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Sigüenza, diez razones para ser Patrimonio de la Humanidad

Catedral de Sigüenza por Isidre Monés

Cuando el escritor y filósofo (uno de los destacados de la Generación del 98) José Ortega y Gasset se acerca a la ciudad de Sigüenza, en 1911, nos dice que tras subir la calle principal se enfrenta a la visión de la catedral, y afirma de ella que “toda oliveña y rosa a la hora del amanecer, parece sobre la tierra quebrada, tormentosa, un bajel secular que llega bogando hacia mí en el viril castizo de su tabernáculo”.

Mucha literatura se ha derramado en torno a Sigüenza, porque -sin duda- su estructura, su ser, y sus detalles, incitan a cualquiera con sensibilidad a buscarle definiciones, y justificar ante sí mismo (el escritor, el viajero) la razón de admiración tan alta.

Azorín dice (es 1905) que “[…estos] pueblos de vetustos callejones, de callejuelas retorcidas, de olmedas y saucedas, donde pasean solitarios los clérigos; de tiendecillas oscuras; de portaladas nobles con blasones de piedras; de niñas silenciosas que asoman tras los cristales cuando resuenan pasos…” y Alberti, en 1923, cree soñar tras ver al Doncel en su reposo de alabastro, y se le escapan, como entre lágrimas, estos versos que inician el soneto que le dedica: “Volviendo en una oscura madrugada / por la vereda inerte, del otero / vi la sombra de un joven caballero / junto al azarbe helado reclinada”.

¿Seguimos? No hace falta: don Benito Pérez Galdós, Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Federico García Lorca… pero también Cervantes, y Quevedo, y Lope de Vega, y Tirso de Molina…. Todos han pasado por Sigüenza, y se han llevado en sus almas la impresión de verla, por primera vez, sobrecogidos.

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Sigüenza ciudad medieval

En estos días que por parte del Ayuntamiento de la Ciudad de Sigüenza se plantea solicitar, ante las altas instancias internacionales, la declaración de “Ciudad Patrimonio de la Humanidad” para su conjunto urbano, se ha formado allí un Comité de Expertos, con un relevante presidente a la cabeza (don Antonio Fernández-Galiano Campos, presidente de ”Unidad Editorial”). Aunque en sus primeras declaraciones, tanto el presidente del comité, como la alcaldesa de Sigüenza, han manifestado que cualquier voz será bienvenida, y cualquier aporte, por el costado de la sociedad civil, será tenido en cuenta.

A tenor de ese ofrecimiento, me atrevo a proponer aquí diez (los primeros) argumentos que deberían esgrimirse para poner en valor esta solicitud. Y que van más allá del simple hecho de ser “una ciudad bonita” con un rico patrimonio artístico y una naturaleza casi virgen en su torno. Sigüenza es ya, desde hace muchos años, Ciudad Conjunto Histórico de categoría nacional. Solo es subirle la categoría lo que se pide, de nacional a internacional. No es difícil. Y será cuestión de seguir meticulosamente los pasos que la UNESCO pide para alcanzar la meta. Años de papeles, de informes y de comparecencias (también de viajes, de hoteles y de experiencias, para quienes lo promueven) En definitiva: el Calvario de la burocracia, en este caso internacional, que se monta para justificar puestos, viajes y caras serias.

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Porque Sigüenza lo tiene fácil de verdad. Es cuestión de esgrimir, con sus apoyos documentales anejos, estas diez (10) razones que la hacen ciudad singular, especial, única en su contexto, y merecedora de ese título “Ciudad Patrimonio de la Humanidad”. Que viene a decir, en resumen, que si se perdiera, que si no existiera, la Humanidad sería un poco más pequeña, se encogería, perdería parte de su valor innato.

