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Memoria de Salvador Embid en su centenario

Se cumplen en estos días (concretamente ha sido el pasado martes 9 de Noviembre) el centenario del nacimiento de Salvador Embid Villaverde, de quien muchos alcarreños guardan memoria. Y porque no quede en olvido esta efeméride, que tanto tiene que ver con esta provincia, aquí van recogidos en gavilla algunos recuerdos de este personaje, que durante años, durante decenios, dirigió y dio vida a este periódico “Nueva Alcarria” como presidente de su Consejo de Administración y alma mater de sus páginas, en las que él mismo colaboró habitualmente.

Salvador Embid Villaverde

Salvador Embid Villaverde

 Una breve biografía de Embid

Aunque en el siguiente capitulillo ponga resumida la lista de cargos, méritos y homenajes que tuvo en vida Salvador Embid, aquí deben ir las notas breves de su vida, que él mismo aporta en su último libro. En dos vertientes podría dividirse su vida: en la administrativa y en la informativa. La primera estuvo siempre centrada en su puesto del Instituto de Enseñanza Media “Brianda de Mendoza” del que fue secretario, y en su entorno de actividades pedagógicas y sociales, pues presidió la Comisión Provincial de Becas, y actuó como alma visible de un centro educativo que, no lo olvidemos, durante todos los años de la posguerra fue el único que impartió las enseñanzas medias a los jóvenes de Guadalajara y toda su provincia. Embid fue entre 1934 y 1935 Jefe de Personal y de Magisterio en la Delegación de Educación en Barcelona. Había salido con ganas de comerse el mundo desde su pueblecillo natal, Huertapelayo, a formarse y hacer oposiciones. Después de la guerra se vino a Guadalajara, donde quedó para siempre.

La segunda vertiente se desarrolló en lo que ahora llamamos “Comunicación e Imagen” y que equivale a lo que en tiempos anteriores era “Prensa y Propaganda”. Desde un “Nueva Alcarria” que fue órgano oficial del régimen anterior, accedió a su propiedad en el momento en que se dio opción a la privatización de estos medios. Y a partir de ahí, en unión de sus otros dos socios y amigos, José de Juan-García y Amador Rodríguez Ayuso, pusieron en marcha esta gran empresa que aún hoy sigue y diariamente se aventura desde una perspectiva comercial difícil y con un buen número de empleados detrás.

En ese escaparate que es un periódico de provincias, Embid desarrolló una faceta propia de su sentido cristiano y su moral a prueba de bombas, redactando cada semana un artículo (y estuvo así decenios enteros) en el que comentaba temas de actualidad, y animaba a sus lectores a comprometerse y vivir conforme a un sentido cristiano de la vida. Escribió además tres libros, que eran realmente recopilación de sus mejores artículos, sumados de comentarios de amigos y admiradores. Él presumió siempre de tener “un millón de amigos”, aunque no era, porque no tenía cargo que lo permitiera, de los que concedía prebendas o proporcionaba puestos de trabajo: Embid no necesitaba asesores porque sabía muy bien lo que hacía y lo que convenía hacer en cada momento.

A él le gustaba presumir de sus amigos poderosos: obispos, gobernadores civiles, generales, políticos de la nueva etapa democrática, etc. Era una especie de coleccionista de amigos. No le faltaba ninguno, y si alguno se le resistía, hacía todo lo posible por incluirle en su álbum. Siempre lo conseguía. De ahí que llegó a ver cómo el alcalde Javier de Irízar le dedicaba una calle de la nueva Guadalajara, o cómo le nombraba Socio de Honor el Club “Siglo Futuro” cuando este empezó desde una perspectiva cultural independiente.

Su especialidad, sin embargo, fue la de programar y organizar homenajes a otros: y así fue el primero en conseguir que la ciudad tributara un homenaje en vida a Antonio Buero Vallejo o memorara como correspondía al fraule jerónimo José de Sigüenza, que a fuer de intelectual se vio sumido en un larguísimo proceso de la Inquisición.

Nunca acabaría de recordar detalles así en la vida de Salvador Embid. Que yo calificaría, en un resumen atropellado, de hombre bueno, cabal, amigo de sus amigos, y dispuesto a ayudar a todos.

