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La calle del Doctor Creus

 

Es ésta una de las calles más tradicionales de Guadalajara, de enrevesado trazado, justificado porque en la antigüedad fueron realmente dos calles y una plaza diferentes. Hasta el año 1928 se denominó calle Budierca a su primer tramo, y plaza de Budierca a su parte principal. Comienza en la plaza de Santa María, alcanza, tras dar una brusca vuelta a su derecha, una plazuela central, y acaba después en la calle de Ramón y Cajal.

Como digo, inicialmente fueron tres entidades urbanas las que constituyeron esta calle. La calle y plaza de Budierca, eran el eje central de un barrio que, con el mismo hombre, remonta sus orígenes a la época de dominación árabe en Wad al Hayara. No &e conoce realmente el significado de este nombre, en todo caso es de origen árabe. El barrio se iniciaba nada más entrado a la ciudad por el puente de Infantas y el torreón del Alamín. Y estaba circuido de la muralla en todo su tramo, como albergado por ella. Al otro lado de la muralla estaba el barranco del Alamín, luego llamado de San Bernardo en esa parte, por haber estado el convento de monjas de San Bernardo allí asentado hasta este mismo siglo.

Fue siempre un barrio con vida propia, una especie de pueblo pequeño incrustado, ‑en la gran, ciudad. Su plaza central, rodeada de casitas bajas y sencillas, casi rurales, se centraba por una ancha fuente rumorosa, y el piso era de cantos rodados de río, lo mismo que las calles. Así lo he llegado a conocer. Hace ya años que todo el barrio se urbanizó, con lo que ganó en habitabilidad, pero perdió en tradición. Aún se ven en algunas partes del mismo, concretamente en la calle de la Ronda, restos de la muralla que circuía al barrio y a la ciudad por esta zona.

En la calle del Dr. Creus, la antigua de Budierca, tuvieron su domicilio, desde la Reconquista, artesanos, militares y algunos hidalgos. La familia de los Guzmán puso desde muy antiguo sus casas mayores al inicio de la calle, reformando finalmente su palacio en el siglo XVII, elevando el edificio que aún, casi por milagro, se ve a la izquierda de la calle, donde estuvo muchos años el. Cuartel de la Guardia Civil, y que no es otra cosa que el Palacio de los Guzmán, con rica portada barroca con escudos, e interiores con salones y pinturas. Todo ello actualmente abandonado y en trance de ruina. Más allá se alzaba una casa, de hidalgos, la casa del ciprés, donde nació don Juan Creus y Manso en 1828, y allí vivió su infancia. Por ello fue que en 1928, al cumplirse el Centenario del nacimiento en nuestra ciudad de este eminente catedrático y cirujano, el Ayuntamiento de Guadalajara puso una lápida recordatoria en la fachada de la casa natal y cambió el nombre de la tradicional calle de Budierca por este del Dr. Creus con que ahora la conocemos.

Para exponer con brevedad la biografía del Dr. Creus, dando noticia de su vida y su obra que a todos ilustres sobre esta figura importantísima de la Medicina y la Cirugía española, diremos que pertenecía a familia de artesanos catalanes que vivieron durante varias generaciones en nuestra ciudad llegados en el siglo XVIII a trabajar en la Real Fábrica de Paños. Don Juan Creus estudió en la Facultad de San Carlos en Madrid, obteniendo en 1852 el grado de doctor, y ganando en 1854, a los 26 años de edad, la Cátedra de Patología Quirúrgica en la Universidad de Granada, siendo nombrado en ese momento Académico de la Real de Medicina. Todo un carrerón.

En Granada se labró Creus su fama de notable profesor y sobre todo de magnífico y sacrificado médico, atendiendo con ejemplaridad la epidemia del cólera que en la ciudad andaluza se declaró en la segunda mitad del siglo XIX. Fue perseguido políticamente en el setenio revolucionario. Allí escribió su Tratado de Anatomía Médico‑quirúrgica, que fue declarado de texto en las Facultades de Medicina de España. En 1877, y por concurso de méritos, accedió a la Cátedra de Patología Quirúrgica en la Universidad madrileña. Jubilado, por motivos de salud, en 1820, se retiró a Granada, donde murió el 1 de junio de 1897.

La figura del Dr. Creus y Manso, es la de un auténtico pionero de la cirugía española. En ese siglo de avances portentosos, de, grandes sacrificios, de audacias sin límites, Creus supo estar en todo momento a la cabeza de cuanto se hacía en la cirugía española. Inició técnicas, abrió nuevas vías, fue rápido y contundente en sus actuaciones, estuvo siempre a la cabecera y en la comprensión del enfermo, que es lo realmente importante.

Se le considera fundamentalmente «turo‑traumatólogo», e iniciador del tratamiento científico de las heridas por asta de toro. Realmente tiene varias publicaciones sobre este tema, pero no es ni con mucho lo más importante de su actividad. Yo destacaría su actuación en la cirugía, otorrinolaringológica, entonces muy incipiente, y de la que él también puede considerarse un precursor, no solo en España, sino en el mundo entero: Realizó complicadas operaciones faciales, de extracción de tumores de lengua, de senos maxilares, de cavum. También se destacó en la cirugía urológica, realizando la talla perineal con más destreza y rapidez que ningún otro.

En definitiva, un hombre bueno y un sabio, cualidades que raramente van separadas. Un hombre que hizo avanzar con pasos de gigantes a la ciencia médica y a la práctica quirúrgica en, España. Un hombre que, nacido en Guadalajara, empujó a la ciencia nacional del siglo XIX como muy pocos otros lo hicieron. Con, su aspecto de bonachón grueso y patilludo, el Dr. Creus ocupará siempre un lugar destacado en la galería de, alcarreños ilustres. Y por ello cuenta, con más merecimientos que nadie, con una calle para él solito. Una calle que, además, y como hemos visto, es de las más antiguas y populares de Guadalajara.

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