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El Henares en la Literatura

El río Henares por Fontanar

 

  Apuntes de las palabras pronunciadas por el Autor enn la Inauguración del V Encuentro de Historiadores del Valle del Henares en Guadalajara, en Noviembre de 1994   

 Muchos textos existen que hablan del Henares en la Literatura:   

 José Carlos CANALDA escribió en las Actas del Primer Encuentro de Historiadores del Valle del Henares, un texto magnífico sobre EL HENARES EN LOS TEXTOS DE LA EDAD MEDIA.   

 El primer escritor musulmán que cita al río es Al Razi, quien dice:   

 En los términos de Alfajar, que ahora llaman de Guadalajara, ciudad muy bue­na y muy provechosa…   

 Otro de ellos es El Edrisi, autor hispano árabe del siglo XII, que habla de la ciudad de Medinat al Faray (Guadalajara):   

 Al occidente de la villa corre un pequeño río que riega los jardines, los huer­tos, los viñedos y los campos, donde se cultiva mucho azafrán que se destina a la exportación.   

 Yehudah ha Leví, un judío español contemporáneo del rey de Castilla Alfonso VI, nos habla así en el año 1091 de Wad al Hiya­ra en un castellano primitivo:   

 Des cuand mieu Cidyelo viénid, ¡tan buona albixara!, com rayo de sol éxid en Wad Al Hayara.   

 Del mismo autor y año es esta endecha, leída en romance actual:   

 ¡Desbordáos en ríos de aceite oh, río de las piedras, en albricias del mecenas que cuida del pueblo de Dios con delicias! ¡Viva el Príncipe! Decid: ¡Amén!   

Y de Alfonso X el Sabio con estos fragmentos de Cantigas, en las que se alude a la riqueza de las riberas del Henares, en caza, en fauna, en flora y en riqueza:   

 Esto foi en o rio    

que chamar soen Fenares,
í el Rey caçar fora,
et un seu falcon foi matar en él
huna garça muit’en desden.   

Y dice el escritor que el río iba fuerte, crecido, violento, y temieron perder a la garza que cayó en él:   

 Os caes non podian acorrer, ca o río corría de poder, por que ouveran a garç’a perder.   

 En el RENACIMIENTO   

  José Carlos CANALDA analiza en su trabajo «EL HENARES EN LA LITERATURA DEL RENACIMIENTO» publicado en ANNALES COMPLUTENSES de 1992   

El portugués GASPAR BARREIROS en su «Corografía de algunos lugares» dice del Henares y Alcalá:   

 Alcalá es una villa de buena comarca de pan, vino y ganado en mucho abastecimiento, cercada de muros, por junto de los cuales pasa el río Henares, de donde ella tiene el nombre. Fue llamada antiguamente Complutum, de cuyo nombre hacen mención Plinio Y Tolomeo. Mas el sitio que ahora tiene Alcalá tenía Compluto en aquel tiempo más allá del río, donde ahora se hallan vestigios anti­guos…   

 Nace este río a veinte leguas de esta villa poco más o menos, junto a las tierras de Atienza, y se mete en otro que tiene por nombre Jarama, a una legua de la venta de Viveros, que está tres leguas atrás de Alcalá, por cuya venta pasa este de Jarama y se mete en el Tajo.   

 Y este Gaspar Barreiros dice de Guadalajara:   

 Guadalajara es ciudad de la diócesis de Toledo, porque no es episcopal. Está asentada en un otero no muy alto, sobre el rfo Hena­res. Quisieron algunos derivar este nombre de la lengua árabe, inter­pretando Guadalajara, rfo de piedras.   

 *****   

 Pedro de Medina, publicó en Sevilla, en 1548, su «Libro de Grandezas y cosas memorables de España», obra en la que el autor describe a su manera las distintas regiones españolas. En el folio 89 habla Pedro de Medina De la villa de Alcalá de Henares, de su nombre y de la notable Universídad que en ella es, donde se describe al Henares de esta manera:   

 …El río Henares pasa muy cerca de esta villa, en distancia tan conveniente que ni sus avenidas o crecientes pueden infestar sus muros, ni su lejura cansa a los que a él van. Es río muy apacible y deleitoso de ver. Lleva agua todo el año en buena cantidad; sus riberas son adornadas de árboles, especialmente sauces muy altos y muy puestos en orden, que ponen a los estudiantes mucho contento y recreación.   

