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Trillo en la mirada de un viajero del siglo XIX

Este fin de semana va a desarrollarse en Guadalajara el Primer Encuentro de Etnología, y en él van a participar varias docenas de estudiosos sobre los temas que se refieren a esa disciplina, de la que fue abanderado y uno de los iniciadores, nuestro amigo José Ramón López de los Mozos, a quien se tributará en el transcurso de dicho encuentro un merecido homenaje. Durante la tarde de hoy, en el Museo de Guadalajara (sito en el palacio del Infantado) y los días de mañana y el domingo, se celebrará por vez primera un Encuentro Provincial de Etnología. Pretende ser este encuentro un foro de intercambio y de debate sobre diversos temas relacionados con la cultura tradicional de la provincia de Guadalajara, abierto a investigadores, profesionales, docentes, estudiantes y público en general. El Encuentro se establece con motivo de celebrar la llegada al número 50 de la Revista “Cuadernos de Etnología de Guadalajara” que la Excmª Diputación Provincial viene editando desde 1987, y en la que han cabido cientos de aportaciones de muchos estudiosos en torno a los temas costumbristas de nuestra provincia. En el desarrollo de este Encuentro, se abordarán diferentes aspectos de la cultura tradicional de la provincia de Guadalajara tales como actividades productivas, indumentaria, música y danza, vocabulario, cultura material, museología, arquitectura, gastronomía, costumbres, religiosidad popular y posteriormente estos trabajos se reunirán en edición impresa constituyendo el número 50 de “Cuadernos de Etnología de Guadalajara”, Revista de Estudios del Servicio de Cultura de la Diputación Provincial, estando prevista su salida para el segundo semestre de este año. La ponencia inaugural tendrá lugar en el Museo de Guadalajara hoy viernes a las 17:30 horas y correrá a cargo de Concha Herranz, Jefa de Colecciones del Museo del Traje, que hablará sobre “Indumentaria tradicional de Guadalajara en los fondos del Museo del Traje de Madrid“, y tras la primera sesión de comunicaciones, en el Centro San José se realizará una proyección de cine etnográfico sobre Guadalajara que ha sido seleccionada por Julián de la Fuente Prieto (Universidad de Alcalá de Henares), que también hará una introducción a la misma. Mañana sábado 21, desde las 9 horas se celebrarán las sesiones (tres por la mañana y una por la tarde) de lectura de comunicaciones en el Museo de Guadalajara (en la planta primera del palacio del Infantado, salón de actos), complementándose con unas demostraciones de artesanía a cargo de los […]

Curiosidades históricas de Tomellosa

Días pasados me ha llegado a las manos una obra que conjuga amenidad y documentación, perfiles tradicionales y curosidades alcarreñas. Es el libro sobre Tomellosa que ha escrito Juan Manuel Abascal Colmenero, quien mantiene su vigor intelectual y su claridad de ideas a pesar de los años. La figura de Juan Manuel Abascal Colmenero, de profesión veterinario, de actividad funcionario en la Agencia de Extensión Agraria, y de cordialidad extrema y asegurada en lo personal y vital, no ha sido suficientemente valorada entre nosotros. Es justo que aquí, antes de hablar de su libro, lo haga hoy con motivo de su edición. Porque Abascal es ejemplo de alcarreñismo militante, manteniendo su vivienda en el pueblo donde nació, acudiendo siempre que puede a ella, participando en las actividades de la villa, e indagando continuamente en el archivo municipal, en toda la bibliografía a su alcance, preguntando y recordando… Seguramente él no querrá que se hable ampliamente de su figura. No lo voy a hacer. Pero sí de su obra, que le refleja, y que por sí misma es extraordinaria. Porque el mimo, el detalle y la puntualidad con que trata las cosas de Tomellosa, son un verdadero espectáculo. Podría decirse que este “Tomellosa. Curiosidades históricas” es la segunda entrega del autor sobre su pueblo natal. Si la primera (“Tomellosa a la luz de su archivo”) publicada en 2005 fue entretenida y reveladora, esta es –me atrevo a decir- aún más interesante, porque lejos de tratar temas de siglos antiguos, lejanos a nuestros intereses y curiosidades actuales, se centra en la vida en el pueblo durante el siglo XX. Y de ahí surgen setenta temas, constituidos en capítulos, que no dejarán indiferente a ningún lector. Porque narrados con un lenguaje llano y directo, con apuntes y datos sacados de los más directos orígenes (libros de actas, periódicos, recuerdos vivos de los vecinos…) nos aproximan a la realidad de Tomellosa (y, por extensión, de cualquier pueblo de la Alcarria) durante este siglo que hemos dejado atrás. Son tan variados los temas que trata Abascal en esta obra (profusamente ilustrada con imágenes del pueblo, de su patrimonio artístico, de sus edificios, calles, campos y acontecimientos) que parece no tener fin nunca. Algunos de ellos, podrán dar idea de la generalidad de la obra: trata de la Farmacia que hacia 1917 existía en el pueblo, así como de los temas médicos, asistencias profesionales, enfermedades, modos […]

