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Fray Alonso de Veracruz, otro alcarreño en América

Se cumplió el pasado año, el Quinto Centenario del nacimiento de un alcarreño que fue “carne de estatua” y finalmente se la pusieron, en México. Aquí, por aquello de que nadie es profeta en su tierra, se quedó sin conmemoración. Pero esta obligada remembranza de uno de nuestros paisanos más famosos e influyentes en el Nuevo Mundo ha tenido, por fin, su desquite, con un amplio Seminario celebrado los pasados días en Salamanca, y que bajo el título de “Presencia de la Escuela de Salamanca en el Mexico del siglo XVI: Fray Alonso de Veracruz a los 500 años de su nacimiento (1507 – 2007)” ha congregado a multitud de profesores españoles y mejicanos que han estudiado la figura del alcarreño por su cuatro costados.

Ojalá que esta conmemoración (en definitiva, esta raíz cultural y humana de nuestra provincia) pueda tomar cuerpo, en forma de ciclo de conferencias o actos rememorativos, en nuestra ciudad y en Caspueñas, porque fue allí donde nació, hace ahora 500 años, este Alonso Gutiérrez que alcanzó a contarse entre los fundadores de la Universidad de México, la primera de América, hecha por el empuje de otro alcarreño ilustre: Antonio de Mendoza, el primer virrey de Ultramar.

La villa de Caspueñas es una de las aparecen ante los ojos del viajero que desciende el valle del río Ungría desde Fuentes de la Alcarria, donde nace, hasta Armuña, pasando ante los altos caseríos de Atanzón y Valdeavellano, regando las huertas de Valdesaz y Caspueñas, dejándose ver desde la atalaya de Horche. En ese lugar, verde ahora y preñado de alamedas que es Caspueñas, nació hace cinco siglos exactamente Alonso Gutiérrez, en una familia acomodada aunque de pecheros sin más. Emparentado con los Coronel de Torija, adictos a los Mendoza porque eran sus señores y protectores, todos ellos estudiaron y formaron en las filas de esa nueva fuerza de “letrados” que alentó hacia América y dio el paso más impresionante que la Humanidad ha dado en su devenir completo: la colonización de América y el trapslante de la cultura europea a aquel continente.

Vamos a recordar, aunque sea brevemente, los hechos por los que a Fray Alonso de Veracruz, ahora, cinco siglos después de nacer, aún se le aplaude.

Natural de Caspueñas

Nacido en Caspueñas, en 1507, fuese a estudiar en las universidades de Alcalá y Salamanca, cursando en esta última Artes y Teología, en la cátedra que dirigía Francisco de Vitoria, el prionero del “derecho de gentes”. Como muchos jóvenes de entonces, y posiblemente alentado por sus primos los Coronel, de Torija, y en el séquito del virrey Antonio de Mendoza, pasó a América unos meses después que el hijo del marqués de Mondéjar, llegando a Veracruz, y alistándose allí en la Orden de San Agustín. Tomo el nombre de fray Alonso de Veracruz como ya sería siempre conocido. Sus méritos, muchos, pasan por haber sido una de las figuras más destacadas de la historia de México y del Nuevo Continente: misionero infatigable de los nativos en su propia lengua, orador insigne, fundador de colegios, bibliotecas y centros de enseñanza para los religiosos de su orden y de los propios nativos, primer profesor de filosofía y teología en el continente americano, primer catedrático de Sagrada Escritura y Teología tomista al fundarse la Universidad de México, y primer tratadista de Derecho Agrario y del Derecho de Gentes en la incipiente universidad mexicana, cuyos principios llevó a la práctica en defensa de los indios.

Ya en América se trasladó a tierras michoacanas, aprendiendo la lengua de la zona para predicar la doctrina cristiana a los indios, sin tratar de imponer primeramente el castellano, como pretendían muchos consejeros de la corona española, sino hablando a los indígenas en su lengua nativa, el purépecha, para evangelizarles e incorporarles a la civilización occidental.

De su tarea intelectual, puede decirse que Veracruz no es un filósofo encerrado en los principios clásicos de la filosofía escolástica, sino un pensador comprometido y un misionero ejemplar. Funda el Convento de Tiripetío y establece la primera biblioteca de América, siendo partidario de que la cultura es el mejor camino para formar al hombre y sembrar la fe cristiana. Fue elegido superior de la provincia de la Orden de San Agustín en Michoacán, fundando en esos años hasta cinco conventos en los que se metieron muchos monjes y se impartió cultura superior a los indígenas.