 ********   

 También describe el Henares Alvar Gómez de Castro, en un opúsculo que se editó en Alcalá, por Brocar, en 1560. Lo titula «El recebimiento, que la Universidad de Alcalá de Henares hizo a los Reyes nuestros señores, quando vinieron de Guadalajara tres días después de su feliclssimo casamiento», donde describe los arcos, la cartelas y motes que la ciudad puso por las calles para recibir a Felipe II e Isabel de Valois, tras casarse en Guadalajara:   

  … Por este orden se puso toda la Uniuersidad en el parque con mucho concierto y muy hermosa vista, y agradable a todos los que la mirauan. Mas antes que sus Magestades llegassen al parque, un tiro de vallesta apartado dél, estaua en medio el camino un stylobato, o pedestal muy grande, de diez y seys pies en largo, y diez en alto, sobre el qual estaua tendida una fgura de un viejo de extremada grandeza, que era el rio Henares, de donde el lugar toma el sobre­nombre. Estaua recostado con el codo yzquierdo sobre una grande urna, de do se derramauan sus aguas, y la mano derecha tenla leuantada, dando con ella a los Reyes una corona de flores…   

 También de Alvar Gómez de Castro, y precisamente la más conoeida de sus obras, es la titulada De las hazañas de Francisco Jiménez de Cisneros, cuya primera edición en latín vio la luz en Alcalá en el año 1569. En esta obra, Gómez de Castro hace alusión a Guadalajara, lo cual no es de extrañar, sabiendo que largas temporadas vivió en ella, en el palacio del Infantado, protegido del cuarto duque en su Corte literaria, en su «Atenas Alcarreña»:    

 Y si alguno desea contemplar la serenidad de aquellas colinas, la saludable influencia de los astros, el riego del rfo Henares que hace aquel suelo más limpio y más ameno que la comarca de Alcalá se verá de inmediato obligado a exclamar, como AIfonso Fonseca, arzo­bispo de Toledo que admirado solía repetir con frecuencia que era tal el misterio de la naturaleza, que en tan corto espacio de lugar, existiera tan gran diferencia de tierras, que le parecía que había la distancia no de cuatro leguas, como se dice, sino de cuatrocientas. Tan diferentes son en uno y otro lugar las disposiciones del cielo y del suelo.   

 *******   

 El poeta murciano Diego Ramírez Pagán dedica un verso a Francisco de Figueroa, y en su primer cuarteto dice del Henares:    

Tyrsi gloria y honor desta ribera
sol que en otro emispherio resplandeces
si desde ay a la cumbre que mereces
como de ingenio el ala más ligera.   

* * * *   

 En 1587 publica Bernardo González de Bobadilla su novela «Primera parte de las ninphas y pastores del Henares», que ambienta en las orillas del río.   

 Recibe con aplauso Henares sancto
el verso mas illustre que ha salido
de vn alto ingenio, do el saber se esmalta.   

Y en su prólogo González de Bobadilla explica por qué escoge este paisaje:   

… Al qve me preguntare la causa que me mouio a querer en este mi pobre librillo tomar por blanco y principal intento, el procurar dezir algo de lo mucho que ay en la discreta gente que tiene su morada en las partes que riega Henares, rio apazible y poco en escripturas celebrado, por la falta de conoscimiento de escriptores.   

Y en los inicios de la novela aparecen estas frases propias, características, de la novela pastoril:   

… En las vmbrosas riberas que el apazible Henares con mansas y claras olas fertiliza, andaua el pastor Florino mas cuydadoso de alimentar el fuego que en su coraçón se criaua, que de apacentar su ganado por las viciosas y regaladas yeruas de los floridos prados.   

 Y aún hay más. Un largo escrito de fray Gabriel de la Mata en que refiere la «Vida y muerte y milagros de San Diego de Alcalá en octava rima…», y donde entre otros muchos versos dedicados a nuestro río, se estrena con esa advocación de   

 Quando con claros matices
la sacra y rosada aurora
a las riberas de Henares
pule, exmalta, pinta y dora.   

Para acabar con este verso de evidente exageración:   

Entre los cisnes del famoso Henares
es mucho si de humilde te preciares.   

En la LITERATURA de TODOS los TIEMPOS   

 José SERRANO BELINCHON   

acaba de ver publicado un magnífico libro   

Guadalajara en la literatura   

 Allí nos dice los más famosos textos en los que Guadalajara surge del vocerío de la literatura mundial.   

