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Arte de Renacimiento. La iglesia parroquial de EL Cubillo de Uceda

 

El arte del primer Renacimiento hispano cobra en las tierras alcarre­ñas un rasgo propio, de carácter neto y muy elegante. Diversos pueblos de la Campiña del Henares reciben el influjo de los modos arquitectónicos, estructurales y ornamentales, del renacimiento toledano. Así re­cordamos las iglesias de Azuqueca, Villanueva de la Torre, Galápagos y Usanos. La más sobresaliente obra arquitectónica de esta comarca es la iglesia parroquia de El Cubillo de Uceda, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción. Aparecen en ella una serie de elementos que la sitúan con fiabilidad dentro de la órbita magistral de Alonso de Covarrubias. La distribución de elementos en su portada occidental, los valientes grutescos que la adornan, y sobre todo la decoración de los capiteles del interior, hacen pensar inmedia­tamente en este autor.

La construcción primitiva de este templo se remonta al siglo XII ó XIII, pues de esa época es el primi­tivo ábside semicircular, con fábrica de ladrillo visto, dispuesto en arquerías ciegas en tres cuerpos super­puestos. En el siglo XVI, en su pri­mera mitad, fue construido el resto del edificio, que presenta a medio­día un amplio atrio, sostenido por esbeltas columnas de capitel rena­ciente, sobre pedestales muy altos que le proporcionan un perfil de elegancia y airosidad inigualable. En ese muro se abre una portada de severas líneas clasicistas.

En el hastial de poniente, a los pies del templo, y centrando un muro de aparejo a base de hiladas de sillar y mampuesto de cantos roda­dos, muy bello, destaca la portada principal obra magnífica de la pri­mera mitad del siglo XVI, buen ejemplar del estilo plateresco. El in­greso se escolta de dos jambas molduradas y se adintela por un arquitrabe de rica decoración tallada con medallón central y abundantes grutescos, amparándose en los extremos por semicolumnas adosadas sobre ­pedestales decorados y rematados en capiteles con decoración de grutes­cos. Cubre todo un gran friso que sostienen a los lados sencillos angelillos en oficio de cariátides; dicho friso presenta una decoración a base de movidos y valientes grutescos, rematando en dentellones. En la cumbre de la portada, gran tímpano semicircular cerrado de cenefa con bolas y dentellones, albergando una hornacina avenerada conteniendo talla de San Miguel, y escoltada por sendos flameros. Sobre el todo, ventanal circular de moldurados lími­tes. El interior, obra de la misma época, mitad del siglo XVI, es un equilibrado ámbito de tres naves, más alta la central, separadas por gruesos pilares cilíndricos rematados en capiteles cubiertos de deco­ración de grutescos muy bien talla­da. Sobre el muro norte aparece un gran medallón de talla en que figura la Virgen y el Niño. La capilla mayor se abre a la nave central Y se cubre con bóveda de cuarto de esfera, mientras que el resto del templo tiene por cubierta un magnífico ar­tesonado de madera, de tradición ornamental mudéjar, aunque con detalles platerescos, todo muy bello y bien conservado, obra de la primera mitad del siglo XVI.

En este templo de Cubillo de Uceda deben resaltarse, como ele­mentos de gran valor artístico y personalidad acusada, la estructura de su portada occidental, y los detalles decorativos que la cubren en espe­cial los finos grutescos del friso principal, obra delicada en que con probabilidad puso la mano Alonso de Covarrubias. También es muy interesante su distribución interior, y los capiteles de talla plateresca que rematan los pilares de las naves. Esta iglesia es, sin duda, una de las piezas capitales del arte renacentis­ta en Guadalajara.

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