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La Hoz: tradición y realidad

Bajando el río Gallo desde Molina, junto a los caseríos, antiguos mo­linos, huertas y arboledas, surge a un lado el pueblecillo de Ventosa, y a otro, algo más alejado, el de Corduente, que en verano se infla de gentes y ganas de vivir. Poco más allá, el viajero entra en uno de los más impre­sionantes espectáculos que le puede ofrecer la Naturaleza en la provincia de Guadalajara: bella sobre toda ponderación es la Hoz del río Gallo entre Corduente y Torete. Es el llamado Barranco de la Hoz, por donde el río cangrejero discurre, torrencial o manso, límpido y frío, entre densas choperas y altos y caprichosos murallones de rojiza roca arenisca. A lo largo de varios kilómetros, serpenteando las aguas por donde el gran tajo geológico las manda, se crea un paraje que ha sido siempre justamente alabado, y que hoy sigue gozando del merecido entusiasmo con que muchos se dirigen a él. En tal marco de agreste naturaleza no es extraño que hasta apariciones milagrosas y sobrenaturales se hallan producido. Suelen ser estos entornos de desusada grandiosidad los que la tradición utiliza para centrar sucesos de orden milagroso y trascendental, ejes de una posterior y larguísima de­voción. Baste recordar, dentro de este mismo teritorio del Señorío molinés, las apariciones y santuarios de la Virgen de Montesinos, en Cobeta, o de Nuestra Señora de Ribagorda, en Peralejos. Ríos estrechos y saltarines, barrancos de misteriosa silueta, de grandiosidad sin límites: bosques y praderas, grutas húmedas. Esos son los puntos donde sucede el prodigio. Vamos a recordar cómo fue el de la Hoz de Corduente. Discurría uno de los años medios del siglo XII. Un vaquero de Ventosa, que había pa­sado el día apacentando su ganado por los alrededores y montes del pue­blo, notó que le faltaba una res. Se apresuró a buscarla, yendo a inter­narse por la espesura del barranco de la Hoz, entonces densamente cu­bierto de vegetación y poblado de alimañas. Se hizo de noche y se creyó perdido. Y cuando ya flaqueaba en sus esperanzas de salir con vida del difícil trance, vio un gran resplandor junto a la basamenta de un alto grupo de rocas. Guiado por la luz, llegó hasta un lugar donde encontró, sobre un pedestal rocoso, una pequeña imagen de la Virgen, tan perfecta que casi parecía de carne y hueso. Corrió al pueblo, donde contó el hallazgo, y las gentes en romería se […]