También el Henares surge de ese vocerío, de mil formas:   

Del «Cantar de Mío Cid»   

…Allá vaya Alvar Albárez e Alvar Salvadorez sin falla,  
e Galín Garciaz, una fardida lança,  
cavalleros buenos que acompañen a Minaya.  
Aosadas corred, que por miedo non dexedes nanda.  
Fita ayuso e por Guadalfajara,  
fasta Alcalá lleguen las algaras,  
e bien acojan todas las ganançias,  
que por miedo de los moros non dexen nada.  
E yo con los çiento aquí fincaré en la çaga,  
terné yo Castejón donde abremos grand enpara.  
Si cuenta vos fore alguna algara,  
fazedme mandado muy privado a la çaga;  
D’aqueste acorro fablará toda España…   

 * * *     

Se trasnscribe luego un manojo de versos sacados de la Vida de Santo Domingo de Silos, escrita por GONZALO de BERCEO en donde se recoge uno de los milagros atribuídos al santo taumaturgo y que tuvo lugar en esta tierra nuestra, por las vegas del Henares, donde son protagonistas los caballeros de Hita frente a los de Guadalajara: Guerras del Medievo, donde todos son enemigos de todos:   

Fita es un castiello fuert e apoderado,  
infito e agudo, en fondón bien poblado,  
el buen rey don Alfonso la tenié a mandado,  
el que fue de Toledo, si non so trascortado.   

Ribera de Henar dend a poca jornada,  
yaze Guadalfajara, villa muy destemprada
estonz de moros era, mas bien assegurada  
ca del rey don alfonso era enseñorada.   

  

A él servié la Villa e todas sus aldeas,   

la su mano besavan, dél prendien halareas,   

alli los menazava meter en ferropeas,   

si revolver quisiessen con cristianos peleas.   

    

Cavalleros de Fita de mala conoscencia,   

nin temieron al Rey, nin dieron reverencia,   

Sobre Guadalfajara fizieron atenencia;   

ovieron end algunos en cabo repintencia.   

    

Sobre Guadalfajara ficieron trasnochada,   

ante que amanesciesse echáronles celada.   

Ellos eran seguros, non se temien de nada:   

fizieronles grand daño en essa cavalgada.   

    

* * * *   

    

El VIAJE DE ESPAÑA que hace el valenciano Antonio Ponz, nos dice cómo ve a Guadalajara y su valle del Henares, en 1769:   

    

Sin meterme ahora en si Guadalajara se llamó Carraca o Arrica, como dice Morales, o de otro modo; ni en quién fué su fundador, sobre cuyo punto me parece que es más de reír que de creer lo que refiere Méndez Silva en su Población de Espa­ña, me acomodo, mientras que algún inteligente del árabe no me desenga­ñe, a que Guadalajara quiere decir «río pedregoso», aunque yo no vi en él muchas piedras cuando le pasé antes de entrar en la ciudad; pero en otros parajes del mismo río no distantes dicen que las hay. Lo que vi fué un gran puente roto por el medio; y preguntan­do cuándo había sucedido la ruina, y en qué consistía el no reedificarse, me respondieron que desde el año 1757 estaba así; que desde entonces se trataba de la restauración, para la cual habían contribuido los pueblos hasta de treinta leguas en contorno; añadiendo que con aque­llos caudales y con los que hasta ahora habían pagado los pasajeros para pasar por el puente de barcas, se podría haber hecho uno nuevo, aunque hubiera sido de mármol.   

    

* * * * *    

    

Amado Nervo, poeta mejicano, estrella del Modernismo de finales del siglo XIX en el país azteca, dedicó a Guadalajara unas horas en la primavera del año 1913. Tal vez quiso conocer sobre el propio terreno la cuna de tantos hombres influyentes, na­cidos aquí, y que serían después personajes clave en la formación del nuevo Méjico posterior al Descubrimiento.   

Dice así Amado Nervo:   

    

De la estación, la carretera bordeada de olmos, nos conduce, ondulante y en suave ascenso a la ciudad, que está allá arriba, en eminente sitio, como casi todos estos viejos burgos castella­nos.   

¡Qué sereno! ¡Qué majestuoso! ¡Qué hospitalario es este olvido secular enverdecido por las primeras savias primavera­les! Se dijera que en su quietud acogedora impera algo así como un santo designio armonioso…   

Hay troncos que deben medir dos metros de circunfe­rencia. Yérguense derechos, poderosos, con no sé qué de monacal en el aspecto, y a breve distancia de la base, brotan ya ternuras de retoños, de una deliciosa lozanía, que las cabras que pasan cascabeleando hacen inútiles esfuerzos por pillar.   

