El hombre de Montiel

Una hora lleva leerse ­–con la tranquilidad, y el reposo, que el texto merece– los razonamientos que ofrece “El hombre de Montiel”, un texto breve, pero hondísimo, del filósofo manchego Antonio Rodríguez Huéscar. Un artículo largo que escribió estando de profesor en Puerto Rico, en 1952, y que la Revista “La Mancha” de estudios regionales sacó al frente de su primer número en 1961. El texto del ciudadrrealeño ha vuelto a aparecer, ahora en forma de librito independiente, y con apoyos sustanciales en su inicio: el del profesor de historia José María Barreda (“Cambiar las circunstancias”) y el del filósofo Santiago Arroyo Serrano (“Antonio Rodríguez Huéscar, filósofo manchego y español”. Todo ello en un contexto a destacar, porque es histórico: se trata de la primera publicación que aparece con el sello de la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla La Mancha, y el libro se presentó a la par que esta institución, el día 10 de junio de 2022, en el templo de San Pedro Mártir de Toledo, sede actual de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Castilla La Mancha.

Tantos preámbulos explican la importancia de esta edición. Pero no la necesita, al menos en su contenido, porque por sí misma se aclara. Sabiendo que es obra escrita por Rodríguez Huéscar, que fue discípulo preferido de Ortega y Gasset, y filósofo a su vez, y de los más destacados, de todo el siglo XX español. Este texto de apenas 25 páginas, nos deja entrar, con solemnidad y asombro, en la obra filosófica de Huéscar. Que lo hace a través de un análisis de la visión del tiempo y de la vida que tienen los hombres del Campo de Montiel, y en los que el autor personifica el alma española, y la visión antropológica del tiempo y su consideración por las gentes de nuestro país, centrándose en el modo mismo de existencia que llamamos “ser español”, lo que resulta… siempre enormemente problemático… por lo que en el ser del español hay de contradictorio y de paradójico.

Barreda en este libro analiza sucintamente la vida del filósofo de Fuenllana, y Arroyo nos centra la importancia de Huéscar en el contexto de la antropología hispana, que comparte en líneas de actuación con Ortega, Laín, Marías  y Zambrano. El texto del filósofo es claro y contundente, usando con frecuencia la figura de don Quijote para exhibir fórmulas del hispánico comportamiento, y utilizando con frecuencia refranes y expresiones (matar el tiempo, desvivirse, los contratiempos) que acentúan esa obsesión del español por seguir instalado en un tiempo perenne en el que contempla el pasado sin lástima y no ve el futuro porque no quiere salirse del presente.

Antonio Herrera Casado, correspondiente de la Real Academia de la Historia

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