Con los seleccionados por él mismo de los más de 4.000 artículos que escribió semana tras semana, montó tres libros. En el prólogo al último de ellos, decía: “Pero no todo lo que uno lleva dentro -de amor a su tierra, a sus creencias, a su Dios y a su Patria – puede hacerse y decirse en un artículo… y por esa razón me lancé a la aventura de escribir un libro que titulé: “Mi vida y… ¿milagros?” y que había sido la ilusión de toda mi vida, aunque hube de demorar mi propósito, por razones económicas y por miedo al fracaso y aun por temor a que se considerara una petulancia ante mis escasas experiencias en ese terreno. Y el éxito me acompañó de tal modo, que con gran sorpresa por mi parte, se agotó en muy pocos meses”. A ese título le siguieron “Verdades y ¿Mentiras?” y finalmente “Las homilías de don Salvador” en el que adoptaba ya un papel clásico en vida. Recopilación de sus avatares, Embid deja que sean otros los que atiendan con sus textos a valorar su personalidad, y publica luego sus artículos favoritos con la mención detallada de aquellos nombramientos o distinciones que a él más le había llenado, y que mis lectores podrán componer su personalidad cuando lean cuales fueron estas:
Su pueblo natal le nombró Hijo Predilecto. Esto es algo que a cualquier mortal le llena de orgullo. Quizás lo que más: que el pueblo o ciudad donde ha nacido le considere uno de sus vecinos más ilustres y señalados. En 1990 el Ayuntamiento presidido por Javier de Irízar le dedicó una calle en la zona de “La  Chopera” y finalmente el 7 de mayo de 1993 el Club de Opinión y Cultura “Siglo Futuro” le nombró primer Socio de Honor de esa institución.

Un apunte de Huertapelayo, su pueblo natal

Lejano está, pero no difícil de llegar, porque hoy se han abierto carreteras cómodas y accesibles. La mejor forma de acceder a Huertapelayo es hoy, desde la meseta en que asienta Villanueva de Alcorón y Zaorejas, por una estrecha carretera que va deslizándose entre los pinares, siguiendo un barranco poco a poco más profundo y estrecho, hasta llegar al Tajo. Muy cerca de éste, y entre altísimos roquedales que amenazan con derrumbarse, formando un paisaje pintoresco y único, asienta el pueblecillo de Huertapelayo, rodeado su caserío de espesa vegetación, mon­tuosos paredones de roca, y alegres y múltiples arroyos que bajan hacia el Tajo, al que se accede fácilmente desde el pueblo por empinado caminillo. El lugar sigue hoy prácticamente deshabitado, aunque en verano son multitud de familias las que a él regresan a pasar sus vacaciones, por lo que las casas, Ayuntamiento, iglesia, puentes, plazas, etc. se mantienen bien con­servados. Su aspecto de pueblo serrano es encantador. Su Plaza Mayor, con copuda olma central, es de aspecto inconfundible. La iglesia parroquial es obra del siglo XVII, escasa de elementos artísticos en el aspecto arquitectónico, pues en el muro sur se abre un gran portalón semicircular sin interés, y a poniente álzase espadaña sencilla para las campanas. En su interior resalta el retablo mayor, de estilo churrigueresco popular, obra de fines del siglo XVII.
Perteneció este pueblo, como aldea de mínima importan­cia dada su remota situación, al Concejo y Común de la ciudad de Cuenca, desde el siglo XII en que fue reconquistada a los moros esta región. Luego, durante siglos, continuó en esta situación, siendo prácticamente nulos sus avatares históricos.
Entre las muchas bellezas que el pueblo y término de Huertapelayo encierran, sobresale el túnel excavado en la roca para que pase la carretera o camino que va al pueblo, y el puente de la Tagüenza que comunica con el pueblo de Huertahernando, al otro lado del río; y, por supuesto, la ribera entera del Alto Tajo a su paso por el término, perteneciente al trayecto del «Parque Natural» que como magnífica reserva ecológica, se extiende desde Valtablado hasta Peralejos.