Este olmedo nos vuelve simpático desde luego el sitio. Para que el encanto sea mayor, el Henares, que lamió ya el caserío de la antigua Compluto, patria de Cervantes, aquí corre límpido, luciendo sus cristales de un verde profundo, en el fondo da un cauce que recuerda el del Tajo, aunque en éste no hay bravas rocas, sino taludes de la tierra roja, que con facilidad se desmoronan. De ahí tal vez el nombre de la ciu­dad, nombre árabe de una bella eufonía: Guad-al-Hijara (valle de tierra caliente, de tierra que se desmorona, si esta tra­ducción no disgusta a mis señores los etimologizantes).   

Después de precipitarse rápido y rizado bajo los amplios ojos de un puente que creíamos hecho de maciza y compacta piedra de Ontoria, el Henares mueve, merced a un caz, un molino, y va a fertilizar un valle riente y amable que no tiene ninguna esquivez castellana.   

    

* * * * *   

    

Don José Ortega y Gasset, en El Espectador, nos refiere sus impresiones de las frías y yermas tierras donde nace el Henares:   

    

…Es una alborada limpia sobre los tonos rosa y cárdeno del poblado de Sigüenza. Quedan en el cielo unos restos de luna que pronto el sol reabsorberá. Es este morir de la luna en pleno día una escena de superior romanticismo. Nunca más tierna la apariencia del dulce astro meditabundo. Es una manchita de leche sobre el haz terso del cielo, una de esas fresas blancas que traen de nacimiento algunas muchachas en su pecho.   

La mula torda sobre que hago camino alarga sus brazos sobre el polvo calcáreo de la carretera. Delante va cargada de vianda otra mula castaña, de orejas lacias y el andar mohino, una pobre mula maltraída, más vieja que un Padre de la Igle­sia. Sobre ella, vestido de pardo y tocado con la gorra de piel de conejo, acomodado en las enormes aguaderas, entre sombrillas y bastones y tres pies fotográficos que dan a la bestia el aspecto de roto bergantín, navega Rodrigálvarez. Rodrigálvarez es un hombre que parece arrancado del poema de quien voy siguiendo las trazas.    

Minaya Albar Fáñez, que Çorita mandó, 
Martín Antolínez, el burgalés de pro, 
Nuño Gustioz, que so criado fo, 
Martín Muñoz, el que mandó a Mont Mayor, 
Albar Albarez e Albar Salvadórez…     

Sin embargo, Rodrigálvarez es un vaquero de Sigüenza que se ha prestado a conducirme por los senderos de esta tierra. Dicen que nadie como él conoce los caminos. Ya veremos.   

Entre chopos y olmos sigue la carretera el curso del Henares -un hilo imperceptible de agua que corre por un caz. A ambos lados unas pobres huertas lo ocultan con sus mimbreras.   

Estas salidas, muy de mañana, por los campos fuertes tienen un dejo de voluptuosidad erótica. Nos parece que somos los primeros en hendir a nuestro paso el aire puesto sobre el paisaje, y este mismo parece que se abre a nosotros con el poco de resistencia necesario para que nos percatemos de que somos los que rompemos esta vía hacia su corazón.   

Al volver atrás la mirada por ver el trecho que llevamos andando, Sigüenza, la viejísima ciudad episcopal, aparece rampando por una ancha ladera, a poca distancia del talud que cierra por el lado frontero el valle. En lo más alto el casti­llo lleno de heridas, con sus paredones blancos y unas torre­cillas cuadradas, cubiertas con un airoso casquete. En el centro del caserío se incorpora la catedral, del siglo XII.   

* * * *    

Finalmente, Pío Baroja, en un artículo que publicó en el periódico «El Imparcial» de Madrid, a principios de siglo, nos describe una de las ciudades más emblemáticas del Valle del Henares, Sigüenza. Así nos lo cuenta:   

… El pueblo apareció a lo lejos con su caserío agrupado en la falda de una colina, con las cuadradas y negruzcas torres de su rectoral y sus tejados roñosos, del color de la sangre coagulada.   

Subimos de la estación hacia el pueblo. Era día de mercado. En una calle en cuesta y en otra que desembocaba en la plaza se amontonaba la gente: tipos de castellanos de capa parda, sombrero ancho, medias de lana o abarcas, otros con el traje clásico de los aragoneses: el calzón abierto en los extremos, la faja y el pañuelo de color en la cabeza. Allí se vendían objetos de hierro, allí pucheros en fila interminable; en un lado, pintadas mantas y alforjas de abigarrados colores; en otro pañuelos y telas.   