La actividad didáctica e intelectual de fray Alonso de Veracruz se manifiesta de forma clara en su intervención en la creación y partiicpación en la Universidad de México, que es la primera creada en el Nuevo Mundo. Tras la propuesta al emperador de fray Juan de Zumárraga, el virrey Mendoza labora para la creación de este centro de enseñanza, contando desde el primer momento con la colaboración del alcarreño Veracruz. A este, se le designa en 1553 como profesor de Sagradas Escrituras, e inmediatamente como maestro de Artes y Teología, creándose una cátedra de Santo Tomás para que sea él quien la imparta. Daba la Teología de Vísperas, pero con el sueldo y la consideración de los de Prima. Entonces empezó a escribir sobre Dilosofía, creando su gran obra.

Regresó a España en 1562, para defender las funciones y privilegios de las Ordenes religiosas. Actuó como consejero real y se le nombró prior del monasterio madrileño de San Felipe el Real, a la sazón situado en la Puerta del Sol, así como visitador de los conventos agustinos de la Provincia de Castilla la Nueva.

Pero su destino, claramente, estaba en América, volviendo allí en 1572, llevando consigo al también agustino y familiar suyo Francisco Coronel, de Torija, que luego pasaría a Filipinas. Fueron entonces en el séquito del nuevo virrey mendocino, el Conde de Coruña. De ahí hasta su muerte, la actividad de fray Alonso de Veracruz fue incansable, memorable titánica. Fundó el Colegio de San Pablo, escribió sus mejores obras de Filosofía, que le hicieron alzarse al puesto de más alto pensador de América en el siglo XVI, poniendo en marcha la evangelización de las islas Filipinas, aprovechando la presencia pionera de los agustinos en el archipiélago asiático.

Su obra monumental

Alonso de Veracruz admitía, en cuestiones menores, una reforma de la escolástica y ciertas reivindicaciones humanistas. Quiso librar a la filosofía de especulaciones vanas e inútiles. Siguiendo el ejemplo de los renacentistas, postuló el retorno a los textos originales de Aristóteles. Escribió, con intención primordialmente pedagógica, tres obras filosóficas fundamentales: Recognitio summularum (1554), Dialectica resolutio (1554) y Physica speculatio (1557). Estos tres libros integran un curso completo de Artes (Filosofía), tal como entonces se impartía, en el que resplandecen la claridad, la sencillez, y cierto carácter pragmático.

A fray Alonso le interesaba, fundamentalmente, iniciar a la juventud estudiosa mexicana en la problemática y temática de la Filosofía. Aunque las principales obras de fray Alonso hayan sido filosóficas, también se ocupó de la Teología, dejándonos el Speculum coniugiorum. Y siguiendo las huellas de su maestro, el padre Vitoria, escribió, dentro del campo jurídico y moral, la Relectio de dominio Infidelium et de justo bello, que expuso en el primer curso académico de la recién creada Universidad (1553‑1554) creando con esa obra una senda firme y seguida por todos para el reconocimiento de la realidad indígena, y el respeto hacia sus formas de vivir y su cultura.

Apunte

Mucha bibliografía reciente

El padre agustino del Escorial, Francisco J. Campos y Fernández de Sevilla, ha sido uno de los máximos estudiosos de fray Alonso de Veracruz. De él hemos sacado las noticias arriba expuestas, y a él se debe un reciente trabajo titulado “Análisis socio-bibliográfico de fray Alonso de Veracruz” publicado en el “Anuario jurídico y económico escurialense”. En él vemos que el fraile alcarreño continúa siendo un foco de atención de muchísimos investigadores, filósofos, historiadores, y analistas de la vida en América durante el primer siglo de colonización hispana.

Fue el jesuita E.J. Burrus quien sacó en 1976, y en cinco tomos editados por la Universidad de Arizona, las Obras Completas del alcarreño. Su título “The Writtings of Alonso de la Vera Cruz” lo dicen todo, y en ellas aparecen los textos completos de fray Alonso relativos a filosofía, teología y derecho de gentes. Con un estudio exhaustivo del recopilador. Pero solamente en lo que llevamos de siglo XXI podemos decir que van ya 65 trabajos de investigación sobre el personaje y su obra, salidos la mayoría de las aulas y seminarios de México, donde se sigue teniendo a fray Alonso en palmas, y su estatua presidiendo la entrada de la facultad de Filosofía.

En todo caso, no podemos olvidar la obra clave del conocimiento del alcarreño. Escrita por un autor de nuestra tierra, molinés, el padre Prometeo Cerezo de Diego, O.S.A., quien en 1985, y de la mano de la prestigiosa editorial mejicana Porrúa, sacó el fruto de su tesis doctoral en forma de libro “Alonso de Veracruz y el Derecho de Gentes” que es de obligada lectura.

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