y hasta luego] a José Luis García de Paz

Hay muchas frases, refranes y dichos que tratan de la amistad y los amigos. Quizás la más certera es la que dice que los amigos son los hermanos que se escogen. Uno tiene amigos (muy pocos), conocidos (unas cuantas docenas) y gente a la que se saluda (incontables, porque igual que aparecen desaparecen). Cuando se tiene un amigo, se tiene un verdadero tesoro, porque como alguien dijo, el amigo es quien te guarda las espaldas mientras tú se las guardas a él. Yo tenía un amigo, un grande y verdadero amigo, hasta el lunes 21 de octubre de 2013, en que de forma súbita, “como del rayo”, murió sin que le diera tiempo, a nadie, a decirle cuanto le queríamos. Así se ha ido de nuestro lado José Luis García de Paz, Jose para unos, Pepe para otros… entrañable compañía para todos, y admirable trabajador de mil cosas. Una joya de la Alcarria que se ha echado a rodar por el monte, y ha terminado, ayer miércoles 23 de octubre a las 6 de la tarde, sumida en un hoyo de la pendiente terrosa que hace de costanilla boscosa por el sur a la izquierda del arroyo del Prat,  frente a Tendilla, muy cerca de las ruinas del viejo convento jerónimo de Santa Ana. Una tierra ahora ya fría, mojada, silenciosa. Allí está mi amigo Pepe, para siempre callado. Pero estas son consideraciones personales, y debiera dar aquí algunas pinceladas de su bonhomía: surgido de una familia humilde, nacido en una España flaca, su esfuerzo le llevó a ser profesor titular de Química Física en la Universidad Autónoma de Madrid, y a firmar unos 80 trabajos de investigación sobre física cuántica y estructura molecular. Algo que no se lo regaló nadie, que se lo forjó con su empeño de días y noches clavando los codos y leyendo lo que otros sabios, antes, habían dicho y escrito. Eso ya es un ejemplo de esfuerzo personal, de realización, de construirse una vida útil (porque además lo que aprendió se lo enseñaba inmediatamente a los demás) y de entregarse a la sociedad, devolviéndola más de lo que le había dado. Yo sé que ahora, y poco a poco en los días y meses siguientes, centenares de físicos que fueron sus alumnos van a recordarle con el cariño y la nostalgia con que a los profesores del corazón les recuerdan sus alumnos. Sus abuelas […]

Ruta breve para caminar por la Alcarria

  Con el tiempo bueno, los días largos, las vacaciones merecidas, y las ganas perennes de ver reir al campo y sonar las panderetas de las nubes, los viajeros que me leen están deseando salir al campo, recorrer caminos de Guadalajara, andarse las trochas por donde se contemplan los mejores paisajes o las más viejas vetusteces de nuestro patrimonio. Podríamos hacer con ese objetivo varias rutas. Esta de hoy es la de la Alcarria. Allá vamos. Desde Guadalajara, el viajero tiene mil recorridos que poder hacer por la tierra que le rodea. Quizás la comarca más conocida y atrayente sea la Alcarria, la que con su miel, sus olivos y tantos pueblos centenarios cargados de historia y monumentos, hacen de ella un lugar que merece ser visitado y conocido. No es el menor aliciente, por supuesto, la fama que Camilo José Cela le diera con su universal escrito «Viaje a la Alcarria», en el que se daba noticia de paisajes limpios y silenciosos, de gentes bondadosas y monumentos en ruinas. Saliendo de Guadalajara por la carretera N-320, se llega en primer lugar a Horche, lugar de típicas arquitecturas populares, con una plaza de corte tradicional, en la que para septiembre se celebran emocionantes juegos taurinos. En este lugar cabe admirar algunos paisajes muy bellos, como la «sierra de Horche», junto al valle del río Ungría. Es también una estación de especial interés por su oferta gastronómica. Antes, yo aconsejaría desviarse un tanto a la izquierda, y llegar hasta Lupiana. No sólo por ver, en la plaza mayor del pueblo, la picota del siglo XVI que pone contrapunto de independencia al Ayuntamiento remozado, o por asombrarse unos instantes ante la portada cuajada de filigranas talladas de su iglesia. No. Yo lo digo principalmente por alcanzar el Monasterio de San Bartolomé, que fue sede inicial y siempre sede capitular de los monjes jerónimos de España, y allí extasiarse viendo las huellas solemnes de tanta grandeza: el claustro principal, obra genial de Alonso de Covarrubias, con su triple nivel de galerías en las que múltiples detalles nos avisan de su estilo plenamente renacentista, italianizante al máximo. O mirando las ruinas de la que fuera iglesia monasterial, elevada y somera como la del Escorial, en la que Felipe II algunas veces rezó y cometió su intento de contactar con Dios. Todo ello está hoy un tanto ruinoso, pero con el brillo perenne de lo […]

