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Ferias y Mercados en Guadalajara

 

El próximo día 24, jueves, festividad de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, nuestro Semanario «Nueva Alcarria» va a hacer entrega, en el solemne y multitudinario festejo de sus «Populares 90», de diversas menciones de popularidad, todas ellas justificadas y merecidas. Hay en esa serie de «populares» algunos buenos amigos que por su trabajo, por su dedicación continuada a sus quehaceres habituales, en los que son maestros, han conseguido tal galardón. Ahí están Jesús Campoamor, pintor de las Alcarrias, o Fernando Carvallo, médico internista especializado en Sistema digestivo, hombre de ciencia y humanidad honda. Ahí está, también, Pedro Ortego Gil, abogado y profesor, que ha destacado en Historia por sus trabajos continuos y meticulosos y por haber conseguido, en los últimos días del año, el Premio «Layna Serrano» de investigación histórica que concede la Diputación Provincial a la mejor obra escrita sobre temas de historia guadalajareña.

Pedro Ortego Gil tiene diversas parcelas donde ejecuta su pasión investigadora y desarrolla su capacidad desbordante para el trabajo documental e interpretativo. Una de ellas es la que le ha procurado este Premio tan importante, y todas juntas le han asignado como el más popular de los historiadores provinciales en 1990. Mi aplauso fervoroso.

En ese tema que ahora él ha estudiado a fondo me gustaría entretenerme un momento. Como un homenaje a Ortego, no para completarle, pues lo que ha hecho es prácticamente definitivo. Se trata de un estudio sobre las Ferias y los Mercados a lo largo de los siglos en la tierra de Guadalajara. Completo, ameno, riguroso, bien hecho. De un lado, entretenido, pues nos recuerda formas de vida, costumbres antañonas que parecen salidas de una fábula de Tolkien, pero que se desarrollaban en Cifuentes, en Jadraque, en Molina, en Uceda o en la propia Guadalajara. De otra, riguroso, profundo, pues analiza desde diversos puntos de vista, especialmente jurídicos y económicos, el significado de esas antiguas Ferias alcarreñas y serranas. Dentro de un año estará su obra, editada por la Diputación, en la calle, y todos podrán saborear su galante idioma y su hondo saber.

Es este el momento, pues, de recordar aquellas ocasiones en las que gentes de toda una comarca se daban cita en algún pueblo importante de nuestro entorno, y con la excusa de celebrar a un santo, o de cambiar una mula, se pasaban varios días fuera de casa, familias enteras, cambiando de circunstancia y adquiriendo elementos de comida, de vestido y de entretenimiento para todo un año. Una economía de supervivencia, muy autócrata, anticonsumista, marcaba las formas de estos mercados. Sin embargo, algunos de ellos eran especialmente atractivos, sorprendentes, reuniendo cosas en sus puestos que venían de muy lejos, y que le hacían ser una especie de Meca para alcarreños, campiñeros y serranos. Ese era el caso, por ejemplo, de Tendilla, cuya gran feria dedicada a San Matías reunía a miles de personas de los entornos, y aún de toda Castilla, y era tan curiosa como nos lo demuestra la Relación que los de la Villa mandaron a Felipe II en 1580, y que no me resisto a copiar entera porque realmente lo merece y posibilita, con poco esfuerzo, que el lector se traslade «in mente» a esa calle mayor soportalada, hoy cruzada de bólidos, motos y utilitarios domingueros, pero antaño eje mayor de un pueblo digno y de un mercado señero y arraigado.

Decía así la tal relación: Cada un año se hace una feria la mejor que se hace en esta Comarca, de la qual feria resulta mui gran provecho y ganancia a los vezinos, así en las posadas como en otras grangerías que se exercitan los que se quieren aprovechar; tiene treinta días: trataré de las calidades que tubiera noticia: la Mercadería que a esta feria más viene y hace ventaja a las demás del Reyno, es la mucha suma y cantidad de paños de todas suertes, y para ello concurren mui buenas calidades: la primera, ser la feria de coyuntura que todo el imbierno se han labrado los paños, y ser la primera del año; lo otro, estar la villa en parte tan cómoda de donde se hacen y labran, pues está tan cerca de Segovia, de donde traen tan buenos paños velartes, finos, negros, y rajas, y otras suertes de finos paños; de la Ciudad de Cuenca vienen los mejores Mercaderos: traen mui escogidos y finos paños de subidas, y cendradas colores de todas las serranías y comarcas desta Ciudad de Cuenca, y de molina, Medinaceli, Sigüenza, Soria, vienen paños de todos géneros, y cordellates finos, a causa de que en estas partes hay la más fina lana del Reyno; de Aragón vienen Cordellates mui finos; de la Rioja, torrecilla de los Cameros, vienen muchos paños, y así mismo destas comarcas y pueblos de la Alcarria, y Ynfantazgo, de la ciudad de Huete y su tierra, Marquesado de Villena y Mancha vienen muchas suertes de paños: así mismo vienen muchas tiendas de paños subidos, granas, paños estrangeros, sedas terciopelos, rasos y damascos que traen Mercaderes gruesos de Toledo, Madrid, Alcalá, Medina del Campo y otras partes; para todos estos paños vienen infinidad de mercaderes de todo el Reyno y fuera dél, para las quales mercaderías hay asignadas partes donde se pone lo de Cuenca, Toledo, Segovia, con los demás géneros de paños por buena orden: pónense mui principales tiendas de sedas, joyerías mercería, que traen Mercaderes gruesos que venden a otros de menos cantidad; están juntas estas tiendas que parecen una Alcaycería de Granada que parece estar toda la vida de asiento: hay otras tiendas de Mercadería de Flandes, lienzos y otras cosas preciadas: vienen muchos vizcainos con lienzos preciados, y Mercaderias extrangeras: vienen muchos portugueses, traen muchas suertes de lienzos, y hilo de mucho valor; traen mucha especería, añir, brasil y otras muchas cosas curiosas y preciadas, como es drogas y conservas de la Yndia; pónense mui grandes tiendas y aparadores de Plateros: viene mucha cera, pescados de todos géneros, por ser principio de Quaresma: véndense muchas cabalgaduras; tíranse a la Andalucía y a los Reynos de Granada, Murcia y Valencia: vienen otros muchos géneros de Mercaderías, que especificarlas sería nunca acabar.

Me perdonará el lector tan larga cita, pero me he puesto a copiar y no me cansaba: todos los renglones eran interesantes y en cada uno de ellos palpitaba la admiración del cronista, la emoción por ver su pueblo tan lleno de gentes, de cosas, de riquezas nunca vistas. Allí se congregaban, en la calle mayor de Tendilla, con el rumor palpitante de la humanidad que compra y vende, las gentes de Castilla toda, de la Mancha, de los pequeños lugares de la Alcarria. Y así ocurría en Guadalajara, en Sigüenza, en Brihuega, en Jadraque, y en tantos otros sitios. Ortego Gil, en su obra, en ese estudio que aplaudimos y que le ha valido ser popular en Historia el pasado año, lo refiere con detalle y sabiduría. Estamos impacientes por oírle y felicitarle.

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