Salimos de casa a callejear por el pueblo silencioso.   

En las aceras de las calles toman el sol viejas y niños. Las casas son graves, unas con escudo de piedra sobre el portal, otras más nuevas tienen casi todas las ventanas cerradas, algunas flores en los alféizares; los portales son mudos y sombríos. En varios sitios se ven casas desplomadas, hundidas, que se han abandonado sin pensar, indudablemente, en edificarlas de nuevo.   

… Cansados de recorrer el pueblo, nos sentamos en un paseo con árboles, triste, desierto, con el suelo alfombrado por hojas amarillentas y plateadas. Un arroyo con color de limo que corre cerca murmura en la soledad. El cielo está puro, limpio, transparente, con algunas estrías blancas y purpúreas. A lo lejos, por entre las ramas desnudas de los árboles, se oculta el sol. Va echando sus últimos resplandores anaranjados sobre los cerros próximos, desnudos y rojizos.    

* * * *     

Finalmente, de la obra de José Antonio OCHAITA   

«VALLE del HENARES: conjunción de huertos y castillos» son estas frases     

El Valle del Henares    

Pero la gollería estaba en el valle, al borde del río o del riacho que brindaba blanduras de yerba reciente para reposo de la nuca, y en la otoñada, hojas de álamo blanco o de chopo verde   vueltas oro unas y otras  , para mullidura del cuerpo que llega a lo absorto por el conforto.   

  … Nos decidimos por el Henares, en honor de su longura, que anda setenta y cinco kilómetros por nuestra tierra, y que es como el calabrote de oro que enlazara las cruces epís­copas de Sigüenza y Alcalá…; como la borlonadura de un «capelo» que se hace nudos en las fisuras de Cutamilla y se desfleca, luego, a sus an­chas, por las anchas vegadas de Yunquera al igual que sobre nivelada cre­dencia donde cada junco podría ser hendidura de gubia hecha por Martín de Vandoma, el que tanto primor dio al medio punto de puente tendido en Sigüenza sobre su Sacristía grande, primor renaciente donde bogan cabe­zas de Profetas, que podrían ser Neptunos por lo fluvial de su barba, y mancebos delfines por su ágil escorzo que, de fino, se escapa a la codicia del ojo como pudiera hacerlo un fuliginoso y adiestrado pez…   

 …iDe dónde hasta dónde alonga su figura? iQué riscos le enjutan como cuello de hidalgo, y qué llanadas lo anchean como riñonada de Arcipreste? iQué riachuelos afluyen a su cíngulo prieto de unidad? iQué villas bajan a mojar sus calcaños en el agua henariega que lleva en su arrastre todo el polvo de nuestro esqueleto? iQué torreones vigías lo asustan y le ponen la linfa sombría con un verde oscuro de leyenda? iQué murallones lo ovillan a su piel y lo hacen foso insalvable, que sólo vadean las fechas, niñas traviesas de la Historia, que hacen trampolín de todo el aire? iQué huertos lo enraman? iQué cementerios lo emudecen? iQué claustros mo­nacales le convierten en capa pluvial de sus horas canónicas? iQué hu­manidad lo vive y qué humanidad lo muere?   

Por qué el río, y con el río el valle, capta todo eso… Para ambos baila el álamo en el soto…; hace la luna carantoñas sobre la veleta y la estrella rafaguea por sentirse chispa en el agua y agnus en la yerba…; para ellos se afila la reja del arado y el garfio del anzuelo…; para ellos el castillo y el claustro…; la dama que baja a coger margaritas y el clerigón que se allega a hechir el acetre…; para ellos la ciudad que tiene puente con joroba romana y, al otro sesgo, costanillas que bajan a lo mullido del hortal…; para ellos todo, porque río y valle sintetizan la vida de la vida y la muerte de la muerte en ese agua que afluye y ese poso soleado que queda, y que no son otra cosa más que el devenir de lo eterno sobre la fugacidad de los hombres que anhelan eternizarse.   

