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Memoria de Rufino Blanco, maestro de maestros

Una breve memoria de un personaje nacido en la Alcarria, y que no ha sido suficientemente reivindicado todavía, aunque su tarea –hoy superada técnicamente– tuvo en su día características de motor dinámico y avanzado empuje en las áreas de la enseñanza.

A Rufino Blanco, que bien podría incluírsele en el Diccionario de Autoridades Científicas de la provincia de Guadalajara, cabe definirle como filólogo, pedagogo y teórico de la lectura. Nació en Mantiel (Guadalajara) en 1861, muriendo en Madrid, en 1936, fusilado sin juicio previo, en unos momentos de seísmo político y social.

Pueden sacarse muchos más datos de los aquí aportados leyendo su necrológica, escrita por J. Zaragüeta y Bengoechea en 1961 y publicada en el número 37 de los Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de ese año. También el Diccionario (edición digital) Biográfico de la Real Academia de la Historia, recoge en 2018 la semblanza del autor alcarreño, gracias a la información suministrada por A. Blanco Osborne.

Siendo aún niño se trasladó con sus padres a Madrid donde destacó enseguida por su simpatía, inteligencia y laboriosidad en los estudios. Siguió los cursos de Magisterio y se hizo Maestro Nacional, obteniendo por oposición la Regencia de la Escuela Aneja de la Normal Central de Madrid.
Posteriormente se licenció en Filosofía y Letras, en la Universidad Central, siendo uno de los discípulos predilectos de Marcelino Menéndez y Pelayo. Durante muchos años fue profesor de la Escuela de Criminología, pero su cariño y vocación por el Magisterio le hicieron centrar sus actividades en el campo de la Pedagogía y de su Historia, explicándola en la Escuela Normal Central de Madrid.
En 1909 recibió el encargo del ministerio de Instrucción Pública, de organizar una Escuela de Estudios Superiores del Magisterio, que llegara a ser una equiparable Facultad de Magisterio. Seleccionó para ello a los más ilustres profesores españoles en la materia, entre ellos a Ortega y Gasset, Piñerúa, Strong, Vegue y Goldoni, Luis de Hoyos, Magdalena Fuentes y Anselmo González.

Ya en 1914 apareció el primer Plan de estudios de dicha Escuela, siempre dirigida por Rufino Blanco, consiguiendo un nivel de altura europea. Y en esa tarea dejó lo mejor de su memoria docente e intelectual.

De forma casi anecdótica, fue encargado del Gobierno Civil de Segovia, y también dirigió por entonces “El Universo” como diario de gran tirada, colaborando habitualmente en ABC con su nombre o con el seudónimo de «Un Crítico de la Alcarria». Fue copropietario y director de la Revista “El Magisterio Español”. De corte católico en sus actuaciones y ejercicios, respetó siempre cualquier otra tendencia e ideología.

Muy aficionado a los viajes, especialmente profesionales para indagar las formas y modos docentes de otros países, se relacionó con pedagogos extranjeros. En 1927 alcanzó a ser catedrático de la Escuela Superior de Magisterio de Madrid. Entre sus preocupaciones científicas y pedagógicas, destacan el interés por la caligrafía, innovando en los aspectos de la organización escolar, educación femenina, educación sexual, educación física e higiene así como el valor pedagógico de los juegos. En su puesto de profesor de la Escuela Superior de Magisterio tuvo una destacada actuación recopilando bibliografía sobre la Educación.

Singularmente son importantes sus contribuciones al ámbito filológico en un amplio sentido, con su obra “El Arte de la Lectura”, de 1894, pero muy en particular su “Tratado de Análisis de la Lengua Castellana” de 1909, que se ha considerado como modelo de exposición metodológica. De estos estudios se colige la importancia de Rufino Blanco, en esa parcela científica de estudio y cuidado del lenguaje.

De su obra, inmensa, habría que destacar unas 60 obras referidas a la didáctica en sus aspectos científicos. Quizás sea una de las más destacadas a obra “Naturaleza y Arte: ensayo de un programa cíclico y concéntrico de Ciencias Físicas y Naturales con aplicaciones a la Industria” publicada en 1904 pero con varias reediciones posteriores. O el “Arte de la Escritura y Caligrafía” que fue una de las temáticas en que más insistió a lo largo de su carrera.

Con su nombre han sido titulados numerosos colegios públicos en diversas localidades españolas, lo que significa un reconocimiento amplio y objetivo a su obra. Entre otros llevan su nombre el gran Colegio del Paseo de las Cruces, en Guadalajara, el de la Calle Álvarez de Castro, en Chamberí (Madrid) más otros en Huelva y Villarrubia de los Ojos.

Rufino Blanco ha sido incluido en el proceso de beatificación iniciado en la Diócesis de Madrid que incluye a 140 personas víctimas de la persecución religiosa desatada en Madrid en el otoño de 1936, y que puede leerse en detalle en causamartires.archimadrid.es. La importancia del alcarreño Rufino Blanco no viene, sin embargo, derivada del impacto de su muerte violenta, sino de la larga trayectoria científica y profesional que consistió su vida, desde muy pequeño. Su figura honra a nuestra tierra, y por eso considero que también es interesante recordarle aquí, y ahora.

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