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El románico de Sierra Pela

 

La gran cantidad de muestras de arte románico en nuestra provincia hace que sea tarea fundamental la de catalogar, y aún tratar de agrupar, en lo posible, por escuelas o subestilos a tan amplio muestrario artístico, para así poder estudiarlo y conocerlo mejor. El Dr. Layna Serrano, infatigable estudioso de nuestra tierra, había hecho ese estudio, ya en 1935, con los edificios más señalados del románico de Guadalajara, clasificando sus ejemplares en un orden geográfico exclusivamente. Pero sería conveniente iniciar la tarea (que ya apunté en una conferencia sobre el románico en Guadalajara dada hace años, y cuyos conceptos aún no han sido publicados) de agrupar estas iglesias, portadas, ábsides y atrios por escuelas o influencias. Así, es bastante claro que casi todo el románico tiene una clara influencia francesa, lanquedociana concretamente; que existe un románico de la Sierra de Pela, cuyos magníficos ejemplos se extienden a una y otra vertiente de dicha cordillera unificando en un mismo estiló las iglesias de tierras sorianas y atencianas, que también se puede hablar de una escuela seguntina, que nutre con su uniforme estructura las sierras centrales de la provincia, sierras del Ducado, altas campiñas de Henares y Tajuña. Y aún quizá un otro aspecto, con clara influencia cisterciense y europeo‑toledana, traída por don Rodrigo Ximénez de Rada a Brihuega y otras partes de la Alcarria. Quede, pues, tan interesante, urgente y complicada tarea para ocasión futura.

Veamos ahora, -y lo puede ver también el viajero que decida, cualquier día de estos, desplazarse hasta Atienza y seguir por rutas serranas rumbo a las inciertas metas que separan, o unen, las provincias de Guadalajara, Soria y Segovia- el románico que denominamos de Sierra Pela, y que posee unas características precisas, aún con ser heredero directo del románico burgalés, que es como decir del arte‑cuna de Castilla.

El lado norte de esa pequeña cordillera (que alcanza alturas de 1600 metros, aún sin relieves notables, excepto el Pico de Grado) tenemos la magnífica iglesia (segoviana) de Grado de Pico, obra exquisita del arte del siglo XII, con una galería porticada en cuyos capiteles se dan cita escenas del Evangelio y animalística fantástica medieval, en esa mezcla tan característica de los siglos medios europeos. También a la parte norte de la serranía ahora en tierras sorianas, nos sorprenden muy especialmente dos ejemplares magníficos: la ermita de Tiermes y la iglesia parroquial de Caracena, que están directísimamente emparentadas (por ser origen de temas iconográficos de distribución de espacio, y muestrario de calidades) con las iglesias de la parte sur de la sierra en terrenos del común de Atienza. Muy especialmente con las iglesias parroquiales de Villacadima, Campisábalos y Albendiego, que se unifican entre sí gracias a otra serie de particularidades que las hacen formar subgrupo independiente. En el románico de Sierra Pela, en la parte de Guadalajara, formaron siglos atrás dos iglesias magníficas, ya desaparecidas: la de Cantalojas, que fue derribada para construir la actual, en el siglo XVII, y de la que aún quedan leves vestigios decorativos, y la de Galve de Sorbe, que fue demolida en el siglo pasado, y de la que aún nos quedan referencias indirectas que nos la muestran como un ejemplar con atrio porticado y un gran portalón abocinado, todo ello cuajado de decoración geométrica y de capiteles con escenas mitológicas y evangélicas, de los que aún quedan algunos ejemplares en casas particulares del pueblo.

Las iglesias supervivientes del románico de Sierra Pela en la provincia de Guadalajara han sorprendido siempre al visitante (escaso y valiente visitante que se atreve a ir hasta tan lejos) y han dejado en él una impronta imborrable, por diversos motivos. Uno de ellos es su situación aislada, en medio de peladas y tristes sierras a las que dan el toque de su gracia artística, como si fueran el resto pétreo de una fiesta en el páramo desolado del olvido. Otro motivo es, sin duda, el decidido carácter orientalizante, mudéjar en una palabra, de sus decoraciones. Si precisamente es eso lo que define al estilo o voluntad mudéjar del arte (estructura occidental con decoración oriental) estas iglesias de Sierra Pela son clasificables dentro de un «románico‑mudéjar» claro.

Recordaremos sus características especiales: la iglesia de Villacadima, hoy en condiciones de semi‑ruina, abandonado el pueblo y su entorno, muestra la portada exquisita con un cuerpo saliente en el que se inscribe profunda bocina de arquivoltas semicirculares, decoradas todas ellas con trazos lineales, en zig-zag, rosetas, etc., de clara filiación mudéjar. La iglesia de Campisábalos tiene, bajo atrio más moderno, y torre añadida con posterioridad una puerta de similares características a la anterior, aunque de mayores proporciones. Y un ábside semicircular con impostas de entrelazos, capiteles de encestado, y canecillos de alegres temas rurales. A esta iglesia se añade, en su costado meridional, la «capilla del caballero San Galindo», a la que se accede desde el exterior por un pórtico también incrito en cuerpo saliente, con abocinado grupo de arquivoltas semicirculares, en las que van incritos jerebeques mudéjares, apoyando en capiteles foliados y en sendas columnas, con alero que apoya sobre canes de cosas. En su muro meridional, esta capilla presenta un interesante «mensario» horizontal, con representaciones de las tareas agrícolas y ganaderas propias de la zona, personificando en ellas los meses del año, así como otras escenas, de caza y guerra. Añade algún ventanillo de calada tracería orientalizante. Y finalmente el grandioso ejemplo de Albendiego, con su ermita de Santa Colomba sin duda el mejor edificio de románico rural de toda la provincia. En su exterior se muestra el ábside de amplia curva con tres ventanales cuajados de rosetones calados en los que la geometría se explaya y goza formando formas nuevas, combinaciones inéditas en el románico castellano. Aún en el exterior del templo, que posee elegantísima espadaña de tres vanos sobre el hastial de poniente, se ven otros ventanales ajimezados, volutas con estrellas de Salomón inscritas y más rosetones. El interior es bellísimo, majestuoso. Una sola nave aboca, a través de gran arco triunfal, en el presbiterio cubierto de bóveda encañonada, surgiendo de él a los lados dos capillas (quizás proyectadas como cabeceras de sendas naves; laterales que no llegaron a construirse, y rematando en el ábside central de esbeltas proporciones, al que dan luz los rosetones arabizantes del exterior. Esta iglesia necesita,-por su importancia capital y por el mal estado de su techumbre y entorno- una restauración inmediata, urgentísima.

De la iglesia de Cantalojas y Galve de Sorbe, sólo nos quedan como ya he dicho, breves referencias de su estructura, estilo, y decoración. Pero podemos asegurar que eran tan importantes y bellas, si no más, que las referidas y hoy existentes. Hacia Atienza y el Sur, el románico sigue abundando, pero goza ya de otras características: algo de Aragón, influjos atencinos, burgaleses, rasgos autóctonos en amalgama que, sin duda, requiere también estudio y sistematización. Hoy hemos repasado un breve espacio de nuestro románico, que viene a mostrar el rasgo unitivo, clarísimo y antiguo de tierras altas castellanas como son estas de Soria, Segovia y Guadalajara a través de Sierra Pela definitivamente unidas.

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