Pasos por la Alcarria

Todos los días son buenos para andar la Alcarria. Yo ando por ella todas las semanas: me paro en Trillo, avisto en Alocén las aguas (hoy ya lejanas, mínimas) del embalse de Entrepeñas, como en Durón, en “El Cruce”, y subo la cuesta de Budia, entre chopos y olmos, mirando a lo lejos la altura y grosor del santuario del Peral de la Dulzura. Todo son nombres rotundos, acuosos y antiguos en la Alcarria. Todo son caminos de tierra, carrascales vencidos, nubes como mantos deshilachados, abejas todavía… Llegamos a Moratilla Estos días he paseado por algunos lugares muy concretos. Moratilla de los Meleros, por ejemplo. Moratilla es Alcarria pura, es un motivo de exposición antológica. Sumida en un vallejo estrecho y verderón, sus laderas cuajadas de olivos, sus alcarrias espléndidas de cereales, su hondura preñada de hortales mínimos. El caserío desvencijado y sonriente de maderas y desconchones al aire, callejas empinadas, bullicio todavía en los rincones. Su sobrenombre lo confirma. Es la tierra «de los Meleros», de los que se ocuparon en la industria rural y tierna de la miel. Los de Moratilla a producir, los peñalveros a vender. La picota de Moratilla Y en esta puerta y corazón de la Alcarria, un pueblo generoso con ancha tradición. A la entrada del pueblo, en el camino que viene desde Fuentelencina, situada a una legua corta de distancia, allá donde sale el sol, está la picota. El símbolo que demostraba un rango superior, el privilegio de ser «villa de por sí» y tener el poder de la justicia sobre sus propios vecinos. En 1580, cuando se enviaron a Felipe II las relaciones topográficas, Moratilla ya era villa y no se recordaba desde cuándo. Lo fue, desde luego, en la primera mitad del siglo XVI, aunque desde muchos siglos antes había sido un punto más en el territorio calatravo de Zorita. En esos días, de final del siglo XVI, la villa de Moratilla tenía unos hombres que hacían su justicia y regimiento, nombrando alcaldes, regidores y alguaciles para el buen gobierno de sus vecinos. Habitantes llegó a tener unos dos millares, y aún más, pues es fama que tuvo grandes talleres de tejidos, además de la tradicional industria melera. En testimonio de tan recia personalidad jurídica, con un no disimulado orgullo y justificable alegría, los de Moratilla levantaron en los años del Renacimiento hispano el rollo que demostraba su rango de villa. Colocada sobre un altozano […]