El río Henares cubre, en Guadalajara, todos los expedientes. No es el más ancho; no es el más hondo; no es el más limpio; no es el de más rumor ni el de mayor silencio, pero tiene la primacía que enorgullece a la yugular sobre el cuello de una estatua. Más frio, el Jarama; más vege­tal, el Tajuña; más hondo, el Tajo; más límpido, el Guadiela; ¡pero el Hena­res, más Henares, que es lo que importa a nuestro sentir. Y en cuanto al valle, verdad igual pudiera decirse: ni el más hondo; ni el más ancho; ni el de más abundancia; ni el de más sosiego; ni el de más nemorosa belleza! Pero es el Valle del Henares y con ello es bastante para subir a una categoría más metafísica que física; más emblemática que sustan­cial; más psiquisomática que geopolítica, porque es un valle con alma y cuerpo; con eso que hace a los lugares y a las cosas mucho más codicia­deros que lo que son, por lo que significan; porque en la pura ecuación ontológica nacieron y se resolvieron para ser exponentes de Dios allí donde necesitaba Dios la exponencia, que se vuelve preferencia, en torno a la pluralidad de una tierra que viene a singularizarse por aquello que podría parecernos menos singular.   

Y nada como el Valle del Henares para singularizar, ontológicamente, la tierra romano amudejarada que suena mejor cuando la llamamos con su son de voz antigua: ¡Guadalfajara!   

 También habla José Antonio OCHAITA del Arcipreste en su libro   

VALLE del HENARES…   

El arcipreste universal   

 Nuestro artista supremo, Juan Ruiz, que naciese o no en estos predios, arciprestase o no en Hita, de estos lugares y nuestro es por la razón uni­versal del «Libro del Buen Amor». Toledo dará, luego, otro gran genio artístico literario, Rojas, el de ..La Celestina… y vendrá más tarde a com­pletar el trébol un manco alcalaíno, por nombre Don Miguel, que batirá al aire de la Mancha el yelmo de Mambrino con que se toca su Don Quijote. ¡Los tres genes engendradores de la insuperable «picaresca» hispana, que nace cronológicamente en el valle del Henares, al voleo de sayas doñegui­les de Trotaconventos, madre y maestra de todas las sabidurías arcanas que ccnducen al amor y a su despeñadero, que a otras sendas no lleva la «picaresca» sino a las del disimulo del gran fracaso del alma individual y colectiva, que encuentra, en el envés de cada deleite, lo acídulo del agui­jón desengañado.   

—¡Ay, si las aves pudiesen bien saber y comprender  
que se les preparan lazos, non las podrían coger;  
cuando perciben el lazo, ya las llevan a vender,  
mueren por escaso cebo, sin poderse defender…»   

  Juan Ruiz brilla en nuestro cielo como un astro poliédrico que en cada cara tuviese el destello de uno de los grupos que integran la geo-política henariega.   

 Y matiza OCHAITA qué sea esto de la Geo-política henariega.   

La Aristocracia, en su aristocracia;
la Hidalguía, en su hidalguía;
la Gleba, en su deleitable aspereza;
la Iglesia, en sus loores;
la Picardía, en sus coplas;
la «Yoglaría», en sus decires;
la Pasión, en sus desasosiegos;
la Alegría, en sus botargas…;    

todo, en fin, lo que suponen río y valle, en la foscura y en la frescura de sus estrofas, que son río y valle abiertos hacia los hortales romano moriscos de la salacidad y la melancolía, con­junción de esta Castilla la Nueva, donde cada fortaleza vigila un espejo de agua y una alcatifa de huerto, propicios al «buen amor» que esconde su dentellada entre la yerba de su risa…   

 Es interesante poder añadir que José Cornide hizo un Viaje al Henares muy poco conocido hoy en día:   

 José Cornide es un intelectual gallego e ilustrado de la segunda mitad del siglo XVIII, que realiza en 1795 un viaje que él titula: Viaje executado en el mes de Septiembre de 95 desde Madrid a Sigüenza por la Alcarria para determinar la posición Geográfica de la Celtiberia. Se trata de un bloque de noticias de carácter artístico, urbanístico, etnográfico, geográfico, antropológico, económico etc…, siendo varios de los comentarios muy curiosos y significativos habida cuenta de que se trata de referencias de la vida de la zona del Henares/Alcarria a finales del siglo XVIII.   

Se encuentra este texto en manuscrito en la Real Academia de la Historia, y a este Encuentro hace aportación y análisis del mismo la investigadora Margarita Vallejo.   

El viaje de José de Cornide tiene una semana de duración, entre el 23 y el 29 de Septiembre de 1795, iniciándose las anotaciones en Alcalá y concluyendo en Santorcaz.   

