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JODRA a la espera

 

Hace algunos años eché las campanas al vuelo en estas mismas páginas, porque la iglesia de Jodra del Pinar, que es uno de los ejemplares más dignos y hermosos del románico rural de nuestra provincia, había recibido la primera intervención restauradora sobre sus cansadas piedras, y los vecinos y miembros de la “Asociación de Amigos de Jordá del Pinar” durante el verano iban a terminar esa iniciativa con algunas obras menores y puntuales.

Todo aquello se llevó a cabo, y la iglesia se salvó de una casi cantada ruina, pero no volvió a haber más intervenciones ni mejoras en el templo. Se quedó, pues, a mitad de camino. Porque una de las cosas que está pidiendo a voces, que salta a los ojos y la sensibilidad de quien con ellos abiertos y con ella puesta se acerca hasta su altura, es la de que terminen de abrirse su primitivos arcos, y que el atrio original recupere la diafanidad inicial, que el aire del campo meseteña entre por los abiertos ojos de su galería y tinte de tomillo las piedras de su portalada.

Jodra, un románico intacto

Este templo es de los pocos de nuestra provincia que se conserva como el primer día en que lo construyeron, allá por el siglo XII en sus finales, y concede a quien lo contempla no sólo la imagen de la arquitectura románica rural en su estado más puro, sino la certeza de que existió (y de que volverá, seguro) una edad ingenua y benevolente.

Piden estas líneas a sus posibles lectores, que se desplacen hasta este lugar tan encantador de la Serranía del Ducado, sumido entre breves bosquecillos de rebollar, y acunado por campos de cereal ahora espléndidamente verde. A media legua andando desde Sauca, se llega por una carretera asfaltada que parte de la que desde Sigüenza por Barbatona pasa por Estriégana. Perteneció  este mínimo caserío al Común de Villa y Tierra de Medinaceli, y en su repoblación, allá por la segunda mitad del siglo XII, se llenó de gentes norteñas que pusieron, con la ayuda del cercano obispo seguntino, esta iglesia de traza sencilla pero a la que no falta detalle para considerarla ejemplar en el catálogo de la arquitectura románica de Guadalajara.

De este edificio nadie había tratado hasta 1980, en que lo presenté y publiqué ampliamente, con múltiples fotografías, en el número 7 de la Revista «Wad‑al‑Hayara». Poco nuevo puede decirse en su torno, si no es que sigue mimado, limpio, y bien cuidado, y que sus vecinos y oriundos, agrupados en una activa y entrañable Asociación de «Amigos de Jodra», siguen batallando por mantenerla así y porque se mejore su estado, limpiando los oclusos arcos de su galería y dándole el aire que pide desde su origen centenario.

Haremos aquí, aparte de la propuesta para un viaje distendido, la descripción escueta de este monumento. Al que merece acercarse para alcanzar la intacta rubicundez de este templo. Que fue construido, ateniéndonos a su estilo y detalles ornamentales, en la segunda mitad del siglo XII, o como muy tarde a principios del XIII, comulgando de las características del románico castellano (burgalés, segoviano) más simple y puro. El edificio en cuestión está asentado sobre un mediano recuesto, orientado al sur, con amplias vistas sobre el valle que surge al pie del pueblo. Construido con sillarejo y sillar de tipo arenisco, en tonos pardos o incluso fuertemente rojizos, como es normal en toda la zona. El templo está perfectamente orientado: ábside a levante, espadaña a poniente, y atrio con entrada a mediodía. Su estado de conservación es muy bueno, y sólo ofrece de alteración sobre la estructura original el tabicamiento de la galería porticada y la construcción, en el siglo XVII, de un cuarto para sacristía prolongando por levante dicha galería. El interior, enlucido sucesivamente con yeso tosco, también muestra nítida su estructura primitiva.

