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OCHAÍTA: escritor y poeta

 

El pasado lunes 8 de agosto se cumplía un siglo del nacimiento, en Jadraque, de José Antonio Ochaíta García, escritor y poeta, uno de los valores más altos de la literatura alcarreña de todos los tiempos. Solamente un artículo, magnífico y cordial, como todo lo que él hace, de José María Bris Gallego, recordaba la efemérides. Un aniversario que, por alcanzar la limpia cifra de los cien años justos, se hacía obligado recordar, y que ha servido para llamar, con el suave toque de los dedos encima de una mesa, en la memoria de quienes se interesan por todo lo que atañe a la raíz honda de nuestra provincia.

 La cifra escueta de este aniversario dice que José Antonio Ochaíta García nació en Jadraque el 8 de agosto de 1905, primer hijo varón de Antonio Ochaíta Bachiller, nacido en Trillo, y de Cesárea García de Agustín, nacida en Jadraque: un árbol de alcarreñas honduras, ya en la sangre.

Al artículo de Bris me remito, en estas mismas páginas del pasado lunes. En él aparece, comprimida, la biografía del poeta centenario, y amasadas sus noticias con las palabras del propio escritor, que en un grandioso poema autobiográfico se retrató de cuerpo y alma. En ellas se ve ya la dimensión de su pluma y se vislumbra en transparencia plena la altura de su alma.

Ochaíta ha sido un escritor que ha marcado un antes y un después en la literatura castellana. Porque lo que él hace no se había hecho nunca (ni los más explosivos poetas barrocos usaron tal aluvión de adjetivos y epítetos para describir la tierra) y luego ya no se ha repetido. Habrá quien diga que porque ese estilo no se lleva. Yo creo, más bien, que es porque esa capacidad de escribir y describir no la ha alcanzado nadie, por más que lo hayan intentado algunos.

De su nacimiento, que ahora rememoramos, no queda otro recuerdo que la anotación de la fecha en los libros parroquiales de Jadraque. De su muerte, sin embargo, ocurrida en la noche de Pastrana del 17 de julio de 1973, sobrevenida “como del rayo” mientras recitaba sobre una tarima en el atrio de la colegiata, ha quedado la memoria colectiva de un hecho especialmente patético y asombroso: un poeta enamorado de su tierra, que muere repentinamente mientras, con la mayor pasión de su espíritu, recita el poema “Tengo la Alcarria entre mis manos” que ha escrito especialmente para esa ocasión.

Sucinta memoria de su vida

Desde muy pequeño fue Ochaíta un enamorado de la literatura y el arte. Licenciado en Filosofía y Letras, se dedicó primeramente a la enseñanza en diversas ciudades españolas, dirigiendo también varios periódicos. En Cádiz tuvo una Academia y en Vigo fue redactor y director de un conocido diario. Su afición a la poesía le llevó a componer multitud de letras para canciones de corte español, que luego famosas tonadilleras repitieron por el ancho mundo: algunas de las más conocidas canciones de Concha Piquer, Juanita Reina y Lola Flores fueron escritas por José Antonio Ochaíta, y su composición de El Porompompero fue universalmente repetida. Junto a los maestros Valerio, Quiroga y Rafael de León, puede decirse que el arsenal de la más genuina «canción española» salió de la mano de este escritor alcarreño.

Pero no paró ahí su inspiración y maestría. Dedicado también a la creación literaria, produjo estimables obras de teatro, como la tragedia en verso «Canela», que escribió con Rafael de León y estrenó María Fernanda Ladrón de Guevara, y su famosa «Doña Polisón», drama de tintes hispánicos. Fue nombrado miembro de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, y alcanzó muchas otras distinciones, entre las que debe destacarse muy merecidamente la de Cronista Oficial de la ciudad de Guadalajara.

Sin embargo, toda la inspiración, la sabiduría y la gran cultura de José Antonio Ochaíta se volcó en su quehacer poético, dedicando muchas de sus composiciones a las tierras y personajes de la Alcarria, donde se desbordó en forma de recitales, pregones y actuaciones múltiples. Ha sido escasa la obra impresa que nos ha quedado de este magnífico escritor. Un «Desorden» fue su primer libro de versos, dedicado a la madre que marcó su vida. Siguieron «Turris fortíssima» y «Ansí pintaba don Diego», rarísimos hoy de encontrar. La «Poetización de Jaén» vio la luz gracias al apoyo de su amigo Juan Manuel Pardo Gayoso, jiennense que fue gobernador civil de Guadalajara en los años sesenta, y un pequeño opúsculo sobre «Jadraque, balcón de la Alcarria» se repartió en minúsculo formato por la Diputación Provincial. La Caja de Ahorro y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja, le publicó su encendido canto al río Henares, «…conjunción de huertos y castillos», y aún el Ayuntamiento de Guadalajara hizo una corta tirada del texto del pregón que, bajo el título de «Guadalajara de todas las estrellas» pronunció en 1969 para anunciar las Ferias y Fiestas de la ciudad desde el balcón del Ayuntamiento.