Festival de lecturas en la Concordia

Desde ayer jueves y hasta el próximo domingo, el parque de La Concordia recibe la visita de los libreros, los editores y los grupos que están día a día, a lo largo del año, ocupados en hacer libros, en enseñarlos, en venderlos y, sobre todo, en animar a los ciudadanos a que se sumerjan en esos mundo ideales, sabios y divertidos, que habitan dentro de las cubierta de los libros. Este año, en la Feria que abarca los días 16 al 19 de mayo, van a llenarse las horas con actividades de lo más variado, aunque siempre con un protagonista, aunque sea en lontananza, cierto y firme: el libro. En otras ocasiones he dado mi opinión acerca de la importancia capital que le doy a los libros, en la vida de las personas. Para mí son fundamentales, y el no tener libros, no leerlos, no interesarse por ellos, es síntoma de grave enfermedad, algo incompatible con la propia vida. Al menos con el mecanismo de la comprensión e inserción del mundo en torno. Por eso es siempre una gozada lanzarse a mirar, a hojear y a ojear los libros, esos que están en los mostradores, en las estanterías, en los anaqueles de las bibliotecas o en los entresijos de algún olvidado desván. En estos días se han sucedido diversas Ferias del Libro por España, y de entre ellas quizás la mayor es la que todavía anda abierta en el madrileño paseo de Recoletos, dedicada al libro viejo y de ocasión. Pero la Feria del Libro que nos aguarda estos días en la ciudad, en el Parque de la Concordia, mañana y tarde, será una buena ocasión para ese reencuentro con el material humilde y amistoso, con el libro de siempre, con el de hoy y el de hace un siglo. En todos ellos están las palabras sumidas, expectantes, palpitando por salir… Libros que aparecen Me he fijado en los libros que tratan de temas locales, que estudian y analizan con detalle pueblos, edificios, temas del pasado alcarreño. No puedo hablar de un libro que he escrito recientemente (y del que hoy firmaré ejemplares), porque ya lo han hecho otros, y en estas mismas páginas. Mil gracias por vuestros comentarios, amigos López de los Mozos y García de Paz. Entre los que aparecen ahora, está una curiosa visión de Valdesaz y de su santo patrón, San Macario. Es un hijo del […]

La Feria de las Mercaderías de Tendilla

En la Feria del Libro de Guadalajara, que se va a abrir el próximo jueves 16 de mayo, uno de los libros estrella va a ser precisamente el que trata de otra Feria, aunque esta de mayor antigüedad y raigambre. La Feria de las Mercaderías, la clásica “Feria de San Matías” de Tendilla se sube a los anaqueles de las bibliotecas, y desde allí nos observa. Vale la pena que nosotros la observemos a ella, hasta en sus más mínimos detalles. Con motivo de la declaración de “Fiesta de Interés Turístico Regional” que en febrero de 2013 se le ha otorgado a esta manifestación del costumbrismo alcarreño, que hunde su memoria en los viejos siglos de la Edad Media, pues se sabe que ya a mediados del siglo XV se celebraba, la editorial Aache ha editado este libro cuyo autor, el profesor José Luis García de Paz, viene investigando, escribiendo y animando para su conocimiento y recuperación. La Edad dorada de la Feria Sobre su antigua existencia, nos dice el autor que esta celebración data nada menos que del reinado de Juan II de Castilla, teniendo constancia documental de la confirmación de su existencia en 1484, mediante un Privilegio Real. Es Helen Nader quien cree que sería el marqués de Santillana, político y escritor castellano, quien tras logar en 1435 el señorío de Tendilla, pensara en aprovechar las características topográficas del lugar para desarrollar un seguro potencial comercial, al estar en un transitado camino que iba desde Castilla a Valencia pasando por Cuenca. Cuando su segundo hijo, como su padre llamado Iñigo López de Mendoza, recibiera el título de conde de Tendilla, en 1468, pensaría en afianzar esta posibilidad, sin duda. Y aunque desde bastante antes se celebraban en la villa alcarreña dos ferias (en invierno aún, por San Matías, y en el otoño para San Mateo), los Reyes Católicos concedieron a Tendilla el privilegio de celebrar Feria franca, salvando de impuestos a quien en ella comerciara, lo que suponía un verdadero espaldarazo para la villa, pues eso suponía la posibilidad de una gran afluencia, con el correspondiente negocio añadido. La primera mención escrita de la feria de San Matías está fechada el 6 de diciembre de 1484, y ya desde entonces empieza a aparecer en referencias documentales, muy especialmente en la interesante correspondencia del segundo conde de Tendilla, que nos ha llegado a través de diversas fuentes bibliográficas. En […]