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Memoria del pan en Guadalajara

Siempre de moda, por alimento esencial y de todos bien considerado, el pan tiene sus páginas propias en los abiertos libros del costumbrismo y las tradiciones. Por los pueblos de Guadalajara se sabe de panes, y estos se usan como elementos esenciales en sus fiestas y ritos. Aquí recuerdo algunos.  El pan ha sido uno de los elementos claves en el concepto naturaleza a respetar, como esencia de la alimentación, y por tanto de la vida. Connotaciones religiosas se le han añadido, a lo largo de los siglos, y en muy diversas civilizaciones. Todos recordamos aún cómo en casa, cuando se caía un trozo de pan al suelo, se le daba un beso, al recogerlo. En el Nuevo Testamento, quizás uno de los milagros más conocidos de Jesús es la “multiplicación de los panes” y de los peces. –Señor, ¿cómo vamos a alimentar a toda esta multitud que nos sigue, si solo contamos con cinco pedazos de pan y dos pescados? Y Jesucristo alzó la mano, bendijo lo que había y ordenó a sus discípulos que empezaran a repartir…. Se saciaron cinco mil personas que allí había. “Yo soy el Pan de la vida”, dijo en varias ocasiones según relatan los cuatro evangelistas. Viene este preámbulo a cuento de una revista que (una sola vez al año, y ya es bastante) aparece los veranos en Labros. Se titula como el pueblo, y la creó Andrés Berlanga, la continuó su mujer Enriqueta Antolín, y ahora la continúa otro labreño de bien, Mariano Marco Yagüe, quien en el número de este año nos deja un sabroso recopilatorio de asuntos panificables bajo el título de “El pan bendito”. Como médico siempre he creído que somos lo que comemos, y que el truco final de una larga y saneada vida es comer lo adecuado, lo beneficioso, en cantidades razonables, evitando lo dañino, lo tóxico… en todo momento. Y que el pan es uno de esos elementos que son fundamentales, porque lo han sido siempre, manifestándose como esencia de la alimentación humana. De ahí las similitudes religiosas entre el pan que se come, y el alimento del espíritu. Nos recuerda Marco que en la vida tradicional de nuestros pueblos, y durante siglos, el pan estaba presente en los ritos claves de nuestra existencia: el día del bautismo era una ofrenda que se hacía en la iglesia, y que solía hacer la madre de la criatura […]

Nueva visión de la Celtiberia histórica

El pasado día 11 de Noviembre, se presentó en Guadalajara, entre los numerosos actos del ciclo “Letras de Otoño” de la Diputación Provincial, la obra espléndida que ha editado el Museo Comarcal de Molina de Aragón sobre la Celtiberia en aquella comarca. Un acto sencillo en el que contamos con las palabras de Lucía Enjuto, diputada de Agricultura; de Juan Manuel Monasterio, responsable del Museo Comarcal molinés, y de las arqueólogas y autoras del libro María Luisa Cerdeño y Teresa Sagardoy. Entre las apasionantes incógnitas que nos han ido quedando suspendidas en el aire, al recopilar datos y analizar memorias de un tiempo muy pasado, pero todavía por describir en su totalidad, como fueron los mil años anteriores al nacimiento de Cristo, vemos que por nuestra tierra pasaron muchas gentes, y muchas cosas. Era ya tiempo de analizarlas con detenimiento, de volver a apasionarnos ante el eco de aquellas batallas, de aquellos ritos y ceremonias. La otra tarde visitaba con algunos amigos el Museo Arqueológico Nacional, en su remodelación del pasado mes de abril (una obra a la que sin duda hay que aplaudir, y visitarla a menudo) y pasé un buen rato en la zona de las culturas peninsulares prerromanas, en la que tantas cosas curiosas de los celtíberos de nuestro territorio se exponen. Por citar unas pocas: la espada ibérica de Guadalajara con su gran empuñadora de oro; los ajuares guerreros de Aguilar de Anguita, el enorme collar ceremonial de la necrópolis de Maranchón… Celtíberos por las sierras del Ducado En el libro que se nos ha propuesto recientemente, dirigido por la profesora Cerdeño, se tratan con pormenor todos los elementos y lugares en los que se encontraron esas piezas de museo. La Arqueología de los celtíberos comenzó a estudiarse en Guadalajara a principios del siglo XX. Aunque ya Joaquín Costa en 1887 se preocupó de analizar su organización política y religiosa, los primeros trabajos sobre Numancia se deben a Loperráez y los de de F. De Padua se dedicaron a Hijes. Pero fue don Enrique de Aguilera y Gamboa, marqués de Cerralbo (1845-1922) quien como erudito y mecenas trabajó durante años en nuestra tierra, desde Sigüenza a Molina. En este libro que comento, aparece un gran capítulo que habla de la evolución de las investigaciones y excavaciones de temática celtibérica en Guadalajara. Otros capítulos nos hablan (todo en un lenguaje claro, didáctico y riguroso al tiempo) con […]