Valdeavellano a lo claro

Acaba de aparecer, en dos tomos sucesivos, publicada la Historia de Valdeavellano, una monumental y modélica obra que ha escrito tras su preparación meticulosa de años de investigación, don Juan Ramón Lozano Rojo. En ella se cuentan con todo detalle los avatares históricos de esta villa alcarreña, y se describen antiguas costumbres y monumentos que, sin ser ninguna de primera fila, sí que constituyen un patrimonio rico y llamativo.  Historia e historias De las múltiples circunstancias por las que atraviesa Valdeavellano a lo largo de los siglos, quizás sea una de las más interesantes el tema de los pueblos que existieron en lo que hoy es su término. La provincia está repleta de esos “despoblados” de los que queda el nombre y, como mucho, unos desvencijados paredones o, todo lo más, una espadaña ruinosa y atenazada de las hiedras. En Valdeavellano hubo, entre otros, un despoblado que ha pasado a la historia de la literatura española con verdadera fortuna. Es el lugar de Valdevacas. Es largo y tendido lo que Lozano Rojo nos cuenta acerca de Valdevacas, ese lugar literario y arciprestal, pero que existió realmente. Hoy es un paraje del municipio de Valdeavellano, pero antiguamente, hace muchos siglos, fue un pueblo, un lugar “muy amado” para Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita. Y nos señala dos referencias muy concretas que refiero aquí para ilustración de mis lectores. En el Liber privilegiorium de la catedral toledana, y en un documento del año 1221, se dice, textualmente, al delimitar el territorio que Guadalajara cede al Arzobispado de Toledo: “…. damos a Santa María de Toledo y a don Rodrigo arzobispo de Toledo, como las aguas vierten de lo más alto del cerro, del ero de don Johan el Castellano, así como viene por el ero a la encina, y como es a la vega, a la encina de Johan Pérez de Turviesc, y derecho hacia el Tajuña, al collado y al esplegar, y a la arroyera que está entre el ero de Pedro Torzuelo de Tomellosa, y entre el ero de Domingo Remondo de Turviesc; y así como va la arroyera a los más alto del cerro de Val de Vacas, como las aguas vierten al ero de don Asensio de Val de Vacas, esto todo lo damos por término a él y a los arzobispos que vendrán después de él en Toledo, que siempre lo tengan por heredad, y hagan […]

Memoria de un Viaje a la Alcarria con Cela y Bernal

El libro “Viaje a la Alcarria” escrito por Camilo José Cela durante el año 1946, tras su periplo real, caminero y averiguador, fue publicado al año siguiente, y desde entonces ha sido uno de los libros más conmemorados que se conocen. Un libro que todos hemos releído de vez en cuando, y en cuyas conmemoraciones nos hemos encontrado, de una u otra manera. Una de esas aventuras conmemorativas, y quizás la primera, fue la que en 1972 se hizo, organizada por la Excmª Diputación Provincial de Guadalajara, presidida a la sazón por don Mariano Colmenar Huerta, para conmemorar, no ya el viaje, sino la publicación del libro. Hacía entonces 25 años de esa primera publicación, y la Diputación, que entonces contaba con un numeroso y entusiasta grupo de colaboradores culturales, se lanzó a memorar la obra celiana, con una serie apretada e interesante de actos, a los que se me ocurrió darle forma de crónica, que salió publicada en el semanario “Nueva Alcarria” de Guadalajara, a lo largo del mes de Octubre de ese año. Los actos y viaje conmemorativo, se prepararon para los días 6 y 7 de octubre que eran viernes y sábado, respectivamente. Previamente, gentes que llevaban años laborando por la cultura, en Guadalajara, como eran Angel Montero Herreros, Manuel Revuelta, Miguel Lezcano, José Antonio Suárez de Puga, Rodríguez Villasante, Luis Rodrigo, y otros varios, se movieron en la preparación de la cena, las conferencias, el paseo por la provincia, la realización y colocación de las placas conmemorativas, y el encuentro con el autor, a quien se le trajo desde Palma de Mallorca, donde entonces residía. De aquel viaje, que realicé junto a la comitiva oficial, pero por mi cuenta, y a lomos de un recién estrenado automóvil marca Seat modelo 600 E, guardé recuerdos, fotografías y amistades. Tan a lo libre como yo iban José Ramón López de los Mozos, Andrés Aberasturi, Jesús Campoamor, Dámaso Santos, Molleda, Javier Sanz Boixareu, Santiago de Luxán, y Alfredo Villaverde Gil. Contaba el evento con la presencia de quien ya entonces era una figura consolidada de la fotografía, presidente de la Agrupación Fotográfica de Guadalajara, incansable en su trabajo de retratar la realidad de nuestra tierra: Santiago Bernal Gutiérrez, quien en calidad de fotógrafo oficial iba, y por lo tanto con capacidad para decirle al futuro Nobel donde y cómo tenía que ponerse para sacar las fotografías con mejor perspectiva. […]