Me parece especialmente interesante destacar el texto que escribe en su manuscrito, referente al día 27 de Septiembre. Sale de Sigüenza y realiza el siguiente itinerario: Baides, Mandayona, Bujalaro, Jadraque, Miralrío, Casas de San Galindo, Padilla. Y dice de él: «… Como mi objeto era ver si en Hita que está una legua más adelante de Padilla hallaba vestigios de la antigua Caesada, de que habla Antonino en su Itinerario, colocándola a 16 millas de Arriaca (Guadalajara) fuy observando el terreno pero ni el menor vestigio he descubierto en Hita. Pueblo situado a la falda de un empinado cerro en que estubo un castillo, de que sólo existen los cimientos assi como tal qual trozo de la muralla de la villa que también fue fortificada… No obstante como a una legua al N.O. de Hita, vi un cerro llamado la Muela de Alarilla por un lugar de este nombre muy parecido al de San Juan del Viso en Alcalá (adonde estubo Complutum) hasta en caer sobre el Henares. Como este cerro sólo dista quatro leguas de Guadalajara puede ser muy bien ál adonde estubo Caesata, y assi se compondría el que este pueblo hubiese estado cerca de Espinosa de Henares pues cae un poco más adelante. En este caso el camino podría muy bien venir por Hita, y haberse este lugar llamado assi por alguna Petra fixa o columna miliaria puesta allí. De Ita subiría el camino a la mesa o llano por junto a Padilla, y creo seguiría por Gajanejos a Algora o cerca y desde allí por la Pelegrina e Hijosa a la antigua Segoncia situada en el cerro inmediato. Es preciso encargar al Dr. Morales que está en Jadraque que pase a reconocer este cerro, pues si en el se descubren murallas y otros vestigios no quedará duda en que será Caesata».   

 Finalmente, reproduzco el “GLOSARIO” que yo escribí en NUEVA ALCARRIA unos días antes del inicio del Quinto Encuentro…   

 El Henares, un río de agua e historia   

 Otra vez, la quinta ya, que se encuentran los historiadores de las orillas del Henares y hablan de lo que este río dió, rió y fraguó en cientos de años de correr el mismo lecho. Los próximos días que van del 21 al 24 de Noviembre se celebrará en Guadalajara el quinto Encuentro de Historiadores del Valle del Henares. Y puedo decir, con íntima satisfacción, que fue este un invento surgido de un grupo de amigos, entre los que por fortuna pude contarme y aún hoy sigue adelante. Como una cita bianual entre quienes estudian los pretéritos siglos de la comarca, pero también como un bocinazo de atención a cuantos creen en la unidad de las tierras que baña este río.   

No es este el momento de volver a recordar cómo el Henares fue la ruta inicial de Castilla, uno de los caminos que se abrieron generosos al pasar de los hombres y mujeres de remotísimas generaciones. Los iberos, los celtíberos, los lusones y los vacceos, tantas y tantas tribus a las que podemos llamar bisabueletes, seguidas de romanos, de visigodos, de árabes y teutones, de francos y africanos… mil razas se dieron la mano aquí, en las orillas ahora doradas y gloriosas del Henares. Lope de Vega le vió y escribió rimados versos para su presencia huidiza. Cervantes también lo conoció y por los caminos que le circundan viajaron, en mulas y carrozas, los reyes más sabios y los más pánfilos, los pintores portentosos y los santos más nuestros. No es este, insisto, el lugar para cantarle. Ya lo hicieron muchos, lo harán muchos más, y todos, mientras el hálito nos quede en el pecho para poder gozar del dolorido sentir que nadie puede arrebatarnos, diremos que es este un lugar ideal para nacer, para vivir, para morir incluso, junto a su orilla.   

 Un programa denso y atractivo   

 El jueves 21 de Noviembre comenzará el Encuentro, que esta vez se celebra en Guadalajara, en la entrañable Sala de Lecturas del Centro Educacional «Príncipe Felipe» del paseo de las Cruces. Allí, a las ocho, reunidos a buen seguro cientos y cientos de amigos del Henares, dará una primera conferencia, magistral como todas las suyas, el profesor doctor Guillermo de Gortázar, con un título que, más o menos, viene a ser así: iqué han hecho, qué han significado los Figueroa, en el Valle del Henares durante los últimos doscientos años? Un tema para el asombro, para la polémica incluso: una ocasión irrepetible para saber de cómo el Conde de Romanones, y luego sus descendientes, se hicieron con la posesión de grandes superficies y de las mejores tierras del Henares, usando con ello de su poder tácito durante décadas. Un vino español, y algunas sorpresas que determinada Editorial alcarreñista va a proporcionar a los asistentes, completarán esta sesión inaugural a la que se espera asistan no solamente las autoridades locales de Guadalajara, Alcalá y Sigüenza, sino de otros muchos pueblos del Henares que en estos Encuentros tendrán ocasión de plantearse, entre amigos, perspectivas y rumbos para una tierra que los tiene en potencia más que ninguna otra.   

