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Un Centenario que no puede olvidarse: Isidro Almazán, maestro de maestros

 

Dentro de unos pocos días, justamente el 6 de noviembre, se cumplirá el centenario del nacimiento de un ilustre personaje que vio la luz primera en nuestra provincia: se trata del que fue gran maestro y pionero en el reconocimiento de los derechos del colectivo de enseñantes en España, don Isidro Almazán y Francos, natural de Málaga del Fresno, donde nació el 6 de noviembre de 1886.

Su figura ha sido reverentemente recordada en nuestra ciudad, poniendo su nombre a un Grupo escolar de la parte baja de Guadalajara. El Colegio de la Estación, como también se le ha llamado cariñosamente, estuvo mucho tiempo dedicado a este personaje, y hoy, al quedar vacío de niños, siendo sus aulas ocupadas por un centro de E.P.A., y pasar el colegio a la Barriada de los Manantiales, allí continúa vivo el recuerdo de este gran hombre.

Escribió asiduamente, desde su primera juventud, en los periódicos de Guadalajara, en especial los de marcada tendencia católica, bajo el seudónimo de «el maestro Palmeta». Dedicado al noble oficio de maestro, colaboro siempre en periódicos defendiendo los derechos de los profesores de la infancia y reclamando para ellos la dignidad que entonces no se les concedía. El que luego seria Cardenal Herrera Oria, maestro de periodistas, le llamo a colaborar en «el Debate», escribiendo en sus columnas muchos artículos en defensa de su profesión.

Estuvo largos años al frente de la federación Católica de Maestros Españoles. Cuando en 1926, el obispado de Madrid creo la institución «Divino Maestro» con intenciones de llevar netamente por la senda católica a la profesión, fue designado Almazán para dirigirla, haciendo lo mismo en aquellos años con la Revista «Atenas» y con el Grupo Escolar Menéndez y Pelayo.

Los días últimos de Isidro Almazán fueron amargos, pues una vez el Frente Popular hecho con el poder en España, y la Guerra Civil poniendo ribetes de sangre a la nación toda, nuestro personaje fue detenido el 27 de agosto de 1936, en Madrid, por sus manifiestas ideas cristianas, y ejecutado sumariamente al día siguiente en un descampado de los alrededores de Aravaca.

Ahora que estamos en el momento preciso de cumplir su centenario, y con el gozo que esas redondas cifras dan a cualquier hecho o personaje, hemos querido recordar su figura y la importancia que en su día tuvo como uno de los más decididos defensores del Magisterio Español y de su colectivo de profesores. Un recuerdo para el, otro campiñero que ha pasado a la historia.

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