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Las virtudes de los gobernantes: una galería de concejales virtuosos en San Clemente.

Hace unos días pude visitar de nuevo la localidad castellano-manchega de San Clemente, en la provincia de Cuenca, en la comarca de la Mancha. Con los amigos y amigas de la Asociación “Arquivolta” de Guadalajara, quedamos asombrados de la riqueza monumental de este enclave, que debería ser mejor conocido.

Porque San Clemente, que hoy es un lugar de cierta potencia agrícola con campos dedicados al cereal y el viñedo, en siglos pasados fue muy señalado como solar de asentamiento de grandes fortunas en el cultivo de la tierra basados: aristócratas con grandes extensiones de tierra concedidas por la monarquía, y a su calor conventos crecidos y desarrollados sobre una población nutrida de infinidad de campesinos, muchos artesanos, y algunos profesionales de los servicios básicos.

Por ello a San Clemente le quedan, dispersos por un urbanismo plano y bien articulado, muchos palacios (enteros en algunos casos, o solamente sus fachadas y escudos en la mayoría de ellos) varios conventos (carmelitas, franciscanos, clarisas, jesuitas…) y un centro municipal de gran potencia y desarrollo, consistente en una enorme plaza, en cuyo centro se alza la iglesia parroquial, y en sus costados las Casas de Ayuntamiento, la Audiencia, el Pósito, la Cárcel y las casas curato. En un sentido de ciudad (es el título que mantiene San Clemente desde entonces) bien estructurada conforme a cánones renacentistas y de organización perfecta. Un símbolo de la España del siglo XVI.

Me fijo hoy muy especialmente en el edificio que preside esa plaza mayor. Una de las más bonitas Casas Consistoriales de nuestra Región. Por describirlo someramente, debo decir que la fachada tiene al frente un cuerpo principal con dos plantas: en la planta baja aparece un zaguán y porche, con siete vanos que se originan por la disposición de siete arcos semicirculares apoyados en columnas dóricas. En la planta alta, se repiten los siete arcos que se corresponden con los de abajo. Sobre dicha arquería, aparece una doble imposta corrida, que soporta un pretil adornado con bajorrelieves, con un total de 37 veneras en 14 de las cuales aparecen representaciones antropomorfas. El lenguaje de la escultura simbólica se hace especialmente llamativo en ese friso, que luego trataré con más detalle.

Este edificio tiene declaración de BIC como monumento desde 1992. Su construcción data de hacia 1535, aunque ya antes se declaraba en documentos “haber casas consistoriales”. Debió empezarse a construir en época de los Reyes Católicos, pero fue muy lenta la construcción, y progresiva. Las fechas van desde aproximadamente 1517 (el escudo central reproduce las armas de la reina Juana [la Loca] y de su hijo Carlos [de Gante]. El reloj de sol lleva tallada la fecha de 1566, y la torre se concluyó en 1577. Es por eso que prácticamente todo, o al menos lo más vistoso, fue construido durante el reinado de Felipe II. Las trazas del edificio fueron dadas por el arquitecto Andrés de Vandelvira, y su el maestro de obras que lo ejecutó fue Domingo de Zalbide o Zaldivia.

Me entretengo ahora en mirar, describir y tratar de encontrar el significado de los 14 medallones que lucen tallados entre veneras en el friso superior. Desde la plaza se entrevén como figuras amables, pero es preciso ordenarlas, enumerarlas y describirlas. Para tratar de sacarles su mensaje. Que cuando se construyó estaba claro, todos lo entendían, porque quien lo diseñó lo explicaría multitud de veces. Hoy, como toda la información que se deja al flotar del viento, nadie se acuerda de lo que querían decir estos sujetos allá en lo alto tallados sobre la domada piedra arenisca.

En el proyecto del arquitecto, originalmente había 10 figuras, 5 a cada lado del escudo, con sendos salvajes en las esquinas. Hacia 1575 se añadieron las cuatro figuras que hoy forman parte de la Torre. Sobre el escudo, de perfecta talla, aparece otro medallón con la efigie de un Pontífice tocado de tiara. Que podría ser: o bien Adriano VI [Adriano de Utrecht] educador del Emperador Carlos, o quizás Clemente VIII, quien es co-defensor con el Rey Felipe de la Religión Católica en Europa.

La lectura de estos tondos del Ayuntamiento de San Clemente debe hacerse del siguiente modo: del 1 al 5, de izquierda a derecha, los que están a la izquierda del escudo carolino. Del 6 al 10, también de izquierda a derecha, a la derecha del dicho escudo. Finaliza la serie con los cuatro que se tallan sobre el friso de la torre, que son posteriores. Los numero del 11 al 14.

Los de ambos extremos son salvajes desnudos y peludos, portando mazas. Son maceros benéficos, protectores y dadores de virtud a lo que amparan. Desde la izquierda aparecen dos hombres (uno lleva un látigo en la mano, señal de autoridad y castigo, y otro un halcón en la izquierda, en ejercicio de caza). Les sigue una mujer, coronada, sin duda una Virtud. Y junto al escudo un Rey Antiguo, levantando un cetro, expresión de la fuerza de la historia. Al otro lado, en simetría con la serie anterior, un caballero que levanta corona y espada en sus manos; le sigue otra Virtud, como dama coronada, y dos varones, uno lleva un puñal en una mano y en la otra un libro abierto, y el siguiente un joven que levanta una llama en su mano derecha, acabando la serie con otro salvaje con maza.

Los cuatro de la torre, de izquierda a derecha, son un rey coronado, barbado, con vestimenta simplísima, que representa sin duda a Felipe II. Le siguen una mujer coronada con un espejo en la mano, símbolo de la virtud de la Prudencia, y luego un hombre que señala y otra mujer con una comadreja que señala.  Todos ellos, y no puedo entretenerme más, porque se me acaba el espacio, son expresiones de la realeza, del poder monárquico, y del poder municipal y local, con símbolos de dominio, saber, autoridad y bondad: creo que puede identificarse, todo el conjunto, como una evidencia de las virtudes que adornan a los munícipes que administran la república municipal, con la protección real, y el acogimiento de las fuerzas tradicionales y ancestrales benéficas.

El catálogo de los medallones renacentistas en Castilla-La Mancha está todavía por hacer. Muchos de ellos en los pueblos de la Mancha ofrecen la influencia del ingenio de Vandelvira en sus edificios de Andalucía, Jaén, y Alcaraz. Y otros, en Toledo, y en Sigüenza, se allanan a la imaginación de Alonso de Covarrubias y su escuela. Estos de San Clemente tienen el valor de la uniformidad en la talla, y del sentido uniforme de su mensaje civil y ejemplarizante.

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