 Muchos escritores, muchas noticias nuevas   

 Los días 22 y 23, viernes y sábado respectivamente, van a dedicarse a la presentación, por sus respectivos autores, de numerosas comunicaciones, muchas de ellas inéditas investigaciones, descubrimientos arqueológicos, hallazgos de documentos, nuevos artistas, fiestas curiosas recuperadas… todo ello dentro de un orden que el programa elaborado ofrece, y que viene a ser, en esencia, el siguiente: el viernes por la mañana se ofrecerán 7 comunicaciones de arqueología, entre las que destacan una revisión del campamento romano de Anguita, la presentación de la Casa de Hippolytus en Alcalá (un Colegio juvenil en época romana) y los hallazgos en torno al arco de la Puerta de Bejanque.   

El viernes por la tarde serán comunicaciones de Historia, con referencias a temas tan curiosos como la fundación de la Orden de Caballería de la Banda en Guadalajara, el recuerdo biográfico de doña Mencía de Mendoza, una entusiasta erasmista, y de Juan Páez de Castro, el sabio historiador de Quer que preparó la gran Crónica de España para Felipe II. Sin olvidar, por ejemplo, referencias a la Casa Ducal del Infantado como patrona de la naciente Universidad de Alcalá (un trabajo del infatigable investigador González Navarro, al que siempre es un placer oir y aprender de él). O con temas relativos a la contemporánea historia de Guadalajara, como el desarrollo de la Asociación Internacional de Trabajadores (la Primera Internacional) en nuestro provincia, y los sucesos de julio de 1936 considerados como «una sublevación abortada».    

El sábado por la mañana será protagonista el arte. Un total de 16 conferencias están programadas en ese espacio: se hablarán de las iglesias de la cabecera del Henares, de plateros madrileños en torno a Jadraque, de lápidas y escudos, de la biografía de Rubiales, un gran escultor barroco nacido en Palazuelos, de la evolución urbana de la plaza de San Esteban, del palacio de los Dávalos, de Juan Guas y, como siempre magistral, Muñoz Jiménez ofrecerá sus más recientes investigaciones en torno a los canteros renacentistas y el estudio inédito del Ayuntamiento mendocino de Tamajón.   

Finalmente, la tarde del sábado estará dedicada a once comunicaciones sobre etnografía y folclore, destacando algunos asuntos sobre hagiografía de Santa Librada y de los Santos Niños Justo y Pastor; habrá descripciones inéditas de las fiestas solemnes del barroco en Alcalá: entradas reales, el Corpus, la jornada en honor de Santa María de Jesús. No faltarán las referencias a los relatos de viajeros por el Henares: en esta ocasión se presentan dos nuevos textos, uno de Pedro Muñoz Seca relativo a Guadalajara, y otro de Córnide de Folgueria sobre el Valle todo. En fin, temas de toponimia, como los nombres vascos de la tierra de Guadalajara, servirán de colofón a esta maratoniana reunión en la que están previstas nada menos que ¡54! conferencias sobre temas de lo más variado. Apasionante sin duda.    

 Lectura final   

La lectura final de este acontecimiento está, creo yo, más allá de los datos concretos del programa relatado. Está en lo que pretende, y va logrando, de formar un espíritu de auténtica unidad, de compromiso y unión entre cuantos hacen, con dinamismo, la historia de hoy investigando en la historia del ayer. La conclusión siempre es fácil. La hemos hecho en cada convocatoria, y se vuelve, ella misma, a reflejar en las palabras, en los comentarios, en las crónicas: el Valle del Henares forma una unidad geográfica e histórica a la que, por pura lógica, hay que reivindicar una unidad política. Esa unidad hará al Valle no sólo más hermoso (que ya es difícil) sino más fuerte, más rico, y con mejores perspectivas para todos sus habitantes. ¿Hay alguien que -político con fuerza y con visión de futuro- se lance a ese reto? Un Valle del Henares único, y unido.

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