Datos para una biografía

Es también el propio Salvador Embid quien nos facilita la tarea de traerle a la memoria en su Centenario con los datos concretos de su quehacer vital. No porque esta página se escriba desde “Nueva Alcarria” de hoy, sino que debería escribirse en todos los periódicos, emisoras, canales y corazones de quienes sienten Guadalajara como algo vivo y perdurable, sonoro y cálido. Esta es la memoria de este gran hombre:

Perteneció como funcionario del Estado al Cuerpo Técnico-Administrativo del Ministerio de Educación y Ciencia, por oposición, como Jefe de Negociado. Fue secretario del Instituto «Brianda de Mendoza» de Guadalajara durante 32 años, desde mayo de 1939 a septiembre de 1972. Añadió en ese contexto el cargo de jefe provincial del Servicio de Promoción Estudiantil (Becas) durante 15 años. Y sumó el de Técnico de Formación Profesional de Educación y Ciencia, y secretario general de la Junta Provincial durante 15 años.

Muchas otras páginas llenan su biografía, sobre todo relacionadas con actuaciones solidarias con los más necesitados: fue fundador, junto con el doctor Rafael Valle Adaro, director del Hospital Provincial, de la Asociación Española contra el Cáncer en Guadalajara. Colaboró intensamente con UNICEF como jefe de su Gabinete de Prensa, siendo esto mismo de la Asamble Provincial de la Cruz Roja, que le hizo socio de honor de la misma.

Fue Socio de Honor de la Casa de Guadalajara en Madrid siéndole entregado el diploma por el entonces alcalde de Madrid, don Juan Barranco. También Melero de plata y placa de la Casa de Guadalajara en Madrid, lo que llevaba con gran orgullo. Y consejero de Cultura desde su fundación de la Institución «Marqués de Santillana», de la Diputación Provincial. Le fue concedida la Abeja de Oro por la Excmª Diputación Provincial. Fue Presidente del Sindicato de Prensa, Radio y Televisión, por elección entre periodistas y vendedores, en los tiempos de los sindicatos verticales. Recibiendo entonces la Medalla de Plata de la Organización Sindical. Colaboró intensamente con Hermandades del Trabajo Nacional, que le impusieron su distinción de Honor, y aún estuvo muchos años presidiendo la Junta de Cofradías de la capital.

Lo que dice de Embid  la página web de Alcarreños distinguidos

En la página web www.aache.com/alcarrians dedicada a los alcarreños distinguidos, y en la que ya figuran cientos de ellos, de hoy y de siempre, aparece Salvador Embid con este breve y concisa descripción:

Director honorario de Nueva Alcarria.  Nació en Huertapelayo, (Alto Tajo de Guadalajara), en noviembre de 1910.  Ejerció como funcionario del cuerpo Técnico-Administrativo de Educación y Ciencia en el antiguo Instituto de Enseñanza Media «Brianda de Mendoza».
Es autor de numerosos artículos sobre costumbres rurales de su tierra natal y otros de cariz moralizador y filosófico.
El libro de sus memorias que publicó en 1984 se titula Mi vida y…¿milagros?, al que siguió otro a finales de 1992, en linea parecida de recuerdos, de gratitud a sus amigos y de amor a su tierra, que tituló Verdades y…¿Mentiras?
Un nuevo libro titulado Las Homilías de don Salvador completó en 1994 la trilogía de sus publicaciones. Fueron sin embargo miles los artículos que publicó en Nueva Alcarria a lo largo de su vida. Director e impulsor de este semanario alcarreño, su presencia en la vida pública, social y cultural de Guadalajara fue muy señalada en las últimas décadas del siglo XX. Su mensaje, católico y conservador, alcanzó en ocasiones cotas de contenido teológico y doctrinal. Sus más celebrados artículos aquellos en los que contaba las tradiciones de los pueblos de la Alcarria en los años de la posguerra. Un estilo muy propio, coloquial, y una humanidad desbordante es lo que caracterizó siempre a Salvador Embid Villaverde, padre espiritual de todos los pelayos del mundo. Murió en Guadalajara en febrero de 1999.

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