La iglesia románica de Jodra del Pinar muestra, en su costado norte, un muro liso, de sillarejo y sillar en las esquinas, con alero sostenido por modillones estriados. En su costado de poniente, sobre el muro de lo mismo, se alza la pesada espadaña, rechoncha, de remate triangular, con muy obtuso ángulo, en cuyo vértice surge sencilla cruz de piedra. Dos altos vanos de remate semicircular contienen las campanas. Esta espadaña se prolonga hacia el templo, creando un cuerpo macizo, usado para palomar. En su costado de levante, el templo se estrecha, mostrando el rectangular presbiterio y el semicircular ábside, construidos en los mismos materiales. En el centro del ábside se abre una muy estrecha y aspillerada ventana de remate semicircular. El alero se sostiene por magníficos modillones bien tallados que alternan el tema estriado con el de bisel.

Sin duda lo más relevante del exterior de esta iglesia parroquial de Jodra sea su costado de mediodía, en el que se abre la puerta de ingreso, y sobre el que apoya la galería porticada. Esta galería muestra su fábrica de sillar arenisco, dividida horizontalmente, y a lo largo de sus tres caras, por una lisa imposta que viene a coincidir con la altura de los cimacios de los capiteles. Se remata el muro de la galería por alero sostenido de bien tallados modillones de tipo biselado. En el frente de esta galería se abren cinco vanos: el central, más ancho y elevado, sirve de ingreso, y a cada lado otros dos, separados entre sí por sencillas columnas cilíndricas rematadas en capiteles con decoración vegetal de superficial talla. El remate de estos vanos es de arco perfectamente semicircular, adovelado, de arista viva. Para acceder al vano central de acceso, hay una escalinata de cuatro tramos, en piedra; los vanos laterales apoyan sobre una basamenta de sillar. En el costado occidental de esta galería, existe otro arco de similares características al central, sin capiteles. En el costado oriental (hoy tapado por la añadida sacristía de posterior construcción) hay otro arco similar.

Dentro del atrio, y sobre el muro sur del templo, aparece el portón de ingreso, sencilla pero elegante obra del estilo. Junto a estas líneas vemos su imagen, y vemos pues que se trata de un vano de arco semicircular, formado por diversas arquivoltas lisas. El vano se limita por sendas pilastras que rematan en saliente cornisa, y de ellas surge el arco semicircular, adovelado, de arista viva. En torno a él, tres arquivoltas: la más interna, de baquetón simple; las otras dos, de múltiple y finamente estriado baquetón. Las tres descansan, a través de saliente imposta lisa, en sendos capiteles de sencilla y superficial decoración de hojas. Estos apoyan en sus correspondientes columnas adosadas, y ellas, a su vez, lo hacen en basas y en una basamenta corrida. Aun por fuera de estas estructuras muestra el portón otro moldurado arco que sirve de cenefa exterior.

El interior del templo, con reformas y enlucidos sucesivos, es muy simple. Coro alto a los pies, cuatro tramos separados por arcos formeros, que dan acceso, a través de alto y apuntado arco triunfal, al presbiterio cuadrado y semicircular ábside. El silencio y la pulcritud rural del conjunto, confieren y levantan de ese impracticado lugar del alma el respeto por los tiempos idos, el amor a los que, siglos hace, nos precedieron.

Pieza fundamental en el recuento del románico de Guadalajara, el intacto templo de Jodra no puede faltar en ningún catálogo del estilo que se proponga, por muy antológico que se quiera. Es un espécimen a visitar, a ser estudiado con detalle, a contemplarlo gozosos. Y a ser finalmente sometido a la actuación rehabilitadora que precisa y a voces pide: aunque tenga de hábito muy pocos vecinos durante el año, el próximo tiempo veraniego será momento en el que los edificios de Jordá se llenarán de voces y vida. Será el momento de volver a plantearse la total restauración, la apertura de los vanos de su galería porticada, que le dará (no hay más que imaginárselo viendo la fotografía adjunta), un aire mucho más solemne y completo: el de un templo románico que puede servir de portada a cualquier libro. De tan alto y sincero que se mantiene.

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