Algunos poemas y romances vieron la luz en la gran «Antología de la Poesía Española» dirigida por Federico Carlos Sáinz de Robles, y algo después de su muerte en el libro «Guadalajara en la poesía» que seleccionó José María Alonso Gamo aparecen las increíbles composiciones con que Ochaíta ganó los premios provinciales de poesía en 1966 (Molina de Aragón) y 1973 (Guadalajara) cantando al Señorío molinés y en una «septena» a los castillos provinciales, respectivamente. Otra de sus apariciones impresas, en «exposición colectiva», fue en la obra Cien Poetas en Castilla ‑ La Mancha que editada por Enjambre dirigió Alfredo Villaverde.

Y finalmente, la gran Antología Poética del autor, que en edición conjunta del Ayuntamiento arriacense y la Diputación Provincial apareció en 1998, al cumplimerse los 25 años de su muerte. Esa Antología, que por serlo es obligado resumen de su obra, ofrece sin embargo una magnífica perspectiva de la literatura que produjo José Antonio Ochaíta. De los cientos de versos que escribió Ochaíta, apenas hoy nos queda  memoria, desvaída, de unos cuantos. Pero fue precisamente la recopilación que José María Bris, -que tan bien le conoció y compartió con él tantas jornadas- para esta Antología hizo, la que nos sirve para entrar en el ámbito del asombro. Un asombro que está apoyado en la emoción de lo que cuenta, en la belleza de cómo lo cuenta, en la pasión que se desborda.

Es lástima que las instituciones culturales (oficiales y privadas) de nuestra provincia, no hayan dedicado hasta el momento ninguna actividad tendente a recordar la figura y la obra de Ochaíta. En plena canícula tampoco es apropiado hacerlo. Para el otoño que viene seguro que tendremos ocasión de rememorar nuevamente los versos, de volver a escuchar las paladinas frases, de Ochaíta, que puso su amor en la más alto de la veleta de la iglesia jadraqueña, y fue retumbando por los muros del castillo de Zorita, los tapices de Pastrana, las tocas monjiles de Almonacid y el boato dorado del marqués de Santillana cuando fue a tierra de moros, a cantar mientras luchaba.

Apunte

Dos estatuas de Ochaíta

Han quedado dos imágenes, las dos iguales, de José Antonio Ochaíta, en sendos rincones de nuestra tierra. En un segundo plano, solo en busto, con la mirada pensativa y la fuerza del verso volando entre las manos que esas estatuas no tienen. Las dos las fraguó, sobre la arcilla, el escultor Antonio Navarro Santafé, y fueron posteriormente vaciadas en bronce, y sobre pedestales de mármol puestas, la una, en la plazuela del Carmen, en Guadalajara; la otra, en la placita de Jadraque que se abre delante de la iglesia parroquial. La de Guadalajara le recuerda como Cronista de la Ciudad. La de Jadraque, como hijo predilecto de la villa.

Tuvieron también, en su día, la fortuna de ser eternizados sobre cerámica sus versos dedicados a Luis de Lucena en un paramento que se puso junto a la capilla de los Urbina en Guadalajara. Pero la peor enemiga de la inteligencia, que es la ignorancia, y que suele ser violenta frente a la placidez de la primera, se encargó de reducir a recuerdo aquel expresivo poema que Ochaíta dedicó a ese otro gran humanista de nuestra tierra. A pedradas acabaron con él, con el verso, me refiero, con las cerámicas que le daban vida.

Apunte

Una biografía monumental

La vida y la obra de José Antonio Ochaíta han quedado plasmadas en un libro muy bien escrito, en el que aparece minuciosamente referida su biografía, y analizada al milímetro su poesía, su teatro, su pensamiento fundamentado en la belleza.

Es el libro que con el título de “José Antonio Ochaíta, la voz de la Alcarria” escribió Tomás Gismera Velasco, y fue publicado en 2002 por una editorial alcarreña. En esa obra, y a lo largo de 188 páginas, se hace un repaso concienzudo de cómo vivió, como escribió y con un detalle absoluto también de cómo murió Ochaíta. Lo mejor de su poesía aparece referido y anotado. Y muchas imágenes de su vida, de sus amigos, de sus actuaciones, con incluso algunas caricaturas que del alcarreño se publicaron en periódicos nacionales de cuando en la posguerra estrenaba sus obras de teatro en los de más postín de la capital de España.

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