Viaje a la Celtiberia: Luzaga

Esta semana hemos viajado por los pequeños pueblos de la Serranía del Ducado, en los que a pesar de mantenerse muy poca gente en ellos viviendo, están limpios y cuidados, atentos a mantenerse vivos y mostrando, en todo caso, las evidentes pruebas de su ancianidad de siglos. En Luzaga, llegamos a la plaza, bajo los densos árboles, y desde el primer momento vamos recorriendo sus calles y admirándonos de lo que vemos. Hacía mucho tiempo que el viajero no llegaba a la plaza de Luzaga. Los caminos, junto al río Tajuña, desde el puente del molino, eran antes irregulares y angostos. Ahora se llega por carretera fácil y asfaltada. En la plaza, nada más aparcar el coche, nos saluda un muchacho de origen americano, muy moreno, que nos dice (ya empezamos…) que de los bares que hay en el pueblo, uno abre solo los fines de semana, y el otro a partir de las 7 de la tarde…. Y son las 5, y hace un calor que no nos permite aguantar sin beber, al menos agua. Pero vamos a lo nuestro. Volvemos a Luzaga, porque nos trae muy buenos recuerdos de la infancia, de cuando íbamos al Campamento “El Doncel” a pasar tres semanas del verano entre pinos y  caminatas. A disfrutar de aquel aroma de resina, del aire limpio y el rastro de las águilas por entre las nubes. Y además ahora por ver si conseguimos subir al castro celtíbero, uno de los lugares con magia acumulada desde hace siglos, uno de esos enclaves que sabemos cruciales en la memoria colectiva de nuestra tierra. El pueblo Abrigado entre las suaves vertientes de un vallejo que se forma con el paso del Tajuña, asienta el caserío de Luzaga en el borde meridional del extensísimo pinar que cubre gran parte de la sierra del Ducado. Sus alrededores, por donde dis­curre el río entre angostos roquedales; los pinares densos y solitarios, las parameras frescas, constituyen encantadores motivos para realizar excursiones y pasar temporadas de vacación. Todavía en su término está enclavado el campamento juve­nil «el Doncel» que durante el verano se utiliza como escuela de amor a la naturaleza. Para los pescadores es un ritual amenísimo el recorrer las orillas del Tajuña en busca de las abundantes piezas que crían en sus frescas aguas. Sus alrededores estuvieron habitados en remotas épocas. Los lusones, uno de los pueblos que conformaban la raza cel­tibérica, […]

Los Romanos invaden Guadalajara

Desde hace unos días, y hasta primeros de febrero de 2014, está expuesta en las salas bajas del palacio del Infantado la exposición “La Romanización de Guadalajara”, una didáctica muestra que nos ofrece clara visión de nuestro proceso histórico más antiguo, más genuino: el momento (largo, de siglos) en el que la población autóctona de nuestro territorio (Alcarria ahora, y Campiña, más la Sierra y el enclave molinés) recibe la invasión de un pueblo fuerte y moderno: la República de Roma, y sus ejércitos, tomando el control militar primero, y social y cultural después. En muchos países de América, se sigue inculcando el odio a España, y a los españoles, diciendo que hace cinco siglos llegaron allí a matar aborígenes y a llevarse el oro de sus minas. Todos sabéis que eso es falso, que los españoles dejaron tal reguero cultural y tan grande aporte de mejoras, que hoy América es lo que es por lo mucho que llevaron los españoles, y los portugueses, desde la Península Ibérica. Entre otras cosas el idioma. Hace mucho más tiempo, más de dos mil años, ocurrió una cosa similar en el Mediterráneo: los romanos, sus próceres, y sus ejércitos, pero también sus colonizadores, sus escritores, poetas e historiadores, llegaron a la península, a Hispania, y la entregaron su idioma, su Derecho, sus costumbres y su cultura. De ella vivimos ¿A alguien se le ocurriría hoy despotricar contra los romanos? ¿Fueron invasores? ¿Nos robaron algo nuestro? Yo creo, sinceramente, que no: nos aportaron la cultura en la que hoy vivimos, modulada luego por el genio propiamente hispano, que quedó vivo desde el ADN de aquellos celtíberos y carpetanos a los que podríamos considerar nuestros ancestros raciales. Los pueblos autóctonos Esta historia, repartida por el suelo y las paredes de cuatro grandes salas, es la que nos muestra estos días el Museo de Guadalajara a través de su exposición “La Romanización en Guadalajara”. Magnífico trabajo que ha sido comisariado por Emilio Gamo, María Luisa Cerdeño y Teresa Sagardoy. En ella, a través de paneles explicativos, muy didácticos, y de piezas rescatadas de otros museos, del propio de Guadalajara y de almacenes diversos, se nos muestra la evolución de nuestro territorio en los últimos siglos antes de Cristo y los primeros de nuestra Era. Por supuesto que se habla de los celtíberos (pobladores del norte de la actual provincia, en torno al Tajuña, al Henares, al […]