  1. De esas razones diez, la primera es sin duda su propio ser corporal, su estructura y su fisonomía. En la que entran a jugar dos factores complementarios. De una parte, el urbanismo, la forma en que la ciudad nace, crece, se desarrolla y alberga a la gente y a sus edificios. Por otra parte, ellos mismos, los grandes ejemplos del estilo románico (la catedral, y su contenido, las iglesias de Santiago y San Vicente…) de estilo gótico (santa María de los Huertos) de estilo renacentista (la sacristía de las cabezas) de estilo barroco (el trascoro…) el arte hispano, en definitiva, como puesto en catálogo didáctico.
  2. El espacio natural en que surge la ciudad, a la inclinada orilla del río Henares, un río literario y eje capital de los caminos peninsulares. Ese paisaje (que no destaca precisamente por su belleza o aparatosidad al uso de los exploradores amazónicos) explicita el origen remoto del burgo, un área vivencial para culturas antiguas, prehistóricas, un lugar en el que los castros celtíberos tiene su marcada presencia, y por sí solos hablan, en el lenguaje de las piedras y los silencios, de la antigüedad seguntina. De su firmeza, de su estratégica rumbosidad en el contexto romano, y visigodo, y árabe…
  3. Los personajes que en esta ciudad han nacido. Hombres y mujeres. Sabios y ascetas, escritores y artesanos, profesores y académicos (¡incluso en la actualidad!) Desde el escritor jerónimo fray José de Sigüenza al Arzobispo Asenjo, desde José de Villaviciosa al doctor Francisco Javier Sanz Serrulla.
  4. Los personajes que la han poblado, siempre rodeados del esforzado pueblo, agricultores, artesanos, ballesteros y recueros… Pedro Ciruelo, profesor de la Universidad, o Gaspar Casal, médico insigne; El Cardenal Mendoza y el doctor Martínez Gómez-Gordo.
  5. Y aún los viajeros, que momentáneamente se acercaron y subieron/bajaron los pavimentos de sus calles. Ya dije antes algunos nombres ilustres. Quizás uno de los mayores, don miguel Cervantes, de quien tenemos constancia en que en marzo de 1569 acudió con su maestro López de Hoyos a visitar Sigüenza, y de paso admirar la estatua de don Martín Vázquez de Arce, ese joven caballero que muere en la guerra contra moros, y queda eternamente abstraído en la lectura de un libro ¿de caballerías? Seguimos dando nombres… los Reyes Católicos, el general Hugo, el Conde de Romanones, Felipe V, Manuel Azaña, el propio Papa actual, Francisco… sería inacabable la lista, pero es un valor, son miles de valores, seguros.
  6. Los artistas que poco a poco levantan tanta maravilla. Tallistas románicos venidos del Poitou, de la Borgoña, de Bretaña.. Juan Guas y Alonso de Covarrubias, Soreda y Giraldo de Merlo, y esos cientos de tallistas, de pintores, de orfebres, de rejeros, de campaneros, de tejedores, de alfareros, de cesteros y músicos…
  7. La enseñanza que se imparte en su Universidad. Algunas ciudades españolas han sido nombradas patrimoniales por haber sido, fundamentalmente, universitarias: Salamanca, Alcalá de Henares, Baeza… nuestra Sigüenza añade también ese mérito a su historia. Fue sede ¡desde el siglo XVI de una Universidad en la que destacaron profesores, y alumnos: en los que campan a sus anchas nombres como Huarte de San Juan, Sorapán de Rieros, Pérez de Escobar, Martín Martínez, unos en el Derecho Canónico, otros en Medicina: y todos en el recuerdo feliz de sus días universitarios seguntinos.
  8. El costumbrismo no es flojo, precisamente. Desde sus hogueras (de cuajo ancestral) por San Vicente, a la Cofradía de los Armaos, una Semana Santa con trasfondo militar y artillero.. Desde el homenaje popular (flores, canciones, luminarias) a la Virgen de la Mayor, que lleva en las manos la flor de lis francesa, a las rondallas navideñas haciendo paradas en los trechos donde venden anís, o lo reparten.
  9. La secuencia bibliográfica que ha nacido de esta ciudad: los libros, las obras dramáticas, los estudios históricos, los versos, las enciclopedias aún. No es cualquiera una ciudad que cuenta con tal bibliografía detrás de ella. Guías (cómo olvidar la maravilla que en ese estilo escribió Alfredo Juderías, aquel memorable “Elogio y nostalgia de Sigüenza”), o las novelas nacidas de sus callejones (“El último día de Sigüenza”, de María Antonia Velasco), o el gran estudio profesional de su Catedral de Santa María debido recientemente al arquitecto José Juste Ballesta… poetas de altura, como Ochaita, Suárez de Puga, Vaquerizo… incluso las voces discordantes y bohemias, pero siempre llenas de afecto por su ciudad natal de Antonio Pérez, de José Pepe Esteban, del heterodoxo Braulio de Sigüenza, que no era otro que el valenciano Joaquín Buxó, a quien, como a tantos miles, cautivó Sigüenza.
  10. Y al fin un algo intangible, un “qué sé yo”, un aire que se balancea: ese sentido de tradición en todo cuanto aquí ocurre o se prepara. Una idea como sacralizada de que cualquier presencia, idea o surgimiento, está en conexión con el pasado, y es cadena que le ata al porvenir. Las Jornadas de Estudios Seguntinos, los toros en verano, la cuesta de Rompeculos. Mil cosas más, que se pueden (con estudio, paciencia y ganas) ir poniendo una tras otra.

Quizás tengamos, para Sigüenza, bastante más razones para que le den el título de “Ciudad Patrimonio de la Humanidad” que Le Havre, la ciudad normanda que sufrió tal bombardeo en la II Guerra Mundial que ha tenido que ser reconstruida totalmente (y es patrimonio) o algunos lugares parciales, como Alcalá de Henares, que por universitaria y monumental ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad una parte, restringida, muy delimitada, de la ciudad antigua. Sigüenza aspira a la totalidad, porque puede. Y lo sabe.

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